Orígenes del pensamiento: arjé, atomismo y el cosmos en la filosofía antigua
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Introducción al periodo cosmológico
En el periodo cosmológico con el que se inicia la historia de la filosofía se intenta hallar el principio que originó el cosmos y lo mantiene como algo vivo, bello, ordenado e inmutable.
Los presocráticos y la búsqueda del arjé
Casi todos los presocráticos se lanzaron a la búsqueda de ese primer elemento o arjé. Tales inicia la historia del pensamiento en Occidente al explicar que ese principio que genera la naturaleza y la mantiene con vida es el agua. Para Anaxímenes, el arjé es el aire. Anaximandro sostiene que es algo indefinido e ilimitado, el ápeiron, pero que hace que todos los seres sean como son. Heráclito dice que se trata del fuego y, después de él, Empédocles añadirá la tierra a su lista para defender que existen cuatro arjés: agua, aire, fuego y tierra.
Principales arjés propuestos
- Agua (Tales)
- Aire (Anaxímenes)
- Ápeiron, lo indefinido (Anaximandro)
- Fuego (Heráclito)
- Cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra (Empédocles)
Atomismo: Leucipo y Demócrito
También Pitágoras, como veremos más adelante, defiende que no hay un solo principio, sino varios, que en su caso son los números. Los últimos representantes presocráticos fueron Leucipo y Demócrito, creadores del concepto de átomo. Este término proviene del griego a-tomo, que significa «lo no divisible», es decir, todo aquello que es indivisible, sin partes.
Según los atomistas, el mundo está lleno de átomos que se mueven en el vacío y son eternos. Entre los átomos había espacio vacío que permitía separar pedazos de materia, pero los átomos que formaban esos pedazos permanecían indivisibles. Aunque dividamos en partes algo, el átomo es la última porción imposible de separar que, en número infinito, compone todo lo que existe.
Además, los átomos que componen los distintos seres se distinguen unos de otros exclusivamente por su forma. La diferente figura de los átomos se explica porque, al estar en movimiento, unos chocan con otros y se enganchan entre sí al azar. Así, las diversas combinaciones de átomos componen las diferentes cosas que existen. Para sus contemporáneos, la idea de que los átomos se movían en el vacío era extraña: creían que la naturaleza siente horror ante el vacío y tiende a llenarlo inmediatamente de materia.
Pitágoras y el arjé numérico
Pitágoras fue una de las excepciones y encontró su arjé en algo que no tiene materia: los números. Para este filósofo, todo proceso natural tiene un ritmo matemático. Ese ritmo es una proporción común a todos los seres; es el principio que unifica el cosmos.
Pitágoras fue, precisamente, el creador del concepto de cosmos para describir el orden y la armonía que había en la naturaleza como resultado de las equilibradas proporciones matemáticas que subyacen a todas las cosas. Colocó al Sol en el centro de este cosmos pues, según él, hay un gran fuego central alrededor del cual la Tierra gira junto a otros planetas. Esta teoría guarda similitud con la concepción heliocéntrica del universo que se desarrolla más tarde.
Platón: esencias, cambio y el Demiurgo
Platón ya no es un presocrático, sino el gran filósofo clásico del siglo V a. C. Pero, aunque vivió un siglo más tarde, compartía con Pitágoras el amor por las matemáticas y la creencia de que el mundo podría explicarse gracias a ellas. Sin embargo, los números son abstractos y, por lo tanto, invariables. Por el contrario, los seres vivientes sí acusan el paso del tiempo, cambian y son variables, es decir, no siguen un modelo exacto ni un patrón fijo.
Además, cada ser es distinto de los otros y tiene características particulares. Platón entendió que el cambio y la variación se debían a que las cosas, al ser materiales, eran imperfectas. Por ello, defendió que lo perfecto era lo inmaterial y abstracto. De esta forma, Platón llegó a la conclusión de que la esencia era el modelo exacto para las cosas. La esencia comprende las propiedades, la composición y la génesis de una cosa. En otras palabras, es algo fijo, invariable y abstracto que hace que una cosa sea como es pero, al mismo tiempo, la diferencie de las demás.
Este modo de entender el mundo se denominó esencialismo. Así, bajo esta perspectiva, la variación de los seres manifiesta la imperfecta interpretación que cada uno de ellos hace de su esencia, que es algo común a todos e invariable. Las esencias o ideas son el modelo que siguen las cosas que conocemos para ser como son. Para comprender cómo se originó el universo, Platón introdujo un nuevo concepto: el Demiurgo.
Este artesano, cuando sólo existía una materia amorfa y caótica en el espacio vacío y estos modelos o ideas eternas, trató de darle forma a la materia. Según Platón, en el cosmos existen dos mundos: el mundo imperfecto, material y finito que