El Contrato Social y la Libertad en la Filosofía de Immanuel Kant
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El Tránsito del Estado de Naturaleza al Estado Civil
Recordemos que la situación del estado de naturaleza, según Kant, era una situación de guerra, no necesariamente efectiva, pero sí entendida como constante amenaza. En este estado, aunque había libertad, no existía ni orden ni ley, actuando cada uno a su antojo y predominando el derecho del más fuerte.
El Contrato Social como Obligación Moral
Para salir de esta situación negativa, los hombres establecen la sociedad o estado civil mediante un contrato libre entre ellos. Para Kant, el contrato social fue la primera obligación moral del hombre: salir del estado de naturaleza y buscar la paz, la libertad y la justicia, que solo es posible en una sociedad o estado civil.
Si una persona o grupo de personas somete y se impone a otras por la fuerza, no se considera que haya mediado ningún contrato, sino que se ha impuesto la fuerza bruta. De este poder impuesto sobre los demás por la fuerza no puede surgir ningún tipo de derecho.
La Constitución Republicana y el Estado de Derecho
Para Kant, el contrato social debe desembocar en una sociedad o estado civil regido por una constitución republicana que garantice los principios de:
- Libertad
- Igualdad
- Ciudadanía
- División de poderes
- Representatividad
En una constitución republicana, las leyes deben gozar del consentimiento de todos; debe ser, pues, expresión de la voluntad unida del pueblo. Además, las leyes deben ser iguales para todos, no pudiendo existir leyes diferentes para cada clase social.
El Concepto de Libertad en Kant
Lo primero que debemos señalar es que el término libertad posee para Kant diferentes sentidos. Aquí se tratarán dos de estos sentidos: la libertad entendida como postulado de la razón práctica y la libertad entendida como autonomía de la voluntad.
1. La Libertad como Postulado de la Razón Práctica
La razón en su uso teórico no nos puede demostrar la existencia de la libertad, ya que nuestro conocimiento se reduce al fenómeno, al mundo fenoménico, donde todo se rige por la relación causa-efecto y, por tanto, todo está determinado al ocurrir por necesidad natural. La libertad queda fuera de los límites del saber humano.
Sin embargo, desde la perspectiva de la razón práctica, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad. La libertad constituye el fundamento de la moralidad como un postulado de la razón práctica.
La libertad es un postulado en el sentido siguiente: es imposible demostrarla, pero si no la suponemos, toda nuestra vida moral se vuelve un sinsentido, pues no podríamos atribuir a nadie responsabilidad ni culpa. Si en sus acciones las personas están determinadas por causas naturales (es decir, carecen de libertad), no podemos atribuirles responsabilidad. La libertad, por tanto, es condición de posibilidad de la moralidad.
2. La Libertad como Autonomía de la Voluntad
Además, la libertad se entiende también como la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes que son dadas por su propia razón; la libertad equivale a la autonomía de la voluntad.
Debemos recordar que Kant defiende una ética formal, vacía de contenido, en la que no se establecen imperativos concretos. Las leyes morales deben emanar de la voluntad misma, por tanto, de una voluntad completamente autónoma y libre que obra por deber, por reverencia a la ley moral que emana de la propia razón y que se manifiesta en el imperativo categórico. Sólo si el sujeto es libre, es decir, posee una voluntad autónoma, podrá darse sus propias leyes y sus propias normas de actuación.