Descartes: De la Duda Metódica a la Certeza de la Existencia y Dios
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Cuarta Parte: El Camino Cartesiano hacia la Certeza
René Descartes aplica su método filosófico eliminando todo aquello que genere la más mínima duda. Este proceso, conocido como la duda metódica, se desarrolla en varias etapas:
Duda de los Sentidos
Empieza dudando de los sentidos, ya que a veces nos engañan (como en las ilusiones ópticas o los sueños), lo que los hace dubitables y, por tanto, no fiables como fuente de conocimiento absoluto.
Duda de los Razonamientos
Después, duda de los propios razonamientos, pues al intentar demostrar algo, se pueden cometer errores lógicos, lo que impide fiarse completamente de ellos, incluso en el ámbito de las matemáticas.
Duda de la Existencia de la Realidad
Duda de la existencia de la realidad externa, argumentando que se pueden tener los mismos pensamientos y percepciones estando despierto que dormido, y que lo que se piensa al soñar es falso. Esto lleva a cuestionar si la vida misma no es un sueño.
En general, todo nuestro conocimiento puede ponerse en duda, ya que ni siquiera de la razón podemos fiarnos completamente si existe un "genio maligno" que nos engaña sistemáticamente.
El Cogito: La Primera Verdad Indubitable
Llegados a este punto de escepticismo radical, se puede encontrar una verdad indubitable al eliminar todo lo dubitativo: el cogito, la famosa afirmación «pienso, luego existo» (cogito, ergo sum). Aun sabiendo que todo puede ser falso, hay una cosa que no lo es: el propio yo que duda. Por mucho que se ponga en duda la existencia, más se reafirma la idea de que se existe, precisamente porque se está pensando. La duda metódica conduce así a una primera verdad indubitable: «pienso, existo».
Para Descartes, el pensamiento es la esencia del alma (o res cogitans, sustancia pensante), la cual es distinta del cuerpo (res extensa, sustancia extensa). El cuerpo, a su vez, solo existe si existe el mundo material.
Las Pruebas Cartesianas de la Existencia de Dios
Para que todo lo que la mente razona tenga credibilidad y para garantizar la existencia del mundo externo, Descartes intenta explicar la existencia de Dios (la res infinita, sustancia infinita) a través de tres pruebas principales:
Argumento de la Perfección Innata
El ser humano no es perfecto, pero posee la idea de perfección. Dado que esta idea no puede provenir de una experiencia imperfecta o ser una invención propia (pues lo imperfecto no puede generar lo perfecto), debe haber sido infundida por un ser perfecto, es decir, Dios.
Argumento de la Contingencia del Yo
Si el ser humano fuera la causa de su propia existencia, se habría creado perfecto y con todas las cualidades que desea. Al no serlo y ser un ser contingente (que podría no existir), debe haber sido creado por un ser necesario y perfecto, que es Dios.
Argumento Ontológico (Versión Cartesiana)
Esta prueba está ligada al Argumento Ontológico de San Anselmo. Descartes argumenta que, así como es evidente que un concepto matemático (como el de un triángulo) posee ciertas propiedades esenciales (tres ángulos), la idea de Dios, al ser la de un ser sumamente perfecto, implica necesariamente su existencia. Es más perfecto existir en la realidad que únicamente en la mente; por lo tanto, la existencia es una perfección inherente a la idea de Dios.
La Razón como Fundamento del Conocimiento y la Existencia del Mundo
Dadas estas pruebas, hay quienes niegan la existencia de Dios basándose en que el conocimiento se adquiere a través de los sentidos, y como a través de ellos no se puede conocer a Dios, este no existe. Sin embargo, para Descartes, Dios y el alma sí existen porque están por encima de los sentidos; son realidades superiores que se aprehenden por la razón.
Al afirmar esto, Descartes no hace más que confiar en la razón, ya que para él los sentidos no sirven para alcanzar el conocimiento verdadero, pues a través de ellos se puede dudar y, por tanto, no son fiables. La razón es la única capaz de distinguir las cosas materiales de las inmateriales; es decir, a través de ella no se puede confundir la realidad. Gracias a la razón y a la garantía de un Dios no engañador, podemos afirmar la existencia del mundo externo (la res extensa), que constituye la tercera sustancia.
Conclusión del Método Cartesiano
Así concluye Descartes su método, que comienza con la duda metódica, continúa con la demostración de la existencia de Dios (la sustancia infinita) mediante la razón, y culmina con la afirmación de la existencia del mundo, garantizada por la bondad divina que asegura que no somos engañados y que nuestras ideas claras y distintas sobre la realidad externa son verdaderas.