La Ética de Epicuro: Hedonismo, Ataraxia y la Superación de los Cuatro Miedos

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Ética Epicúrea: La Filosofía como Medicina del Alma

La ética epicúrea es una ética hedonista, absolutamente novedosa en el mundo griego. El epicureísmo tenía una finalidad claramente práctica: los epicúreos entendían la filosofía como una medicina del alma. La filosofía no se estudiaba para adquirir cultura, sino para ser feliz.

Los Pilares de la Felicidad Epicúrea

La felicidad, objetivo central de la filosofía epicúrea, surge de dos componentes esenciales:

1. Autonomía o Autarquía

Para las escuelas cínica, estoica, epicúrea y cirenaica, la *autarquía* es la situación propia del sabio, que se basta a sí mismo para ser feliz, pues no necesita para ello otra cosa que el ejercicio de la virtud. En este sentido, es la independencia del sabio, que junto a la autonomía (libertad) y la ataraxia (imperturbabilidad) configuran las características ideales del sabio.

2. Tranquilidad del Ánimo o Ataraxia

La *ataraxia* («ausencia de turbación») es la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos. Gracias a ella, un sujeto, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos, y la fortaleza frente a la adversidad, alcanza el equilibrio y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.

El Objetivo Universal de la Filosofía

Puesto que la felicidad es el objetivo de todo ser humano, la filosofía interesa a cualquier persona, independientemente de sus características (edad, condición social, etc.). La ética de Epicuro se basa en dos polos opuestos: el miedo, que debe ser evitado, y el placer, que se persigue por considerarse bueno y valioso.

El Tetrafármaco: La Superación de los Cuatro Miedos

La lucha contra los miedos que atenazan al ser humano es parte fundamental de la filosofía de Epicuro. Los cuatro miedos más generales y significativos que deben ser superados son: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el miedo al dolor y el miedo al fracaso en la búsqueda del bien.

Miedo a los Dioses

Si bien Epicuro no era ateo, entendía que los dioses eran seres demasiado alejados de nosotros, los humanos, y no se preocupaban por nuestras vicisitudes, por lo que no tenía sentido temerles. Por el contrario, los dioses deberían ser un modelo de virtud y de excelencia a imitar, pues según el filósofo viven en armonía mutua, manteniendo entre ellos relaciones de amistad.

Miedo a la Muerte

En cuanto al temor a la muerte, Epicuro lo consideraba un sinsentido, puesto que: “Todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de sensibilidad”. La muerte en nada nos pertenece, pues mientras nosotros vivimos no ha llegado y cuando llega, ya no vivimos.

Miedo al Dolor y al Futuro Incierto

Por último, carece también de sentido temer al futuro, puesto que: “El futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.