Descartes: La Demostración de la Existencia de Dios y sus Argumentos Clave

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A partir de estos conceptos, Descartes afirma que la realidad objetiva de cada idea debe haber sido recibida por una causa que posea, al menos, tanta realidad formal como realidad objetiva posea la idea. Esto se debe a que la causa ha de tener tanta realidad o más que el efecto, pero nunca menos (principio escolástico que acepta Descartes, según el cual la causa siempre debe tener más realidad que el efecto).

Descartes quiere responder a la pregunta de si esta idea innata de Dios es solamente objetiva (es decir, si la idea existe solo en nuestra mente) o si, por el contrario, posee una existencia formal (recordemos que esto significa una existencia real fuera de nuestra mente). Para ello, desarrolla los siguientes argumentos:

1. Argumento de la Causalidad

Debe haber tanta realidad en la causa como en el efecto. Aplicado a las ideas, esto nos lleva a afirmar que la existencia formal de la causa de una idea ha de tener tanta o más realidad que la existencia objetiva que posea la idea. Todo esto quiere decir que, si yo soy un ser finito e imperfecto, pero en mí está la idea de un Ser Infinito y Perfecto, estará claro que dicha idea no puede provenir de mí, sino que precisamente será ese Ser Perfecto el que la coloque en mí. Esto se debe a que lo perfecto no puede provenir de lo imperfecto; por tanto, Dios existe realmente.

2. Argumento de la Contingencia del Yo (Variante del Causal)

El segundo argumento es una variante del anterior y dice así: «Yo, un ser que piensa y tiene la idea de Dios, ¿a quién debo mi existencia?». Tengo tres posibilidades: debo mi existencia a mí mismo, a mis padres o a otro ser más perfecto que yo y que mis padres, pero menos perfecto que Dios.

Sin embargo, yo no puedo ser la causa de mi propia existencia porque, en ese caso, me habría dado todas las perfecciones que tiene la idea de Dios y que, obviamente, yo no poseo (puesto que dudo y soy imperfecto). Tampoco son mis padres, porque ellos me han dado la existencia corporal, pero no me han hecho como una sustancia pensante. Y tampoco puede venir de un ser menos perfecto que Dios, porque ese ser debería tener la idea de Dios para ponerla en mí y, en ese caso, sería él mismo la causa de su propia idea de Dios y, por tanto, Dios mismo; o bien la habría recibido de otro ser superior que, en última instancia, también tendría que ser Dios.

Por tanto, Dios existe y es la causa de mi existencia, siendo Él quien ha puesto en mí su idea, como la marca del artífice en su obra.

3. Argumento Ontológico

Este tercer argumento es el más importante y probablemente el más coherente con los postulados cartesianos. Es el argumento ontológico y fue expuesto originalmente por San Anselmo en el siglo XI: «La idea de Dios, un ser perfecto, incluye necesariamente su existencia, pues lo contrario sería una contradicción con su propia definición».

Por tanto, tanto en los dos primeros argumentos (muy parecidos, pero no idénticos) como en el tercero, Descartes pretende obtener con evidencia la realidad de Dios (existencia formal) a partir de la idea de Dios (existencia objetiva).

Descartes llega así a la demostración de otra sustancia, la más importante, la res infinita (Dios). Además, una vez comprobada su existencia, podemos afirmar que Dios es todobondadoso (la existencia de Dios elimina la hipótesis del genio maligno y se convierte en garantía del conocimiento) y no podría engañarme. De este modo, se probará que mi razón trabaja bien en las demostraciones y axiomas matemáticos, que no estoy constantemente equivocándome y que mis ideas se corresponden con algo real. Queda probado, con Dios como garantía, que el mundo físico y los cuerpos, incluido el mío (res extensa), existen realmente.