Dualismo Platónico: Cuerpo y Alma, Inmortalidad y Destino

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El Dualismo Platónico: Cuerpo y Alma

El Cuerpo

El cuerpo es la parte material y pertenece al mundo físico y sensible. Platón lo considera como un obstáculo para el alma, ya que la obliga a sucumbir a las necesidades materiales: los deseos, las pasiones, los sentimientos, las enfermedades, los miedos o temores. Por lo tanto, el cuerpo es visto como el causante del mal en el mundo: guerras, violencia, deseos y ambiciones originadas por lo material.

El Alma

El alma define al hombre, ya que el cuerpo no deja de ser una apariencia. Es lo que permite al hombre vivir en el mundo físico. El alma constituye la esencia, la parte espiritual. No pertenece a este mundo, pero una vez creada por el Demiurgo, ha podido contemplar las Ideas y obtener el máximo conocimiento.

Funciones del Alma:

  • Vital: principio de vida.
  • Ética: el control del cuerpo y autocontrol de los deseos.
  • Gnoselógica: el acceso al conocimiento como recuerdo de las Ideas.

División Tripartita del Alma y Virtudes Asociadas:

  • Alma Racional: de naturaleza divina, inmortal, inteligente, situada en el cerebro. Se dedica al pensamiento puro y busca la contemplación. Su virtud es la Prudencia.
  • Alma Irascible: mortal, fuente de las pasiones nobles, situada en el tórax e inseparable del cuerpo. Su virtud asociada es el Valor.
  • Alma Apetitiva: mortal, fuente de las pasiones innobles, situada en el abdomen. Su virtud es la Templanza.

La Inmortalidad del Alma

Para Platón, el alma es inmortal y puede reencarnarse en los cuerpos mortales. Ha sido creada por el Demiurgo y, a pesar de vivir eternamente y reencarnarse en muchos cuerpos, lo único que anhela es volver a su mundo original y contemplar eternamente las Ideas.

Para conseguir esto, el alma debe desligarse de todas las necesidades corporales, evitar todo placer y dolor, llevando una vida ascética y pura, de tal modo que su parte racional domine las otras partes del alma, liberándose de las ataduras del cuerpo. Si, tras sucesivas reencarnaciones, el alma ha conseguido llegar a este estado ideal de pureza, es posible la vuelta a su mundo y la visión beatífica de las Ideas, para así poder contemplar la auténtica verdad.

La Transmigración y el Destino del Alma

Platón dedicó algunos de sus mitos al destino del alma. En el diálogo Timeo, explica que es el Demiurgo quien crea las almas particulares. Solo la parte racional tiene como destino volver al alma del mundo. Este concepto se repite en varios mitos, como el:

Mito del Carro Alado

La pregunta sobre el origen y la esencia del alma del hombre la explica Platón mediante el mito del carro alado. Afirma que el alma es semejante a un carro tirado por dos caballos alados y dirigidos por un conductor de carros. De los caballos, uno es bueno, bello y de pelo blanco; el otro, malo, feo y de pelo negro. El auriga que conduce el carro representa el alma racional y espiritual. El carro, tirado por los caballos, viaja por la región supraceleste donde tiene la posibilidad de contemplar las Ideas, hasta que el caballo negro se rebela, pierde entonces las plumas de sus alas y, por su culpa, se desequilibra el carro y cae todo él, caballos incluidos, desde el mundo celestial al mundo sensible, quedando encerrados en un cuerpo. A partir de entonces, el deseo de todo el conjunto será dominar y purificar al caballo negro para que así le broten de nuevo las plumas de las alas y pueda volver al mundo de las Ideas del que salió, y que es su lugar natural.