Descartes y Aristóteles: Comparativa de sus Teorías sobre la Realidad
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Relación entre Descartes y Aristóteles en la Teoría de la Realidad
En coherencia con las reglas del método, Descartes posee una visión de la realidad según aquellas certezas que ha logrado alcanzar en el conocimiento. Efectivamente, las tres ideas claras y distintas que ha definido (yo, Dios, mundo) se corresponden con los tres tipos de sustancias que existen en la realidad. Estas sustancias son definidas como “aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir”, aplicándose propiamente a Dios, y añadiendo la necesidad del concurso divino para el yo (res cogitans) y para el mundo (res extensa). De cada sustancia, Descartes distinguió entre atributo (que constituye la esencia de cada cosa) y modos (que son las propiedades no esenciales de la sustancia). La terminología cartesiana recuerda a la aristotélica. Efectivamente, Aristóteles en el siglo IV a.C. eligió el término "sustancia" para definir aquello que subsiste por sí mismo. Ahora bien, es importante diferenciar la visión cartesiana y la aristotélica.
Diferencias en la concepción de sustancia
Mientras que para Aristóteles la subsistencia no supone incomunicabilidad, Descartes afirmará que las tres sustancias resultan incomunicables entre sí, son realidades cerradas y aisladas de las demás. De esta concepción cartesiana de la sustancia nacen las aporías en su visión antropológica: si el hombre es alma (propiamente) y cuerpo, nos hallamos ante una unión accidental de la res cogitans y la res extensa. En cambio, Aristóteles concebirá al hombre como una unión sustancial (es decir, una sola sustancia) de cuerpo (materia prima, potencia) y alma (forma sustancial, acto).
Atributo y modos vs. forma sustancial y accidentes
También el atributo y los modos pueden asemejarse a lo que Aristóteles entendía por forma sustancial y accidentes. Efectivamente, la forma sustancial aristotélica se define por aquello que le hace a una cosa ser lo que es. En este caso también es importante distinguir ambos pensadores: según Descartes, solo estamos ante tres tipos de sustancias, es decir, tres atributos diferentes (pensamiento, perfección y extensión para yo, Dios, mundo respectivamente), mientras que para Aristóteles, hay tantas formas sustanciales como realidades, ya que cada sustancia posee la suya –que le hace ser esa sustancia concreta–. Y, como decíamos antes, los modos pueden asemejarse a los accidentes, en la medida en que ambos son propiedades no esenciales.
Mecanicismo cartesiano vs. teleología aristotélica
Como consecuencia de su visión de las sustancias –principalmente nos referimos ahora a la res extensa–, Descartes posee una visión mecanicista del Universo: según él, estaríamos ante un mundo lleno de cuerpos –concebidos como mera extensión en el espacio– que están en movimiento por el impulso externo de un Dios que, además de modelar las sustancias, les da su movimiento desde fuera, y lo mantiene así. Por este motivo se ha afirmado que Descartes piensa en Dios como en un “Gran relojero” que está constantemente “poniendo en hora” (o en orden) la gran máquina del Universo. Este planteamiento mecanicista está bien lejos de la visión teleológica aristotélica: para Aristóteles no se tiene una acertada visión del mundo si no se tienen en cuenta las cuatro causas de la realidad: causa material, causa formal, eficiente y final. Esta última, de hecho, es la que caracteriza propiamente su visión de la realidad: se trata de un mundo que posee en sí una forma sustancial que es principio de vida (naturaleza) y que lo pone en movimiento “desde dentro” señalándole ya cuál es su fin propio. Se podría afirmar que Descartes se olvidó de las causas eficiente y final, que despojan al mundo de su motor intrínseco y de su sentido final.
Conclusión
De todas formas, aun estableciendo ciertos paralelismos entre la filosofía cartesiana y la aristotélica, es importante comprender que se trata de planteamientos radicalmente distintos, ya que estamos ante filósofos que serán, respectivamente, el padre del racionalismo –que, con los siglos derivará en el idealismo– y el padre del realismo. Mientras que Descartes parte de su pensamiento y queda encerrado en él, Aristóteles está permanentemente abierto a la realidad, para que sea ésta la que dicte el ritmo del pensamiento.