Filosofía Vitalista vs. Racionalismo: Un Contraste entre Nietzsche, Ortega y Descartes
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Las filosofías vitalistas, representadas por pensadores como Nietzsche y Ortega y Gasset, encuentran en el racionalismo a su principal adversario. Frente al aprecio desmedido de la razón y al consiguiente desprecio de los sentidos, las diversas corrientes vitalistas se definen optando por lo contrario. El mundo de realidades ideales y eternas propuesto por el racionalismo es sustituido por una valoración positiva de este mundo terrenal y de la materia cambiante. De uno u otro modo, frente a las esencias inmutables, las filosofías vitalistas se pronuncian a favor de la historia y de lo concreto.
Los ideales éticos y los conceptos antropológicos también difieren completamente. Mientras el racionalismo ha optado por la madurez y la sabiduría (nada que ver el sabio platónico con el ideal del superhombre de Nietzsche, un caso extremo), las filosofías vitalistas valoran la juventud y la fuerza. La filosofía racionalista ha considerado que la actividad más propia de los seres humanos es la filosofía y la ciencia. Esto se observa de manera inigualable en el caso de Descartes.
El Camino del Conocimiento en Descartes: Razón y Duda
Frente a la consideración de la dimensión vital, el camino que emprende el joven filósofo francés es el del conocimiento, en concreto, el de la reforma del saber. Descartes consideraba que el conocimiento de su tiempo no estaba asentado en principios demasiado firmes, debido a que la filosofía no estaba bien diseñada.
Descartes sostiene que la inteligencia humana no está dividida en facultades diferentes, sino que es una y la misma, con independencia de a dónde se aplique. Se trata de buscar una senda segura para avanzar en el conocimiento, de modo que toda la sociedad se beneficie de las ciencias y las técnicas. Ese método lo halla Descartes en las matemáticas, lo más válido para ser utilizado en otras ciencias. La razón más pura e ideal, la que se emplea en las ciencias exactas, se basa en la intuición y la deducción, concretamente en cuatro reglas:
- La evidencia como criterio de verdad.
- El análisis.
- La síntesis.
- La enumeración o revisión del proceso de conocimiento.
La primera cuestión que se le plantea a Descartes es la duda acerca de las capacidades de los sentidos y de la inteligencia para obtener conocimientos verdaderos. De los sentidos cabe dudar siempre; pero también de la inteligencia, incluso cuando se aplica a operaciones matemáticas.
Del Método Matemático a la Duda Universal: El Cogito y Dios
Descartes extiende el método matemático a la duda como método universal. Lo que inmediatamente queda sin aval es este mundo material, la res extensa. Sin embargo, es aquí donde se observa por qué Descartes es racionalista: porque en las mismas dudas que alberga su razón se contiene una verdad innegable. «Yo dudo». «Si dudo, es que pienso». Y si pienso, intuyo: «Pienso, luego soy o existo» (el famoso cogito ergo sum).
Es decir, Descartes conoce la existencia del alma, de la res cogitans. Su persona consiste en pensamiento, y en este pensamiento se contienen ideas que son actos de la mente. En principio, una de estas ideas es la Idea de algo perfecto, de un Dios que ni Descartes ni nadie puede haber fabricado. Descartes argumenta la existencia de esta idea de diversas formas:
- Somos seres que podríamos no existir y, por lo tanto, dependemos de algo o de alguien.
- Si tengo la Idea de lo perfecto, debe existir algo real que le corresponda (de lo contrario, no sería perfecto; este es el argumento ontológico).
En Dios va a encontrar Descartes la garantía de que nuestros razonamientos pueden servir para alcanzar verdades y progresar en las ciencias. Así, el mundo del filósofo racionalista se cierra sin dejar resquicio alguno.
La Crítica Vitalista al Racionalismo Cartesiano
Para sus oponentes, los filósofos vitalistas como Nietzsche u Ortega, el mundo de Descartes es un mundo ilusorio, inventado. Todos los pasos que da el filósofo racionalista en sus argumentos podrían ser puestos en duda. Por ejemplo, el valor de las matemáticas como modelo de saber parece algo arbitrario, un abuso de símbolos que no tienen que ver con la realidad.
En segundo lugar, la razón pura no puede probar nada, porque es precisamente lo que necesita ser probado. En tercer lugar, hablar de alma o de Dios como si fueran cosas concretas es seguir el mismo error: Dios o el alma, según ellos, condenan moralmente el mundo y el cuerpo humano al considerarlos menos valiosos. Y si para Ortega Dios es un símbolo positivo de la integración de verdades, para Nietzsche es el símbolo de todos los errores, que para él radican en el lenguaje, al olvidarnos de su carácter metafórico.