Filosofía del movimiento, causalidad y conocimiento: Aristóteles, Hume, Kant y Platón
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Filosofía del movimiento, causalidad y conocimiento
Aristóteles: principios que hacen posible todo movimiento y solución de la aporía parmenídea
Según Aristóteles, algo (por ejemplo, lo blanco) procede de su contrario (lo no blanco) en el sentido de privación de lo primero. Es evidente que solo hay que llegar a ser blanco si antes se era no blanco. Son tres, pues, los principios presentes en todo movimiento o cambio:
- Forma (blanco).
- Privación (no-blanco).
- Sujeto (la sustancia individual en la que surge el cambio).
En todo cambio hay algo que permanece a través del cambio y en el cual se produce el cambio, algo que aparece y algo que desaparece. La noción aristotélica de privación es la clave de su solución al tan debatido problema del movimiento en la filosofía griega.
Aristóteles sostiene que el ser no puede venir del no-ser en el sentido de que del no-ser absoluto no puede hacerse nada. Entre la nada en absoluto y el ser, Aristóteles introduce la privación: un no-ser que no equivale a la pura nada. Se trata de un no-ser que todavía no es. Comparado con el ser en acto, puede llamarse no-ser al ser en potencia o, más exactamente, no-ser en acto.
Como es evidente, se trata de un no-ser relativo, dado que la potencia es real porque es capacidad real y posibilidad efectiva de llegar al acto. Ahora bien, el movimiento o el cambio en general consisten precisamente en pasar del ser en potencia al ser en acto. Así, el movimiento no supone en absoluto el no-ser como una nada, sino el no-ser como potencia, lo cual es una forma de ser, se desarrolla en el cauce del ser y constituye un paso del ser (potencial) al ser (actual).
David Hume: crítica radical de la metafísica racionalista
Para David Hume, cada término se refiere a un individuo concreto y, debido al hábito, evoca una serie de semejantes. Para Hume solo existen individuos concretos. Para él, no hay ningún tipo de impresión que justifique la existencia de un sustrato o sustancia material. Y lo mismo respecto a la existencia de una sustancia espiritual: es la memoria la que nos hace creer en la existencia de un yo.
Hume defiende un atomismo psíquico: lo único que existe es una sucesión de vivencias diversas. Su análisis más famoso es el del principio de causalidad, principio fundamental no solo del pensamiento científico sino de todo pensamiento, porque es el modo habitual de asociar ideas. La idea de una conexión necesaria entre fenómenos, base de la causalidad, no tiene correlato en una impresión empírica. Tal idea es un añadido de nuestra imaginación.
Desde el punto de vista de la experiencia solo observamos que una impresión o fenómeno A viene seguida por una impresión o fenómeno B. Pero el concepto clásico de la causalidad supone una conexión necesaria entre A y B. Según Hume, lo único que la mente conoce son sus propias percepciones, es decir, las impresiones y las ideas que derivan de las impresiones.
Es evidente que la justificación de la existencia de las realidades corpóreas, distintas y exteriores a las percepciones mismas, se vuelve problemática. De la existencia de objetos corpóreos no hay conocimiento. La doctrina de Hume conduce así a un fenomenismo y a un escepticismo. El hecho de no poder justificar racionalmente la existencia del mundo exterior no significa para Hume negar que este exista: de la existencia del mundo no hay conocimiento, pero hay creencia.
Kant: espacio y tiempo como condiciones sensibles del conocimiento y el problema de la certeza de las matemáticas
La estética trascendental explica cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las matemáticas y las condiciones sensibles del conocimiento. Kant muestra que el espacio y el tiempo son formas de la sensibilidad que hacen posible la experiencia y otorgan fundamento a la certeza matemática.
San Agustín y Santo Tomás: el problema entre razón y fe
El problema de la relación entre razón y fe es un tema al que todos los filósofos cristianos han tenido que enfrentarse, puesto que la filosofía es una búsqueda del conocimiento llevada a cabo por el hombre desde sí mismo.
Platón: la posibilidad de la ciencia y los grados fundamentales del conocimiento en la filosofía platónica
Para Platón, la ciencia es un conocimiento fijo, estable, cierto y necesario. El problema está en buscar en la realidad objetos capaces de servir de fundamento para un conocimiento semejante. Tal conocimiento no puede proceder de las cosas sensibles. Esta realidad sensible es experimentada por los sentidos, y los sentidos solo nos pueden proporcionar un conocimiento de lo particular; solo pueden ser fuente de opinión, nunca de conocimiento. El auténtico conocimiento puede proceder de lo que realmente es.