Fundamentos de la Estética Filosófica: Experiencia, Actitud y el Juicio de Kant
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Filosofía y Estética
La Estética: Objeto de Estudio
La estética tiene por objeto el estudio de la belleza y de las condiciones que hacen bellas las obras de arte.
La Experiencia Estética y la Actitud Desinteresada
La estética estudia un tipo especial de experiencia que ciertos objetos logran suscitar, la cual denominamos experiencia estética. Los objetos que tienen la capacidad de despertarnos esta clase de experiencia los denominamos objetos estéticos, independientemente de que sean creaciones humanas o productos de la naturaleza.
El aspecto distintivo que posee la experiencia estética reside en que en ella hay una dimensión emocional e intelectual que no surge automáticamente. A veces, contemplar una obra de arte o un paisaje produce en nosotros una experiencia especial que resulta difícil comunicar y que supera la satisfacción de los sentidos. Por lo que la experiencia estética contiene cierto grado de goce sensitivo, pero no se puede identificar con él por completo.
El goce o experiencia estética solo es posible cuando contemplamos un cuadro o un paisaje con determinada actitud. Se trata de atender al objeto estético no desde la utilidad o beneficio material, sino manteniendo con él una relación genuinamente desinteresada con la que no tratamos de obtener ningún provecho.
El Juicio Estético: Definición y Alcance
Emitimos juicios sobre lo que nos rodea, por ejemplo: “Ir al cine es mejor que estudiar”. En el juicio estético enunciamos una proposición en la que se relaciona un objeto con una cualidad estética (belleza, fealdad, sublimidad).
Podemos emitir un juicio estético sobre cualquier objeto, aunque cabe considerar que no todo lo que podamos decir sobre una obra de arte es un juicio estético; por ejemplo, hablar sobre el precio que alcanza en el mercado no lo es.
El Juicio Estético según Immanuel Kant
A la hora de hacer un juicio estético, es preciso diferenciar entre nuestra opinión de agrado o desagrado acerca de algo (“Esta pintura no me gusta, la encuentro fea”) y el juicio estético propiamente dicho. Este último, si bien toma como punto de partida la sensación subjetiva de placer o disgusto que nos provoca el objeto, pretende adquirir validez más allá de nuestras preferencias personales.
No solo decimos que “esta obra no me gusta”, sino que afirmamos “esta obra es mala desde un punto de vista artístico”. Así, hacemos un juicio que, aunque tiene una base subjetiva, se hace con pretensión de universalidad: esta obra no es mala porque lo digo yo, sino porque objetivamente lo es.
La Paradoja de la Universalidad Subjetiva
Puede parecer contradictorio reclamar validez universal cuando se reconoce que el punto de partida del juicio es una sensación o experiencia individual, pero para Kant no lo es. Según su teoría, es evidente que existe una exigencia de universalidad de nuestros juicios estéticos.
Para garantizar esto, Kant recurre al sentido del gusto, que sería subjetivo (propio del sujeto) y, al mismo tiempo, intersubjetivo (común a todos los sujetos). Este sentido es común, ya que nos permitiría a todos valorar los objetos de la misma forma y así se aseguraría la universalidad. Además, justificaría nuestra creencia de que dichas valoraciones no son fruto de la opinión arbitraria y particular de un sujeto específico, sino algo común al género humano y en el que es posible el consenso.
Ejemplo de Juicio No Estético
El siguiente ejemplo no es un juicio estético: “Este cuadro me encanta porque salen caballos y a mí me encantan los caballos”. Esto se debe a que la razón que apunta no tiene que ver en absoluto con algo que tenga alcance universal, sino que es una preferencia individual. Solo cuando juzgamos una obra desde una actitud desinteresada y atendemos a sus cualidades estéticas podemos pretender objetividad en nuestros juicios sobre su valor artístico.