El Eterno Retorno: La Filosofía de la Voluntad de Poder en Nietzsche
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El Eterno Retorno: Justificación y Dimensiones
Dimensión Cosmológica
Para Nietzsche, la vida es devenir. El devenir es voluntad de poder y la voluntad de poder es la afirmación del devenir. Todo el universo es voluntad de poder; el devenir consiste en el eterno retorno de lo mismo, es decir, en la repetición del tiempo.
Para Nietzsche, el tiempo pasado, presente y futuro es infinito. Coexisten y devienen a la vez. El universo es una relación de fuerzas siempre en devenir y cambio; es puro dinamismo. Las formas que es capaz de producir son ilimitadas e imprevisibles.
- La metáfora del juego: Los dioses juegan a los dados con el universo.
- El azar: El universo es una renovada tirada de dados.
- Naturaleza del cosmos: Es eterno e increado, un ticos infinite de vida y muerte que gira eternamente sobre sí mismo.
No tiene principio, ni fin, ni finalidad, ni sentido, ni dirección. Si el mundo tuviese un final, este ya se habría realizado.
Dimensión Ética
Es famoso el primer cuento que Nietzsche escribe para explicar la doctrina del eterno retorno:
"Vamos a suponer que cierto día, cierta noche, un demonio se introdujera en tu soledad y te dijera: 'Esta vida, tal como tú la vives y la has vivido, tendrás que vivirla todavía otra vez y aún innumerables veces; todo se repetirá en el mismo orden y sucesión... ¿Quieres que se repita esto otra vez y aún innumerables veces?'"
Ante esto, hay dos respuestas posibles:
- Decir sí: Afirmar el devenir, incluido el sufrimiento. Es la respuesta del Superhombre.
- Decir no: Negar la repetición. Es la respuesta del hombre débil.
La dimensión ética consiste en la afirmación del devenir. El eterno retorno es la regla de la voluntad de poder. Se trata de querer siempre lo que nos sucede. Y lo que quieras, dice Nietzsche, quiérelo siempre de tal modo que quieras que se repita eternamente.
Esto es justo lo contrario del que se arrepiente. Nietzsche repudia todo querer enano, a medias, y todos los deseos pequeños. Su máxima es clara: "Haced siempre lo que queráis, pero primero sed de los que pueden querer".