Pedro III el Grande y la Conquista de Sicilia en la Corona de Aragón

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Pedro III “el Grande” y su Ascenso al Trono

El hijo de Jaime I se encuentra en su ascenso con que Aragón no necesitaba participar en reconquistas contra musulmanes y ningún problema con Occitania, así que canaliza sus energías en el Mediterráneo.

Al subir al trono tuvo que hacer frente a la sublevación de los mudéjares valencianos y a la rebelión de la nobleza catalana; en 1280 rendiría el último reducto nobiliario en Balaguer.

El monarca, sin apenas castigos, otorgó a los nobles su amistad y les señaló un objetivo en el cual canalizar sus fuerzas: Sicilia.

La Expedición al Mediterráneo y el Contexto Papal

En 1279, una flota catalana a las órdenes del siciliano Conrado Lancia había recorrido las costas de Túnez cogiendo prestigio para la Corona de Aragón y despertando las esperanzas de los sicilianos que repudiaban el régimen francés de la isla.

El papa, probablemente también quería frenar el crecimiento de Carlos de Anjou, pero con su muerte y la elección de Martín IV, nuevo papa, las cosas cambian de manera que los acontecimientos se precipitan al negarle la bula de cruzada para llevar a cabo una expedición contra el islam en Túnez.

Cuando la flota estaba dispuesta a zarpar, llegó la noticia de una rebelión en Sicilia conocida como las “Vísperas”. Pedro III embarcó en junio de ese mismo año con su armada y unas 100 naves hacia Túnez. Se detuvo en un puerto, hicieron algunas cabalgadas y, estando allí, por segunda vez le llegó la negativa del papa a concederle los subsidios. Pero entonces se le ofreció la corona de Sicilia a cambio de ayudar a los rebeldes sicilianos en contra de Carlos de Anjou.

La Coronación en Palermo y la Oposición de Francia

Esto le haría ganar la enemistad del papa y de Francia, de modo que muchos nobles se negaron a participar en la empresa, alegando una consulta previa a las Cortes. Pedro dijo que estos se marcharan y pronto llegó a las costas de Sicilia, donde fue coronado en Palermo.

Los angevinos sufrirían una derrota naval frente al puerto de Nicotra.

Por otra parte, Roger de Lauria recibió el nombramiento de almirante de la flota, logrando un gran triunfo años después en Malta.

La Reacción del Papa y el Reto del Duelo

La reacción del papa fue la excomunión de Pedro III y, por otra parte, Carlos de Anjou, en un intento de alejar del frente a su enemigo aragonés, lo retó a un duelo. Pedro aceptó el reto, que no era más que una escaramuza para poder alejar al monarca aragonés del conflicto así como poder capturarlo más tarde; el encuentro debería hacerse en Burdeos.

Pedro, que al llegar fue consciente de la trampa, dejó constancia de su presencia pero rápidamente salió del lugar. Por otra parte, la reina Constanza en 1283 llegaba a la isla para asumir el reino de Sicilia, y además se hacía el anuncio de que el gobierno pasaba a uno de los infantes, Jaime (futuro Jaime II).

Se pretende sacar a Sicilia de la Corona de Aragón, pero mantenerlo unido por lazos de sangre. Por su parte, el pontífice declaraba depuesto de sus reinos al monarca aragonés y ofrecía la corona de Aragón al hijo del monarca francés, Carlos de Valois, que de hecho fue embestido y preparó un ejército para invadir Aragón.

Las Cortes Aragonesas y el Conflicto Interno

Pedro III necesita nuevos subsidios para hacer frente a esta invasión; las Cortes aragonesas de Tarazona acusaron al rey de violar los privilegios del reino y pretendían que el fuero de Aragón se hiciera extensivo al reino de Valencia.

Pedro III se vio obligado a firmar el Privilegio de la Unión, en el que se recogían una serie de derechos de los nobles en detrimento del rey para obtener los subsidios, y eso mismo o algo parecido le sucedió a Pedro en Barcelona, donde tuvo que jurar el reunir las Cortes al menos una vez al año.

Desenlace y Muerte de Pedro III

La cruzada franco-pontificia fracasó, aunque logró ocupar la plaza de Girona. Pero la enérgica resistencia de los catalanes invirtió la situación; los cruzados volvieron a cruzar los Pirineos.

Pedro, que se veía triunfante, cuando se veía dispuesto a castigar a su hermano y sobrino por haber ayudado a los franceses, murió. En el último instante, para escapar a las sentencias eclesiásticas, ordenó que se restituyera Sicilia a la Santa Sede, por lo que abandonó el mundo sin temores.

Sus sucesores, sin embargo, no lo tuvieron en cuenta.