Descartes: Dios, el Alma y el Cuerpo, Fundamentos de su Filosofía y Ética

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Metafísica y teología: las ideas innatas y la existencia de Dios

Según Descartes, la idea de infinito, que se identifica con la idea de Dios, se encuentra entre las ideas innatas. Según sus propias palabras, la idea de infinito (Dios) que existe en nuestra mente no es adventicia (no puede proceder del exterior), ni facticia (no puede ser producida por la mente), debe ser innata.

Para demostrar la existencia de Dios, Descartes aplica el principio de causalidad. La idea de infinito (Dios) no puede haber tenido como causa a un ser finito, pues debe haber una proporción entre la causa (lo que origina la idea de infinito en el cogito) y el efecto (la misma idea de infinito). Esta idea de infinito debe ser causada por un ser que a su vez sea infinito y, como consecuencia, afirmará que Dios existe.

El Dios afirmado por Descartes es la sustancia infinita: es infinito, omnisciente, perfecto y bueno. Así, Dios existe sin duda alguna y es la garantía de que nuestras ideas sobre el mundo exterior le corresponden a la realidad extramental, pues Dios es bueno y no nos engaña. Ya no podemos dudar de la existencia de la realidad extramental.

Las tres sustancias

Para Descartes existen tres sustancias:

  • El cogito (la sustancia pensante).
  • Dios (la sustancia infinita).
  • La realidad exterior (la sustancia extensa).

Descartes definirá “sustancia” como todo aquello que existe independientemente de cualquier otro ser. Por eso, en sentido estricto, solo Dios sería sustancia, pues es el único que no necesita de ninguna causa ajena a sí mismo para existir. Sin embargo, como la extensa (la realidad exterior) y la pensante (el cogito) son independientes entre sí, también son consideradas sustancias.

Antropología: el dualismo cartesiano

Descartes afirmará un dualismo según el cual alma y cuerpo mantienen una lucha permanente siendo dos sustancias diferentes. La relación entre estas dos sustancias se da a través de la glándula pineal, haciendo posible al alma gobernar el cuerpo.

El ser humano es la sustancia pensante (el cogito), independiente de la sustancia extensa (su cuerpo físico). El cuerpo, como toda la realidad física, actúa como una máquina (tal y como defiende el mecanicismo) y no puede comportarse de forma libre. Sin embargo, el alma (el cogito), que es inmortal, actúa de forma libre y debe gobernar a su propia máquina.

Ética: el perfeccionamiento del alma y la libertad

Con el desarrollo de la perfección del alma se consigue la felicidad. Descartes identifica el desarrollo de la perfección del alma con el desarrollo de la libertad.

La libertad se consigue con el dominio y la guía de los deseos y pasiones que surgen del cuerpo, pues es entonces cuando el sujeto no se encuentra dominado por la sustancia extensa, sino que gobierna en sí su cogito. La libertad es así concebida como la realización, mediante la voluntad, de lo que propone el entendimiento como bueno y verdadero.