Fundamentos de la Ética y la Política: Agustín de Hipona y Aristóteles sobre Justicia y Sociedad
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Agustín de Hipona: La Religión como Fundamento del Orden Social
Autor: Filósofo medieval que vivió entre los siglos IV y V d.C. Nació en Tagaste (norte de África) y fue uno de los primeros Padres de la Iglesia.
Tema Central
La religión como fundamento indispensable del orden social y político.
Ideas Principales
- La justicia humana se basa intrínsecamente en la ley divina.
- En el ámbito de la ética, el alma debe obedecer los mandamientos divinos.
- Sin justicia (entendida como obediencia a Dios) no existe un interés común, es decir, un pueblo, y sin este interés común no hay una sociedad política legítima.
Relación entre las Ideas
El texto se inicia con una definición de la justicia, entendiendo que esta es aplicable tanto al ámbito de la política como al de la ética. Esta definición se concreta identificando la justicia con los mandamientos divinos. En conclusión, sin esa justicia de origen trascendente, la sociedad no sería posible ni sostenible.
Explicación del Pensamiento de San Agustín
El libro de La Ciudad de Dios se contextualiza en pleno desmoronamiento del Imperio Romano (tras el saqueo de Roma por los godos en 410 d.C.). Acusados los cristianos de ser la causa de la caída, San Agustín contraataca con la teoría de que ha sido la irreligiosidad de la cultura pagana la verdadera causante del colapso imperial.
En este contexto se entiende la definición de justicia divina como el imperio de Dios sobre la sociedad. En este sentido, es interesante la comparación que se establece entre la política, la antropología y la ética:
Analogías de Gobierno
- Dios gobierna el cuerpo social (Política).
- El alma gobierna el cuerpo físico (Antropología).
- La razón gobierna los vicios (Ética).
En estas comparaciones se aprecia el platonismo de San Agustín, en cuanto a que el mundo espiritual y el mundo material están radicalmente separados. Inspirado también en Platón, entiende que la justicia consiste en una sociedad organizada por la Verdad; la cual ya no es la Idea platónica del Bien, sino Dios mismo.
Esta justicia divina permite distinguir entre la Ciudad Terrena y la Ciudad de Dios. La primera está basada en el egoísmo (amor sui usque ad contemptum Dei) y la segunda en el amor a Dios y al prójimo (es decir, en los principios fundamentales de la religión cristiana).
El imperio de la Ciudad Terrenal supone la desintegración de la sociedad. La segunda, por el contrario, fortalece el interés común y, con él, la pervivencia de la sociedad misma o pueblo. En definitiva, San Agustín defiende una teoría política en la que el Estado debe subordinarse a la Iglesia, pues solo la ley divina garantiza la verdadera justicia.
Aristóteles: El Hombre como Animal Cívico y la Necesidad del Logos
Contexto Histórico del Autor
Aristóteles fue un filósofo griego del siglo IV a.C., discípulo de Platón. Es conocido por ser el fundador del Liceo en Atenas.
Tema o Problema Filosófico
La necesidad intrínseca del ser humano de vivir en sociedad para alcanzar su plena racionalidad. El hombre es, por naturaleza, un animal cívico (o político).
Ideas Principales
En cuanto a las ideas principales, podemos destacar las siguientes:
- Definición del hombre como «ser social por naturaleza».
- Referencia al finalismo o teleologismo natural: la sociedad es necesaria para el desarrollo del lenguaje (la palabra).
- La palabra (logos) no debe confundirse con la «voz» animal (phoné), ya que la voz transmite emociones y la palabra comunica conceptos éticos y políticos.
- Estos conceptos (lo justo, lo bueno) fundamentan la vida en sociedad.
Relación entre las Ideas
El texto parte de una tesis inicial en la que se define al hombre como animal cívico, a diferencia de los demás animales. Esta distinción se desarrolla mediante la comparación entre sus respectivas formas de comunicación (la palabra o la voz), para acabar concluyendo que es el logos lo que funda y estructura la vida social humana.
Explicación de las Ideas Clave
La política de Aristóteles parte de la famosa definición del hombre como «ser social por naturaleza» o «animal cívico» (zoon politikon). El hombre necesita de la sociedad porque solo en ella puede adquirir el don de la «palabra» o logos, que los griegos identifican con la razón.
Que el hombre sea un ser social no es algo casual, pues la naturaleza siempre busca un fin, según la concepción teleológica que Aristóteles tiene de ella. El fin, en este caso, sería que el hombre pueda actualizar su alma racional (que está en potencia al nacer).
Por esta razón, los animales no precisan de la sociedad, pues su alma es sensitiva y a esta le basta con comunicar emociones y sentimientos (a través de la voz). Si el hombre posee la razón (el logos) es para llegar a acuerdos sobre los problemas éticos (lo bueno y lo malo) y políticos (lo justo y lo injusto), con los que poder convivir en una sociedad buena y justa. Solo así podrá ser feliz, que es el fin último de todo ser humano, tal como se establece en su ética.