Ortega y Gasset: Razón Vital y Razón Histórica en la Vida Humana

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Razón y Vida: La Razón Vital como Razón Histórica en Ortega

La Razón Vital como Razón Histórica

La vida es actualidad. Por ejemplo, la vida de una persona puede consistir en un instante concreto en leer un papel en el que se habla de "su vida", pero ese instante o actualidad no se da aisladamente. El instante y su quehacer llegó después de otros instantes ya idos, pero que quedan en uno mismo en forma de recuerdo. Son el pasado de la vida de cada uno, la historia.

Todo quehacer lo es desde un suelo (el pasado) y en vista de un proyecto (lo que aún no es la vida de uno mismo, pero se quiere que llegue a ser en un futuro). Esto hace, lógicamente, que la vida humana sea en su raíz misma histórica.

Ortega afirma que el hombre no tiene naturaleza, sino historia; esto significa que todos los contenidos que aparecen en la vida humana son históricos.

Hay que subrayar que para Ortega no hay dos razones, una vital y otra histórica, sino que la razón vital es constitutivamente razón histórica. Y a su vez, la razón histórica es razón narrativa. Si toda la vida humana es una historia, comprender esa vida exige contar una historia, contar su historia. La narración presenta al oyente lo ausente, lo que este no ha presenciado.

La razón narrativa es la función de comprensión de la vida humana, el órgano capaz de captar la verdad de algo (la vida humana) que no consiste en ser, sino en acontecer.

La Razón Vital

Razón es para Ortega lo que nos pone en contacto con la realidad. Pero la razón no está fuera de esa realidad, sino dentro de ella, porque la razón no es una función externa a la vida humana, como el sentir o el amar; por lo tanto, la vida humana es racional en su esencia.

Vivir exige hacer funcionar nuestra capacidad intelectual en un determinado régimen, consistente en buscar la verdad: "Vivir no es tener más remedio que razonar ante la inexorable circunstancia". Una de las cosas que hacemos en la circunstancia es pensar; o, mejor dicho, es una de las cosas que no podemos dejar de hacer.

Pero no se trata de saber cualquier cosa, sino de saber la verdad. Por lo tanto, en la filosofía de Ortega, la noción de saber deja de significar un mero ejercicio mental de reflexión de conceptos y pasa a significar algo mucho más concreto: saber como "saber a qué atenerse en la ejecución de la propia vida".

Ortega establece una distinción rigurosa entre pensamiento y conocimiento. Pensar es cualquier cosa que hacemos en nuestra vida para orientarnos en ella. Ahora bien, cuando lo que el ser humano hace para orientarse es preguntarse por la naturaleza de las cosas, entonces lo que hace es conocimiento. El conocimiento es una de las formas del pensamiento, la forma de dar a las cosas un ser y una estabilidad o consistencia que ellas por sí mismas no tienen.

El ser humano se hace ideas de las cosas: una idea es una construcción mental que el hombre se hace para orientarse.