El Mito del Carro Alado: La Teoría del Conocimiento de Platón
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El mito del carro alado
El alma humana se compara con un carro alado: el elemento racional del alma está representado por un auriga que conduce dos caballos, que simbolizan las otras dos partes del alma:
- El caballo dócil: Representa el elemento irascible y las pasiones nobles.
- El caballo rebelde: Representa el elemento apetitivo y los deseos más bajos del ser humano, ante el cual el auriga debe utilizar el látigo.
El carro alado —el alma— circula por el mundo de las ideas, que es su lugar natural. Las alas permiten al auriga que sabe controlar a sus caballos ascender y contemplar las ideas. Ahora bien, si el auriga pierde el control, el alma pierde las alas y cae al mundo sensible. Prisionera en un cuerpo, deseará regresar a su lugar natural. Esta condición de intermediaria del alma, a caballo entre los dos mundos, es justamente lo que hace posible, como veremos a continuación, que el hombre pueda llegar a conocer las ideas.
El acceso al conocimiento
El conocimiento científico consiste en la contemplación de las ideas. Estas pertenecen a un mundo distinto —el mundo inteligible— al mundo sensible en el que vive el hombre. Aun así, la meditación del alma hace posibles las dos vías de acceso al conocimiento que señala Platón: la reminiscencia y la dialéctica, además de un elemento emocional que impulsa al alma en su progreso hacia las ideas: el amor.
La reminiscencia
Conocer no es otra cosa que recordar. El alma humana —recordemos que la parte racional es inmortal— ha contemplado con anterioridad las ideas. Aunque las haya olvidado al unirse a un cuerpo, puede recordarlas al contemplar las cosas sensibles. Eso significa que el conocimiento no es sino una reminiscencia, es decir, un recuerdo de lo que ya está en el alma.
Sócrates consigue que un esclavo, al que interroga, descubra por sí mismo un teorema matemático. Nadie ha enseñado geometría al esclavo, de manera que es necesario suponer que ese conocimiento estaba ya en su alma. La idea de este conocimiento también aparece al final del mito del carro alado, cuando se plantea la posibilidad de que el alma caída recupere las alas.
El conocimiento sensible hace posible que el alma inicie el proceso de recuerdo y, aun sin ser auténtico conocimiento, es un primer peldaño en el acceso al conocimiento verdadero.