Descartes: Razón, Evidencia y la Garantía de la Verdad en el Conocimiento
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Escolástica y el Método Cartesiano: Crítica a la Lógica Tradicional
René Descartes realiza una crítica profunda del razonamiento lógico, y en concreto del silogístico, como medio para avanzar en la obtención de nuevos conocimientos. Un silogismo es un tipo de argumento lógico que permite obtener un enunciado, llamado conclusión, a partir de la combinación de otros dos, denominados premisas. El razonamiento silogístico fue desarrollado por Aristóteles y constituye una parte esencial de su Lógica.
En el siglo XVII, la escolástica abusaba de la lógica silogística, pretendiendo que lo que no era sino un método de razonamiento sirviera como método de ampliación de conocimiento. Dicho de otra manera, un silogismo solo asegura que una conclusión se deriva lógicamente de dos premisas, pero no garantiza en absoluto que la conclusión sea verdadera.
El Criterio de Evidencia en el Pensamiento Cartesiano
La concepción de lógica de Descartes es la de un instrumento que proporciona coherencia. Por tanto, la lógica por sí sola no es suficiente. Descartes propondrá, como modo de garantizar la verdad de las premisas, el criterio de evidencia.
De modo que la idea racionalista de un método de inspiración matemática que pueda extender el conocimiento más allá de los límites actuales no se basta con el criterio de coherencia. Exige también el de evidencia como modo de garantizar la verdad de las premisas de las que se parte. Es en esto en lo que el método cartesiano se pretende superior a la lógica, el álgebra o el análisis matemático.
En efecto, la propuesta de un método sencillo pero riguroso comienza con la regla de la evidencia. Esta regla es la responsable de asegurar la verdad de las ideas de las que se parte en una investigación racional. En el criterio de evidencia cartesiano, la verdad es una propiedad que la intuición detecta en ciertas ideas, y las características de las ideas verdaderas son la claridad y la distinción.
Fundamentos Metafísicos del Conocimiento Cartesiano
El texto aborda diferentes consideraciones sobre las ciencias y su falta de certeza, las reglas del método, y la metafísica, incluyendo las demostraciones de la existencia de Dios y del alma.
La Existencia de Dios como Garantía de la Certeza
Finalmente, si aún hay dudas, si no creemos en la existencia de Dios, no podemos estar seguros de nada. La seguridad que tenemos de la existencia de las cosas (sustancias corpóreas) es mucho menor que la que tenemos de la existencia del alma (sustancia pensante) y de Dios (sustancia infinita). Estamos hablando de una certeza racional, metafísica, no de una «seguridad moral».
Descartes demuestra ser un hombre sensato; cuando pone en duda la existencia de las cosas, no afirma que no existan, sino que busca evitar que admitamos cualquier juicio dudoso, lo que haría tambalearse el edificio del conocimiento.
La certeza racional procede, en último término, de Dios. Por un lado, solo su bondad puede garantizar que lo claro y distinto es verdadero (no solo un sueño), mientras que el error procede de nuestra imperfección. Por otro lado (no mencionado aquí), Dios jamás permitiría que existiera un genio maligno y omnipotente que nos engañara haciéndonos creer en la existencia de un mundo irreal.
Superación de la Duda: El Argumento del Sueño y la Vigilia
La existencia de Dios garantiza que todo lo claro y distinto es verdadero y permite superar el argumento del sueño y la vigilia, empleado en el proceso de la duda. Si soñamos un razonamiento geométrico, aunque sea un sueño, no dejará de ser verdadero. Y si confundimos lo que soñamos con lo que perciben los sentidos, no importa, porque los sentidos a veces nos engañan estando despiertos.
Los sentidos nos muestran el Sol mucho más pequeño de lo que es, y la imaginación crea la quimera. Nuevamente, encontramos una declaración del racionalismo cartesiano y un rechazo de los sentidos: debemos guiarnos por la razón, no por los sentidos, puesto que estos pueden engañarnos.
Dado que nuestros razonamientos son más evidentes y completos cuando estamos despiertos que cuando estamos dormidos, concluye Descartes, la razón nos indica que el mundo real es el que apreciamos en la vigilia.