La Epistemología de San Agustín: Certeza, Conocimiento y la Unión entre Fe y Razón
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La Certeza frente al Escepticismo
En primer lugar, frente al escepticismo academicista, San Agustín defiende que sí se puede tener certeza. Si dudo, sé que dudo; por lo tanto, ya poseo esa primera certeza. Además, si sé que dudo, sé que soy un ser con capacidad para dudar, es decir, soy. De ahí surge la célebre proposición: “Si fallor, sum” (si me equivoco, existo).
Los Grados del Conocimiento
Una vez asegurada la certeza sobre el conocimiento, San Agustín, siguiendo la estela de Platón, distinguirá entre dos tipos de conocimiento:
- Conocimiento sensible: Es aquel que también poseen los animales. Es provocado por la impresión de factores externos en nuestros sentidos. Se trata de un conocimiento de lo singular y concreto, del qué, pero no del porqué. No constituye un conocimiento de lo verdadero o de lo falso en sentido estricto.
- Conocimiento intelectual: Es propio del ser humano. Aunque parte del conocimiento sensible, su objeto es lo permanente. Es el conocimiento de lo verdadero y de lo falso, el porqué de las cosas.
Niveles del Conocimiento Intelectual
Dentro de este conocimiento intelectual, se distinguen dos niveles:
- Ciencia: Es el nivel inferior, referido a lo universal y necesario de la realidad temporal.
- Sabiduría (Sapientia): El conocimiento intelectual se fundamenta en verdades eternas y universales. El estudio de estas verdades corresponde al nivel superior: la filosofía o sabiduría, que son el conocimiento de estas verdades universales y necesarias. En el paralelismo con el pensamiento platónico, este nivel se identifica con el conocimiento de las Ideas.
La Relación entre Fe y Razón
Otro de los aspectos más importantes que aborda la filosofía agustiniana es el contencioso fe-razón. Hasta ahora, se había afirmado que los conocimientos de la fe y la razón eran independientes (islamismo), idénticos (gnosticismo), o estaban enfrentados: o se cree (fideísmo) o se sabe (racionalismo).
San Agustín sostendrá que estos conocimientos se complementan: la razón sin fe es limitada, y la fe sin razón nada vale. La razón, gracias a la fe, puede llegar a conocer mucho más y mejor que por sí sola. De ahí su máxima: “Intellige ut credas; crede ut intelligas” (entiende para creer, cree para entender). Para el santo, la fe no es irracional o antirracional, sino supraracional, pero esencialmente razonable.