El Pensamiento de Maquiavelo y Descartes: Poder, Moral y Razón

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Maquiavelo: El Poder y la Moral

La tesis fundamental de Maquiavelo es la independencia de la ética respecto de la política. Es decir, la vida política no debe regirse por normas morales ajenas a ella, sino por los resultados que se obtienen. La meta de un buen político es lograr y conservar el poder, tanto el suyo como el del Estado. En consecuencia, Maquiavelo admitió el uso de medios inmorales para alcanzar y mantener el poder; para él, el fin justifica los medios en política.

Esto no significa que Maquiavelo defienda la inmoralidad, sino que mantuvo la idea de la indiferencia moral en el ámbito político. Según él, la moral y la religión cristianas, al exaltar la mansedumbre y la humildad, ponen a los seres humanos en inferioridad de condiciones para la lucha por el poder. El ideal de político para Maquiavelo es un ser amoral.

Por eso, cree que las personas honradas y buenas nunca progresarán en política. Esta posición filosófica recibe el nombre de realismo político o pragmatismo. La acción política se valora exclusivamente por sus resultados: lo bueno políticamente es lo útil al Estado. El buen político –el príncipe– no se atiene a su conciencia moral, sino a sus objetivos políticos.

Maquiavelo, como después Hobbes, parte de una antropología pesimista: el hombre es egoísta y violento por naturaleza, y hay que limitar sus impulsos mediante la fuerza. Pensó que la monarquía es la mejor forma de gobierno para garantizar la unidad del poder. El monarca debe gobernar con fuerza y energía, pero con habilidad para conservar y aumentar el poder del Estado. De ahí que sus seguidores hicieran de la “razón de Estado” el principio del maquiavelismo.

Descartes: Racionalismo y Método

Descartes reconoce que la razón rara vez alcanza la verdad por culpa de los prejuicios o las pasiones humanas. La filosofía puede garantizar que la razón alcance la verdad y evite el error mediante:

  1. Estableciendo un método riguroso.
  2. Prescindiendo de la religión.
  3. Renunciando a las explicaciones de las filosofías anteriores y al conocimiento sensible.

El método es el procedimiento para que la razón obtenga verdades objetivas e indudables. Posee cuatro reglas:

1. La Regla de la Evidencia

Consiste en no admitir como verdadero nada que no sea conocido de un modo evidente; hay que aceptar las ideas que la mente conozca de modo claro y distinto.

Descartes distingue tres tipos de ideas:

  • Adventicias: Proceden de la percepción sensible.
  • Facticias: Invenciones de la imaginación.
  • Innatas: Se derivan de la razón, no de la experiencia sensible. Son las que interesan a Descartes.

Descartes afirma que las ideas claras y distintas –las innatas– solo se conocen mediante intuición intelectual: el conocimiento inmediato y verdadero de la razón sobre una idea, sin necesidad de demostración.

2. La Regla del Análisis

Hay que dividir los problemas en partes para reducir lo complejo a elementos simples e indivisibles. Así se obtienen intuiciones primeras, resultado de ideas claras y distintas, puntos de partida para el conocimiento.

3. La Regla de la Síntesis

Una vez aplicado el análisis, es necesario reconstruir el conocimiento desde las ideas simples hasta las complejas. Mediante esta regla se aplica la deducción.

4. La Regla de la Enumeración

Se trata de revisar las operaciones anteriores para excluir cualquier error en la aplicación de las tres reglas previas.

Mediante la aplicación de estas cuatro reglas, Descartes cree que la filosofía alcanzará verdades sobre la realidad tan seguras como las matemáticas.

El racionalismo sostiene que el conocimiento se construye deductivamente a partir de ideas innatas al entendimiento.

Kant: Dignidad y el Imperativo Categórico

Este texto de Kant gira en torno a la segunda formulación del imperativo categórico, que permite definir el concepto de persona y su dignidad. Para Kant, el hombre es una persona, un ser con valor absoluto, no condicionado ni relativo a alguna circunstancia. Que el hombre posea un valor absoluto significa que nadie puede tratarlo únicamente como instrumento, sino como un fin en sí mismo, digno de respeto. La dignidad del hombre consiste en este carácter absoluto de su ser personal.

Para Kant, el valor del hombre reside en su racionalidad, en que es legislador universal de sí mismo. Es autónomo. El respeto a la dignidad personal se asegura cuando actuamos conforme al deber.