El Pensamiento de Nietzsche: Crítica a la Metafísica y el Nihilismo
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La Filosofía de Nietzsche: Una Ruptura con la Tradición Occidental
La filosofía de Nietzsche representa un enfrentamiento radical con buena parte de la tradición filosófica occidental, oponiéndose a su dogmatismo, cuya raíz sitúa en Sócrates, Platón y la filosofía cristiana. La distinción y oposición, realizada en sus primeras obras, entre lo apolíneo y lo dionisíaco, le llevará a desarrollar una original interpretación de la historia de la filosofía, según la cual el pensamiento se verá sometido a un alejamiento de la vida a partir de la reflexión socrática, que le llevará a oponerse a ella, negándola mediante la invención de una realidad trascendente dotada de características de estabilidad e inmutabilidad, justo las contrarias de las que posee la única realidad que conocemos, contradictoria y cambiante.
La Crítica de la Metafísica
Nietzsche se opone al dualismo ontológico, fiel reflejo del dualismo platónico: este mundo sensible y no real, y el mundo inteligible, permanente y perfecto, la auténtica realidad. Según tal concepción, la realidad queda escindida en dos ámbitos: una realidad suprasensible, estática e imperecedera, frente a una realidad cambiante, sensible, perecedera, que es el producto residual, "despreciable" de la anterior.
Frente a este esquema ontológico reaccionará Nietzsche esgrimiendo tres objeciones:
- La infravaloración de la realidad sensible se debe a su mutabilidad, mientras que la razón humana opera con categorías inmutables (conceptos); pero el hecho de que la razón funcione con tales categorías no demuestra la "imperfección" ni la "dependencia" del mundo sensible, sino sólo la inadecuación de la razón para conocerlo. ¿Y si la razón no fuera la facultad adecuada para conocer el mundo? ¿Es posible acceder de forma no racional al conocimiento del mundo? ¿Es la razón nuestra única posibilidad cognoscitiva?
- El mundo suprasensible no es más que una ilusión, una ficción, una fantasía construida como negación del mundo sensible, única realidad para nosotros.
- Recurrir a un mundo suprasensible lo interpreta, pues, como una reacción anti-vital, como una negación de la vida, (vida que está marcada por el sufrimiento tanto como por la alegría), como una venganza contra la naturaleza, propia de espíritus ruines que odian la vida, un producto del resentimiento contra la vida. Incapaces de aceptar un destino trágico, los hombres se rebelan contra esa vida que les aboca al sufrimiento y la niegan, convirtiéndola en un mero residuo de otra realidad, perfecta ésta, donde ahogan su resentimiento.
El Superhombre y la Transvaloración de los Valores
Para Nietzsche el hombre es algo que debe ser superado, un ser a medio hacer, es un puente entre la bestia y el superhombre.
El hombre, a diferencia del animal, está vuelto al futuro, concibe ideales, metas, destinos. Tres han sido las versiones del ideal humano:
- El ideal estético: el ideal humano interpretado como tragedia. En la tragedia se armonizan lo dionisíaco (embriaguez desenfrenada de vivir) con lo apolíneo (armonía de formas, resplandor de belleza). Lo esencial de la embriaguez es la sensación de fuerza y plenitud de vida.
- El ideal científico: concibe el ideal humano como sabiduría. El hombre sabio conoce la realidad al desnudo, con todas sus miserias, libre de prejuicios, y por ello afirma enérgicamente la vida.
- El superhombre: personifica el valor supremo de la vida, siendo su más alta manifestación la voluntad de poder y dominio.
La transformación del hombre en superhombre pasa por tres estados espirituales distintos:
- Camello: el espíritu del hombre es en primer lugar un camello, un animal de carga, que obedece a su amo sin quejarse. Éste le manda y él obedece.
- León: El hombre-camello, cansado por el peso de la carga, se rebela contra su amo y lo derriba. Entonces se convierte en el hombre-león, crítico y dueño de sí mismo, que dice “yo quiero” e impone su voluntad.
- Niño: A medida que se va quitando las cargas se va haciendo el creador de sus propios valores; se convierte en el hombre-niño que busca la afirmación de sí mismo.
A partir del último estado espiritual (niño) empieza a aparecer el superhombre que da lugar a una nueva humanidad libre y creadora. El superhombre defiende la desigualdad, la jerarquía, el cambio, el experimento y el riesgo frente a la igualdad, la seguridad, que serían valores propios de la moral del "rebaño", una moral de esclavos, representada fundamentalmente por el cristianismo. No está sometido a ningún precepto moral, porque se sitúa por encima del bien y del mal. Su conciencia es la conciencia de la naturaleza: lo que favorece a la naturaleza es bueno y lo que la perjudica es malo. El superhombre sería así la máxima posibilidad del ser humano. Vive la fidelidad de la tierra, lejos de la trascendencia metafísica de los filósofos, lejos de la idea de Dios.
El Eterno Retorno
Dijo Nietzsche que el eterno retorno era su pensamiento más profundo, pero menos elaborado. Consistiría en decir sí a la vida de forma tan contundente que no solamente afirma los valores de esta tierra, sino su deseo de que se repita eternamente. El superhombre realiza esta afirmación, es el ser que vive el eterno retorno; querer vivir el futuro es querer que vuelva el pasado: todo ha existido ya. El superhombre es como un ser atado a una noria que da vueltas sin cesar en una vida interminable. Vida que hay que vivirla infinitas veces, con cada dolor y con cada alegría. Así resulta que el eterno retorno es la repetición de los mismos acontecimientos en los mismos individuos (pensamiento desesperante para el que no ama realmente la vida).
El Nihilismo y la Muerte de Dios
El nihilismo es el proceso que sigue la conciencia del hombre occidental. Es la consecuencia propia de la ausencia de valores provocada por la muerte de Dios. Con ésta se ha perdido el sentido de la orientación de nuestra existencia, momento que deberá ser superado. Quedaría expresado en estos tres momentos:
- El nihilismo como resultado de la negación de todos los valores vigentes: es el resultado de la duda y la desorientación.
- El nihilismo como autoafirmación de esa negación inicial: es el momento de la reflexión de la razón.
- El nihilismo como punto de partida de una nueva valoración: es el momento de la intuición, que queda expresada en la voluntad de poder, en quien se expresa a su vez el valor de la voluntad.
Esta es la base sobre la que ha de construirse, según Nietzsche, la nueva filosofía. El hombre provoca, en primer lugar, la muerte de Dios, sin apenas darse cuenta de ello. En segundo lugar, el hombre toma conciencia plena de la muerte de Dios y se reafirma en ella. En tercer lugar, y como consecuencia de todo lo anterior, el hombre se descubre a sí mismo como responsable de la muerte de Dios descubriendo, al mismo tiempo, el poder de la voluntad, e intuyendo la voluntad como máximo valor.
Para Nietzsche la voluntad es la verdadera "esencia" de la realidad. La realidad no es más que la expresión de la voluntad: ser es querer. La realidad no es algo estático, permanente, inmutable; ni la consecuencia de algo estático, permanente, inmutable. Siendo el fruto de la voluntad ha de ser multiforme y cambiante, como aquella. La realidad es devenir, cambio, y no está sometida a otra determinación que a la de su propio querer.
Dios había sido la brújula del hombre occidental. Pero el hombre ha ido matando a Dios sin darse cuenta, expulsándolo poco a poco de su pensamiento y de su cultura. Al descubrir la muerte de Dios el hombre queda desorientado, su vida pierde el sentido. La muerte de Dios es, en realidad, la muerte del monoteísmo cristiano y de la metafísica dogmática, para quienes sólo hay un Dios y una verdad. Y el responsable de ello es el hombre.