Fundamentos del Epicureísmo: Conocimiento, Física y Ética
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El epicureísmo, una corriente filosófica fundada por Epicuro en la antigua Grecia, se basa en una comprensión particular del conocimiento, la física y la ética. A continuación, se detallan los aspectos fundamentales de cada una de estas áreas:
A) Canónica: La Teoría del Conocimiento Epicúrea
Respecto al conocimiento, Epicuro solo considera reales las cosas que pueden ser captadas por los sentidos, la única forma válida de conocimiento. Sus tres criterios de verdad son:
- La sensación: Es la base de todo el conocimiento y se produce cuando, mediante los sentidos, captamos los átomos que proceden de los objetos exteriores. La sensación siempre es verdadera y posee una evidencia absoluta. El error no procede de la sensación, sino del juicio sobre la sensación, que puede ser corregido por sensaciones posteriores.
- La anticipación (prolepsis): Es una especie de imagen general producida por la acumulación de sensaciones semejantes. Podemos evocarla mediante las palabras, para anticipar así objetos lejanos o futuros. Para ser verdadera, la anticipación debe estar confirmada por la sensación, aunque algunas expresiones sugieren que podía incluir anticipaciones de cosas bastante alejadas de la sensación («proyecciones»). Proyecciones imaginativas por las cuales podemos concebir o inferir la existencia de elementos como los átomos, aunque estos no sean captados por los sentidos.
- La afección: Placer y dolor son las respuestas inmediatas del cuerpo a la sensación, y por eso fiables.
El resultado de las sensaciones, imágenes generales y afecciones nos llevan a concluir la concepción de la naturaleza que se detalla en la física.
B) Física: El Materialismo Epicúreo
La física epicúrea se inspira en Demócrito y es fundamentalmente materialista. Los dos principios básicos en esta física son: «nada nace de la nada» y «el Todo consiste en átomos y vacío». Los átomos tienen forma, extensión y peso, y el vacío es el espacio en el cual se mueven esos átomos. Los cuerpos son «sistemas de átomos». El número de átomos es infinito, como lo es el espacio vacío, por lo que admite la posibilidad de que exista un número también infinito de mundos como el nuestro, que nacen y perecen, aunque el conjunto del universo es eterno e imperecedero.
El ser humano, de la misma forma, no es sino un compuesto de átomos. Incluso el alma está formada por un tipo especial de átomos, más sutiles que los que forman el cuerpo, pero no por ello deja el alma de ser material. Debido a ello, cuando el cuerpo muere, el alma muere con él.
Con respecto a la totalidad de la realidad, Epicuro afirma que esta, como los átomos que la forman, es eterna. No hay un origen a partir del caos o un momento inicial. Tal y como leemos en la Carta a Heródoto: «Desde luego, el todo fue siempre tal como ahora es, y siempre será igual».
Epicuro modifica la filosofía de Demócrito en aspectos importantes, pues no acepta el determinismo que el atomismo conllevaba en su forma original. Por ello, introduce un elemento de azar en el movimiento de los átomos, llamado clinamen, una desviación de los átomos en su caída en el vacío, es decir, una desviación de la cadena de las causas y efectos, con lo que la libertad queda asegurada y se anticipan ideas físicas actuales.
C) Ética: La Búsqueda de la Felicidad
Este interés por parte de Epicuro en salvaguardar la libertad es fruto de la consideración de la ética como la culminación de todo el sistema filosófico al cual se han de subordinar las restantes partes. Estas son importantes tan solo en la medida en que son necesarias para la ética, tercera y última división de la filosofía.
Epicuro admite la existencia de los dioses; los considera seres inmortales y antropomorfos, que viven en los espacios intermundanos, felices y sin intervenir para nada en la marcha del mundo.
Todas las teorías de Epicuro tienen una intención ética. Intentaba eliminar los mitos y las supersticiones para conseguir que los hombres pudieran vivir felices y sin miedo. Por eso polemizó contra la religión popular y el platonismo. Negaba que la Naturaleza tuviese carácter «divino» o que hubiera sido creada por los dioses para provecho del ser humano. No creía que los dioses pudieran intervenir en los acontecimientos naturales.
Consideraba que los fenómenos de la naturaleza podían ser explicados por causas naturales, más verosímiles y aceptables que los mitos. Afirmó que los dioses no tienen por qué inspirar miedo: «es absurdo pensar que seres tan perfectos y felices puedan experimentar sentimientos de ira o venganza. Y nada hay detrás de la muerte: el alma se disipa con el cuerpo y no debe sentirse amenazada por los horrores de ultratumba».