Compromiso Social y Político de Miguel Hernández: Vida y Obra Poética
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El Compromiso Social y Político de Miguel Hernández
La vida y la obra de Miguel Hernández están caracterizadas por su compromiso social y político, que irá aumentando conforme se suceden en los años 30 situaciones personales y hechos históricos.
Miguel Hernández nace en una familia católica que vive del campo. En una primera etapa, tiene una actitud conservadora, actitud que queda reflejada en la obra “Perito en lunas” y en poemas sueltos que escribe hasta la primera mitad de la década de los 30. Con la llegada de la República, empieza a cambiar. Es de origen humilde y su experiencia lo conducirá a un compromiso con los desheredados.
Este germen social había permanecido oculto por el influjo de su amigo Ramón Sijé, pero cuando llega a Madrid abre los ojos. Comienza a pensar en el más débil y busca una mejor calidad de vida para él a través de la alfabetización. Este es el primer compromiso social de Miguel Hernández, que mantendrá hasta su muerte. Esta época la vemos en “El rayo que no cesa”, en el poema “Serrhidum”, donde se aparta de las creencias religiosas de su juventud.
Pasará a una actitud en la que busca dignificar al hombre del campo y concienciarlo de sus derechos. Comienza el compromiso político de Miguel Hernández: no busca cargo político, sino conseguir la dignidad de los más débiles a través de la denuncia social con su poesía.
La Guerra Civil y la Poesía de Combate
El 18 de julio de 1936 los militares se levantan contra el gobierno republicano y comienza la Guerra Civil. Miguel se alista en el bando republicano. Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939) son dos poemarios escritos durante la Guerra Civil. El tema amoroso da paso a una poesía social. El primero es más combativo y optimista; el segundo, escrito al final de la guerra, es más pesimista. Comprende el poder transformador de la palabra, su función social y política.
Fruto de ese compromiso será Viento del pueblo, poesía de guerra, denuncia y solidaridad con el pueblo. Su voz se alza para proclamar el amor a la patria, educar a los suyos en la lucha por la libertad, e incriminar a los opresores. Dicha función se articula en tres tonos:
- Exaltación (exaltación heroica de los hombres que luchan por la justicia y la libertad). Así, exalta a los jornaleros, a los aceituneros de Jaén: “Jaén, levántate brava / sobre tus piedras lunares, / no vayas a ser esclava / de todos tus olivares” y en «Aceituneros», a los campesinos…
- Lamentación (lamentación por las víctimas de los opresores): «Elegía primera» [“A Federico García Lorca, poeta”], «Elegía segunda» [“A Pablo de la Torriente, comisario político”].
- Imprecación (imprecación e insulto de los cobardes que tiranizan al pueblo).
Este radical contraste entre la exaltación del pueblo y la imprecación del tirano aparece en «Las manos»: las “manos puras” de los trabajadores son “herramientas del alma” que significan esperanza.
En el verano de 1937 publica Viento del pueblo, y viaja poco después a la URSS. La contemplación de una Europa insensible al drama de España y de la guerra que sigue, intensifica su vena antiburguesa y hace tambalear su fe en el hombre. Comienza a escribir El hombre acecha, momento en que muere su hijo.
Viento del pueblo es un poemario heterogéneo (recoge poemas que ha publicado de manera dispersa) y combativo en el que se puede leer esperanza en la victoria. El hombre acecha es una obra con una sombría razón compositiva en la que el poeta pasa de cantar a susurrar amargamente.
Junto a la evidencia trágica (el acecho y el dolor) y la reivindicación de la palabra poética (la autenticidad de su poesía y la de sus poetas), otro tema es España, tema que arranca a Miguel Hernández en plena guerra poemas impresionantes, proyección del “Me duele España” del 98: «Llamo al toro de España» y «Madre España».
Prisión y Madurez Poética
Según avanza 1938, el poeta asiste al desmoronamiento del bando republicano; en octubre muere su hijo. El nacimiento de su segundo hijo, a comienzos de 1939, será una alegría aislada. Perdida la guerra, el poeta es detenido en mayo de 1939. Por intercesión de valores poderosos o por error, es puesto en libertad sin ser procesado. Comete el error de volver a Orihuela: es detenido y condenado a muerte en marzo de 1940.
Pasa por varias cárceles hasta llegar en el verano de 1941 al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde enferma y muere el 28 de marzo de 1942. En septiembre de 1939, al salir de la cárcel, Miguel Hernández entrega a su esposa un cuaderno con 79 poemas que tituló Cancionero y romancero de ausencias, y que comienza a escribir en octubre de 1938, tras la muerte de su primer hijo.
Miguel Hernández alcanza aquí la madurez poética con una poesía desnuda y desgarrada, donde aborda los temas obsesionantes de su mundo lírico: el amor, la vida y la muerte, sus “tres heridas”. Los versos son ya los de un hombre herido que expresa su dolor. Ya no hay canto combativo, ni exaltación de los héroes o del pueblo, ni imprecación a los verdugos; solo hay lamento por el destino de cárcel y muerte que le aguarda. A pesar de todo, quiso el poeta, ya hombre vencido, dejar unos versos de pacifismo en «Tristes guerras»:
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.