El idealismo: metáfora del continente y del contenido
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El idealismo defiende todo lo contrario que el realismo: la realidad es una construcción de la subjetividad que la representa. Esta concepción aparece con el descubrimiento de la subjetividad por Descartes. Cuando explica el origen del idealismo, Ortega se remonta al cristianismo; el cristianismo construye una idea de Dios radicalmente distinta a las cosas del mundo, distinta a la Naturaleza. ¿Cómo llegar hasta Él? Pues bien, mirando en nuestro interior, recogiéndonos en la intimidad de nuestro ser. El cristianismo enseñó el valor del ensimismamiento, actitud totalmente necesaria para lo que después será la gran aportación de Descartes, el descubrimiento del cogito.
El descubrimiento de la subjetividad conlleva un grave problema: las dificultades para probar la realidad del mundo externo. De aquí surge una nueva metáfora, la del continente y el contenido. La conciencia o subjetividad es como un receptáculo en el que existen o están presentes las cosas del mundo. El idealismo subraya el papel del sujeto y concibe la realidad como un mero contenido de conciencia. El propio Ortega abandonó el idealismo neokantiano porque le parecía una especie de cárcel de la que el sujeto no puede escapar. Ni el realismo ni el idealismo: Ortega buscará una solución intermedia, una posición de equilibrio entre el sujeto y el objeto, entre la mente y el mundo, entre el yo y las cosas.
Metáfora de los 'dioses conjuntos'
Para expresar la propuesta, Ortega nos presenta la metáfora de los 'dioses conjuntos': en la Antigüedad se rendía culto a dioses que nacían, vivían y morían juntos, que eran inseparables y participaban de un destino común. Pues bien, lo mismo ocurre con la realidad; la realidad tiene dos caras, el mundo y el yo, la subjetividad y las cosas, y ambos extremos se necesitan mutuamente. Ni la realidad es una mera construcción del sujeto (este sería el exceso del idealismo), ni la realidad es algo independiente y anterior al sujeto (el exceso del realismo). La verdad radical es la coexistencia, la interdependencia de mí con el mundo, por lo tanto, la vida. El mundo no existe por sí mismo, con independencia de mi yo, ni mi yo como algo independiente del mundo y vinculado con él solo de forma accidental. El mundo es mundo solo en su esencial relación con mi subjetividad, y mi subjetividad solo es tal en su esencial relación con el mundo. Los términos yo y mundo, sujeto y objeto, pueden expresarse también con otras palabras, yo y circunstancia.
La circunstancia
La tesis orteguiana 'yo soy yo y mi circunstancia' está ya en las Meditaciones del Quijote de 1914, y desde entonces forma parte característica de su filosofía. ¿Cuáles son, según Ortega, los componentes de la circunstancia?
- La circunstancia es el mundo vital en el que se halla el sujeto e incluye el mundo físico y todo el entorno que aparece en la vida (cultura, historia, sociedad, etc.). Este es el aspecto más sencillo de su descripción. Pero en muchos textos también incluye en la circunstancia el cuerpo y la mente o alma del propio sujeto. La razón de esta inclusión es que nosotros nos encontramos con nuestro cuerpo y nuestras habilidades, capacidades psicológicas e incluso con nuestro carácter como algo ya dado, con algo que puede favorecer o ser un obstáculo para nuestros proyectos, del mismo modo que el resto de las cosas del mundo.
- El yo se forma en su encuentro con el mundo. No es cierto que primero nos encontremos a nosotros y después al mundo: Mi yo se va formando en su encuentro con el mundo y a partir de sus reclamaciones. Mundo es lo que hallo frente a mí y en mi derredor, lo que para mí existe y actúa.
- El mundo no es una realidad independiente del yo: El mundo es lo que yo advierto, y tal y como yo lo advierto. El 'ser primario' de las cosas es su ser en relación con la vida, su servicio o posibilidad de manipulación, su ser vivido.
- Desde el punto de vista del yo y de la vida, la categoría fundamental es la del futuro (la vida es futurición), pero desde el punto de vista de la circunstancia es más importante la categoría temporal del pasado y más aún la del presente, la del ahora. En el presente decidimos nuestro futuro, pero para realizarlo tenemos que contar con el pasado.
- La tesis del carácter esencial de la circunstancia lleva también al perspectivismo: no podemos superar nunca nuestra circunstancia, ponernos fuera del punto de vista que corresponde a nuestra época; lo que queremos, lo que pensamos, está determinado por la circunstancia. La coexistencia del mundo y del yo no es, en el fondo, otra cosa que la vida.