Fundamentos de la Ética Aristotélica: Felicidad, Virtud y el Justo Medio

Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 4,82 KB

Las Obras de Aristóteles sobre Ética

Aristóteles escribió dos obras fundamentales sobre ética: Ética a Nicómaco (dedicada a su hijo), Ética a Eudemo (dedicada a su discípulo) y La Gran Ética, que probablemente no es obra suya, sino que se trata de una recopilación posterior.

Pilares de la Ética Aristotélica

Los puntos centrales en los que se articula la ética aristotélica son: la felicidad, la virtud y la idea del término medio.

La Felicidad (Eudaimonía)

La meta o fin (telos) que el ser humano pretende alcanzar es la felicidad (eudaimonía), y por eso se dice que la ética aristotélica es eudaimonista. Solo ella es perfecta y autárquica (autosuficiente). Aun así, la felicidad es un objetivo complejo al que deben contribuir otros bienes menores sin los que sería imposible alcanzarla. Aristóteles distingue a este último respecto:

  • a) Bienes externos: riqueza, honores, fama, poder...
  • b) Bienes del cuerpo: salud, placer, integridad...
  • c) Bienes del alma: la contemplación, la sabiduría...

Con independencia de las condiciones materiales de vida a las que nos hemos referido, Aristóteles hace consistir la felicidad humana en el pleno desarrollo de aquello que le es más esencial: la inteligencia (nous), que se alcanza mediante la actividad contemplativa, es decir, la dedicada al conocimiento puro, a la filosofía. La virtud de la sabiduría es la que proporciona al ser humano la verdadera felicidad, aunque debe conjugarla con otras virtudes y con los bienes exteriores.

La Virtud

Aristóteles afirma que es imposible que exista la felicidad sin la virtud: la felicidad es "la actividad del hombre conforme a la virtud". La virtud se adquiere por el hábito, y no exclusivamente a través de la educación y el saber, como sostenían Sócrates y Platón. Saber qué es el bien no implica hacer el bien. Por eso, junto a un buen entendimiento que nos ayude a determinar fines y medios, es necesaria la voluntad, que es lo que nos mueve o impulsa a obrar. A este saber obrar conforme a la razón, lo llama Aristóteles prudencia: una de las virtudes éticas básicas.

El Estagirita distingue dos clases de virtudes: éticas y dianoéticas.

Las Virtudes Dianoéticas

Se adquieren a través de la educación y se relacionan con la parte racional del alma. Las principales son el entendimiento, la ciencia, la sabiduría, el arte y la prudencia; esta última es fundamental para la ética porque es la capacidad para discernir y hacer lo bueno o lo malo.

Las Virtudes Éticas

Se adquieren a través de la costumbre o el hábito, cuyo fin es dominar la parte irracional del alma (vegetativa y sensitiva). Sin ellas sería imposible la convivencia. Las más importantes son: fortaleza, templanza y justicia.

La Justicia y sus Clases

La justicia es una virtud ética muy importante. Consiste en dar a cada uno lo que es debido. Hay dos clases de justicia:

  • La justicia distributiva o geométrica: es la que señala cómo deben distribuirse los bienes y honores en una comunidad en función de los méritos de cada uno.
  • La justicia conmutativa o aritmética: se da entre individuos y es correctiva; tiene como fin restituir un daño causado por o a otra persona. Cuando esa reparación se da en los tribunales, se la llama "judicial".

El Término Medio

La virtud se identifica con el término medio entre dos extremos o vicios, uno por exceso y otro por defecto. Así, el valor es un medio entre la cobardía y la temeridad, y la generosidad será el justo medio entre la prodigalidad (exceso) y la avaricia (defecto). La templanza es el término medio entre el libertinaje y la inapetencia. Pero el término medio no es igual para todos; cada uno, haciendo uso de la prudencia, debe determinar cuál es el suyo.

«La virtud es una disposición adquirida de la voluntad, consistente en un justo medio relativo a nosotros, el cual está determinado por la regulación recta tal y como lo determinaría el hombre prudente» [Ética a Nicómaco, Lib. II, cap. 6]

Conclusión: La Vida Contemplativa

La vida más feliz y perfecta es la dedicada al saber, ya que supone desarrollar la parte racional del alma.