La Teoría del Conocimiento de Platón: Niveles y Vigencia Actual
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La Teoría del Conocimiento de Platón
La parte inferior se subdivide en dos estratos según los grados del conocimiento sensorial. Siempre es escasamente fiable puesto que se presta a engaños y además se ejerce sobre objetos en devenir. En el nivel más bajo encontramos los eikones, es decir, los iconos. Se trata de las imágenes que producen los objetos reales cuando aparecen reflejadas en el agua o en un espejo. Es el grado más bajo y engañoso del conocimiento puesto que ni siquiera conoce objetos expuestos a devenir. Un nivel más arriba dentro del conocimiento sensible nos encontramos la pistis (Fe). Esta ocurre en el sentido en que alguien habla de Dar Fe acerca de algo porque se ha percibido directamente. Consiste en observar el objeto físico correspondiente mediante la experiencia de los sentidos y no de manera indirecta a través de una imagen. El tercer nivel es un estrato intermedio entre el conocimiento sensible y el intelectual, es el nivel de los mathémata. Estos objetos suponen una plataforma impulsora desde el conocimiento de los sentidos hasta el racional puesto que participan en los dos ámbitos. El último nivel está ocupado por el nivel de conocimiento más elevado, es decir, por la episteme. Tiene lugar cuando se conoce por vía intelectual la idea-modelo del objeto sensible. Este es el nivel más elevado y más fiable de conocimiento, es decir, la auténtica episteme, puesto que se trata del conocimiento de "objetos" no sometidos al devenir, eternos, idénticos, e inmutables.
Vigencia Actual del Pensamiento Platónico
Hoy en día pocos admitirían la existencia de ese mundo de esencias perfectas del que nos habla Platón. Tal vez solo los que mantienen alguna creencia religiosa que suponga la existencia de un "más allá" admitirían que el mundo en el que vivimos es pura apariencia y que la realidad es inmaterial y eterna. Tampoco serían muchos los que aceptasen que la cumbre de la ciencia es el conocimiento del bien. La ciencia ha perdido ese carácter puramente teórico que tenía en la Antigüedad. Estamos en la civilización tecnológica, en la que todos los aspectos de la actividad humana exigen el uso de algún producto de la tecnología. Al mismo tiempo, los límites entre la ciencia como conocimiento y la técnica como conjunto de procedimientos útiles se han hecho cada vez más borrosos. La ciencia y la tecnología están íntimamente conectadas, y las fronteras que las dividían han desaparecido. Así, la distinción entre contemplación teórica y actividad práctica -y la superioridad de la primera- ha sido sustituida por una actitud en la que la teoría está al servicio de la técnica. De igual modo, los resultados de la investigación científica son evaluados principalmente por criterios de eficacia, de operatividad, y solo a través de ellos puede juzgarse el valor de verdad de los conocimientos implicados.
El pensamiento de Platón, no obstante, puede considerarse adecuado para solucionar muchos problemas actuales, que en gran medida, son los mismos que Platón se planteaba. Especialmente recuperable sería la conclusión del texto: la necesidad de que la sabiduría y el conocimiento del bien conduzcan nuestras acciones morales y políticas. Tal vez con ello se contribuiría a que nuestra sociedad fuese más justa, menos corrupta, y a que en ella se buscase el bien común y no solo el beneficio privado.