Ejercicios de puntuación y corrección ortográfica para textos en español
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1. Incluye los signos de puntuación adecuados en el siguiente texto:
Todos los consumidores de televisión, por tanto, todos somos testigos de acontecimientos como éstos.
Un ágil detective, pistola en mano, avanza en cuclillas, protegiéndose por la fila de coches estacionados ante una sucursal bancaria.
Dentro del local, dos atracadores se hacen fuertes, merced a varios rehenes; entre ellos figura la novia del detective.
De un salto elástico, éste se acerca a la puerta del banco; se pega felinamente a la pared y mira de reojo por la puerta de vidrio.
Pero los malhechores no son tontos y le disparan.
Una violenta flor roja le brota del pecho.
Sin arredrarse, da un patadón a la puerta; los vidrios se astillan y él entra vomitando balas por la mano.
Dos de éstas atizan certeramente a los bandidos.
A los rehenes ni un pelo les ha rozado (bueno, de refilón a un calvo: el cuero cabelludo; cosa de nada).
Realizada esta comprobación satisfactoria, el valeroso permite que las piernas le flaqueen y cae rebozado en su sangre.
De entre los liberadores se destaca la novia afligida; se agacha, le levanta la cabeza y le pregunta con patente interés:
—¿Te encuentras bien, cariño? [...]
2. Completa estos enunciados
- Para introducir citas textuales se utilizan... comillas.
- Para hacer una aclaración se usan... paréntesis.
- Detrás de expresiones de encabezamiento se ponen... dos puntos.
- Las acotaciones de teatro se escriben entre... paréntesis.
- Cuando se deja el sentido en suspenso se utilizan... puntos suspensivos.
4. Inserta los signos de puntuación necesarios en este texto:
Pablo encendió la lámpara, abrió el libro, se acodó en la mesa y se sujetó la cabeza entre las manos.
Leía apresuradamente, afanosamente, sin mover los labios y, al pasar las páginas, producía un ruido exagerado, como si arrebujase un periódico.
Quico le miraba silenciosamente, bajo el marco de la puerta; y, al entrar, Mamá corrió hacia ella y se empinó para ver a Pablo por encima de la mesa:
—Ya has venido del cole, ¿verdad, Pablo?
—¿No me ves? —respondió Pablo.
Quico sonrió, pero, al observar el ceño de su hermano, se calló. Mamá le revolvió el pelo a Pablo.
—¿Estás disgustado? —preguntó.
—Pché —dijo Pablo.
—Ya sabes que conmigo no necesitas disimular —añadió Mamá.
—¿A qué ton voy a estar disgustado? —preguntó Pablo. Tú siempre quieres saber lo que pasa dentro de uno.
Mamá hacía como que no le oía. No respondía a Pablo, sino a sí misma. Dijo:
—Ten valor y dile que no.
Pablo la miró de frente, con firmeza, y Mamá humilló los ojos. Dijo Pablo:
—He dicho a papá que iré e iré, aunque sólo sea por él.
Los ojos de Quico despedían chiribitas.