La Libertad, Dios y la Inmortalidad: Los Presupuestos de la Ética Kantiana

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Los Postulados de la Razón Práctica de Kant

Sin embargo, toda actuación moral topa con una dificultad filosófica que Kant no elude: ¿Cómo es que somos moralmente responsables de lo que hacemos si nuestra actuación se desenvuelve en un mundo regido por la más absoluta de las necesidades? Como seres naturales, que actuamos en el mundo natural, estamos determinados por las leyes causales que gobiernan la naturaleza. Pero si no somos libres, la moral carece de fundamento.

El Fundamento de la Moral: La Libertad

Para Kant, esta contradicción es irresoluble, pero a efectos prácticos hemos de suponer que somos libres y que nuestra voluntad actúa libremente. Tampoco tenemos una certeza científica en sentido contrario. La libertad, aunque no sepamos cómo, es posible.

Pero, ¿cuándo actuamos libremente? Para Kant, la verdadera actuación libre se logra cuando actuamos según los imperativos de la moralidad, ya que es precisamente cuando hacemos lo que debemos cuando nos elevamos por encima de las leyes de la naturaleza.

«Hago lo que quiero» equivale en muchas ocasiones, según Kant, a «hago lo que el cuerpo me pide». Es decir, soy esclavo del cuerpo y de sus inclinaciones. Solo cuando hago lo que debo hacer, aunque el cuerpo no me lo pida, entonces soy verdaderamente libre. Esta es la auténtica libertad, que hay que distinguir de la mera posibilidad de poder actuar sin vernos obligados contra nuestra voluntad.

Los Tres Postulados de la Razón Práctica

La libertad humana es uno de los presupuestos de la moral, pero no es el único. No tendría sentido que el incumplimiento de las leyes morales no tuviera ninguna consecuencia. Hemos de suponer que el incumplimiento del deber moral ha de tener una sanción y que el cumplimiento del deber moral ha de tener un premio. Es más, hemos de pensar que finalmente se logrará el bien y que el mal no triunfará. Para que tal triunfo sea posible, es necesario que Dios exista y que nosotros seamos inmortales.

La racionalidad de estos tres postulados de la razón práctica la explica Kant del siguiente modo:

  1. Postulado 1: La Libertad

    Aunque no podamos establecer científicamente si somos un yo libre, a efectos prácticos hemos de suponer que somos un yo y que somos libres. Si no fuéramos un yo libre, la exigencia de actuar por deber no tendría ningún sentido. Si debo hacer, pero puedo no hacer, entonces soy libre.

  2. Postulado 2: La Inmortalidad del Alma

    La perfección moral es inalcanzable totalmente en esta vida; necesitamos otra vida para lograr la plena perfección moral. Por otro lado, las actuaciones reprobables moralmente no pueden quedar impunes, y ello requiere que el yo sea inmortal.

  3. Postulado 3: La Existencia de Dios

    Si bien es cierto que no podemos demostrar racionalmente si existe o no existe Dios, tampoco podemos negar su existencia. El argumento de Hume sobre la contradicción que existe entre la existencia de un Dios bueno, todopoderoso y omnisciente, junto con la existencia del mal en el mundo, no demuestra que Dios no exista.

    Según Kant, Dios podría tener prevista una felicidad eterna para todos los que sufren, precisamente por haber padecido injustamente. La cuestión, desde el punto de vista de la ciencia, se encuentra indeterminada y sin solución. Tanto los que afirman como los que niegan a Dios apelando a la ciencia son, para Kant, dogmáticos.

    Lo que sí podemos hacer, dado que disponemos de una conciencia moral, es suponer a efectos prácticos que Dios existe, pues de lo contrario la actuación moral carecería de sentido: no podría asegurarse el triunfo del bien sobre el mal, ni tampoco las sanciones y los premios que cada uno merece por su actuación moral en esta vida. Solo si existe una Razón Suprema, un Sumo Bien, una Entidad en la que ser y deber ser se identifiquen, hay plenas garantías de que el bien moral se logre y tenga sentido actuar conforme a la moral. Dios es la garantía de que la virtud será premiada con la felicidad eterna que lograremos si hemos cumplido con nuestro deber.

Conclusión sobre la Fe Racional

Así pues, no es irracional creer en la existencia de Dios, en la inmortalidad del alma y en otras afirmaciones que hace la religión, como la existencia de un premio o de un castigo en el más allá.