La Confrontación Filosófica: Popper vs. Platón y la Vigencia de los Valores Absolutos

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Relación con otras posiciones filosóficas

Karl Popper, en su obra fundamental La sociedad abierta y sus enemigos, acusa a Platón de haber defendido principios políticos que constituyen una amenaza para la "sociedad abierta", en la que impera la libertad y la democracia. A juicio de Popper, este es el único marco constitucional capaz de permitir las reformas sin violencia y el uso de la razón en la vida política.

Popper ve a Platón como un reaccionario que construye sus ideales políticos a contracorriente de intelectuales como Pitágoras o Pericles, quienes creían en la posibilidad de una sociedad democrática y abierta basada en la igualdad y la justicia. La concepción platónica de la política como una técnica propia de expertos significa que el filósofo administraría el poder como un médico que está dispuesto a utilizar la violencia y la mentira como fármacos para restablecer la salud y la unidad del Estado.

Además, Popper cree que Platón sostiene una teoría organicista del Estado, concibiéndolo como una especie de superorganismo cuya unidad debe preservarse por encima de los derechos de los individuos. De ahí el carácter totalitario del programa político platónico, que lo conecta con el totalitarismo moderno (como el nazismo y el estalinismo), en el que la felicidad y los derechos de los individuos deben subordinarse al todo y sacrificarse en razón de Estado.

Popper se tomó en serio las propuestas políticas de Platón y las interpretó como una ingeniería utópica para la reforma total de la sociedad. Sin embargo, intérpretes como Strauss y Sadame han negado que La República contenga un verdadero programa político.

Así, otros autores han interpretado la obra en un sentido exclusivamente moral. En consecuencia, Platón no sería un enemigo del pensamiento liberal, como Popper lo presenta, sino un pensador de naturaleza eminentemente moral que planteó el problema de la justicia en el Estado, pero no para formular un verdadero programa político, sino como una metáfora de la justicia que es necesario trasladar al plano puramente interior de la vida humana.

Valoración razonada de su actualidad

La propuesta platónica de un mundo inteligible de verdades absolutas parece, a primera vista, extraña. Sin embargo, cobra sentido si se analiza desde la perspectiva de su motivación principal: fundamentar los valores éticos.

La diversidad cultural, la creciente multiculturalidad de las sociedades occidentales, el choque de civilizaciones y los procesos de globalización nos devuelven a la pregunta sobre los derechos humanos. Surgen interrogantes fundamentales:

  • ¿Por qué la actual Declaración Universal de Derechos Humanos debe ser una declaración universalmente aceptada?
  • ¿Cuál es su fundamento?
  • ¿Debe surgir del acuerdo entre todas las culturas en pie de igualdad, o existen valores y derechos absolutamente indiscutibles?
  • Y si es así, ¿por qué son indiscutibles? ¿Cuál es su fundamento último?

Estas son las cuestiones que animaron a Platón y que siguen presentes entre los pensadores actuales.