La Transformación del Mundo según Karl Marx: De la Ideología a la Praxis
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El Conflicto Social y la Superación del Capitalismo
La evolución social y el desarrollo de los conflictos sociales, que al sumar contradicciones hacen estallar las infraestructuras económicas o bases materiales de una sociedad de clases —como el capitalismo, con su separación entre la "burguesía propietaria" y el "proletariado trabajador"—, suponen la superación de la propiedad privada. Este proceso implica la desaparición de un régimen económico y de un estilo de vida que aliena a las personas y su actividad, sustituyendo sus mejores cualidades por ilusiones falsas.
Entre esas ilusiones se encuentra la ideología religiosa, descrita como una droga o un "opio" que adormece a los individuos y los consuela con la promesa de otra vida para reparar las explotaciones del presente. No obstante, para Marx, también la filosofía era una forma de ideología que contribuía a justificar el sistema social y económico vigente. Por supuesto, la economía clásica también funcionaba como un instrumento de justificación, siendo el principal pilar del capitalismo. En relación con esto, Marx sentenció que la filosofía se había limitado a interpretar el mundo, reduciéndose a una simple teoría, y que finalmente había llegado el momento de transformarlo.
Materialismo Histórico y la Recuperación de la Esencia Humana
Era imperativo cambiar la filosofía y asentar las ideas en las bases materiales que las condicionan. Según el pensamiento marxista, no es la conciencia la que determina la realidad social, sino al contrario: es la realidad social la que determina la conciencia y sus ideas. Existe una intención liberadora y utópica en este planteamiento: se trata de acabar con la vida alienada del hombre, una existencia en la que se ha visto despojado de sus mejores cualidades naturales y sociales.
Al alcanzar la libertad en la actividad que más realiza al ser humano, se recupera su naturaleza de ser sensible. Un trabajo no alienante, que sitúe al objeto producido como un espejo de la esencia humana y no como un elemento de esclavitud, se corresponde con una existencia vital concreta. Esta ya no se basa en consuelos religiosos, sino que devuelve sus derechos a los sentidos del hombre. Todo este resultado utópico constituye, simultáneamente, humanismo y naturalismo. No se trata de un socialismo utópico, sino de un materialismo científico fundamentado en el conocimiento de las leyes evolutivas de la ciencia económica en su desarrollo histórico.