La esencia del arte trágico y la vitalidad dionisíaca en Nietzsche
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El arte trágico y lo dionisíaco
Nietzsche afirma que las razones por las que este mundo, el mundo sensible, la tierra, ha sido calificado de aparente, fundamentan, paradójicamente, su realidad. Los filósofos sostienen que este mundo no es real pues es variable, dinámico, puro devenir; y, según ellos, la verdad es inmutable. Sin embargo, lo real es el devenir; de ahí que las críticas de Platón y toda su progenie fundamenten este mundo.
El nihilismo y la negación de la vida
Si los filósofos niegan este mundo es porque son unos resentidos incapaces de aceptar la vida, unos cobardes que se refugian en los “signos distintivos del no-ser, de la nada”, es decir, son nihilistas. Unos nihilistas que inventan “fábulas acerca de otro mundo distinto de éste”. Son unos “alucinados del trasmundo”. Un trasmundo que carece de sentido porque, sencillamente, no existe; pues existe solo en cuanto negación de la vida, de la verdadera vida, la que se vive en este mundo, no esa “fantasmagoría de otra vida distinta de esta, mejor que ésta” que algunas religiones, como el cristianismo, prometen como consuelo.
El arte como revelación de la realidad
Los filósofos y sus filosofías son incapaces de mostrarnos la realidad, entonces, ¿qué actividad nos proporciona conocimiento? Nietzsche responde: el arte. Pero no un arte decadente, no un arte romántico, nihilista, negador de la vida; no el arte de Schopenhauer.
El arte que nos muestra la realidad, el mundo tal cual es, es el arte trágico, un arte que:
- No niega la vida, sino que la afirma.
- No es escapista, sino que acepta el dolor como parte de la existencia.
- Transforma el dolor en conocimiento.
Frente al filósofo, el artista es quien no se refugia en un trasmundo y acepta el eterno retorno.
Dionisos frente a Apolo
Este arte trágico es el arte de Dionisos, el dios griego que representa la pasión, el instinto, la fuerza, el cambio y la intuición. Es el dios trágico que se opone a Apolo, quien representa la cordura y el equilibrio.
Los griegos anteriores a Platón, aquellos que elaboraron grandes tragedias como Esquilo, tenían en cuenta no solo a Apolo, sino también a Dionisos. Fueron Sócrates y Platón los que desterraron a Dionisos, los que enaltecieron la razón y renegaron de los instintos, es decir, de la vida y de la realidad.