Sociologismo Moral: El Origen Social de la Ética y los Derechos Humanos

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El Sociologismo Moral y la Influencia de la Sociedad en la Ética

El sociologismo moral identifica la conducta moral con el hecho social como presión externa al hombre. Sólo podemos establecer que un acto moral es correcto (¿bueno?) si se ajusta a la regla social establecida y comúnmente aceptada en ese momento y lugar concretos.

La Conciencia Moral como Reflejo Social

Este enfoque reduce la conciencia moral a un mero reflejo de las estructuras sociales. La conciencia moral es esa voz interior que nos indica nuestro deber y que protesta cuando no lo cumplimos. Pero el error surge cuando esa voz interior es atribuida a personalidades trascendentes o cualquier otro principio metafísico, cuando, de hecho, no es otra cosa que la propia formación social recibida.

Nuestra conciencia moral es, pues, obra y expresión interiorizada de la sociedad. Cuando nuestra conciencia habla, es la mismísima sociedad —las costumbres y pautas de conducta en vigor— la que habla en nosotros.

El Relativismo Cultural y sus Implicaciones

De aquí deriva el relativismo cultural y moral, según el cual cualquier acto conforme a la costumbre o lo socialmente establecido sería moralmente correcto (¿bueno?), como por ejemplo la antropofagia o la mutilación del enemigo interior o exterior. No habría principios morales absolutos ni universales, sino tan sólo pautas sociales que se crean y deshacen en el tiempo, válidas en unos espacios y en otros no. Y no cabe establecer, por tanto, una moral como más verdadera y universal que otras. Sólo cabe investigar las costumbres y los sentimientos morales de cualquier grupo social.

Hacia una Ética Universal: Los Derechos Humanos

Frente a esta postura se sitúa la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), suscrita a la fecha actual por más de 130 países. Esta carta magna expresa la conciencia media de una moral media que debe ser respetada por toda sociedad que se precie de hacer pivotar sus valores culturales sobre la dignidad humana.

Se trata de una moral mínima que exige un horizonte ético en todas las legislaciones, que no pueden limitarse a legalizar las conductas y costumbres que se dan de hecho, puesto que hay acciones sociales —y legalizadas— carentes de legitimidad moral. No es la costumbre o la norma establecida lo que fundamenta la moral, sino el derecho absoluto y universal de los pueblos a la libertad, a la dignidad y a la justicia. Esta ética mundial representa el paradigma de lo que debe hacerse frente a lo que se hace.