Apogeo de la Novela Realista y Naturalista en el Siglo XIX: Un Panorama Literario
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El Florecimiento de la Novela en el Siglo XIX: Realismo y Naturalismo
Durante la segunda mitad del siglo XIX se produce uno de los momentos más significativos en el arte de narrar. El florecimiento de la novela es tan deslumbrante que bien puede considerarse como una época áurea, no solo en España, sino también en el resto de Europa. El apogeo es de tal calibre que no se puede entender sin nombrar a la **burguesía**; esta es quien protagoniza la novela realista y, al mismo tiempo, la destinataria. Pérez Galdós escribió que “la grande aspiración del arte literario en nuestro tiempo es dar forma a todo esto”.
El Realismo: Un Espejo de la Sociedad
El rechazo a lo romántico es algo emblemático, sustituyéndose por el término **realismo**. Los novelistas se inmiscuyen en reflejar la realidad social de manera exacta; lo subjetivo debe quedar al margen, es lo que se ha denominado **objetividad**. Esto no quiere decir que vaya en contra del punto de vista omnisciente cuando el autor anticipa lo que va a ocurrir, opina, juzga a los personajes. La idea stendaliana que concebía la novela como un espejo que se pasea a lo largo del camino es el signo característico del llamado realismo. De esta novela me ha llamado la atención que el protagonista casi siempre fracase, o se le castigue por ser demasiado idealista, siendo esta una característica primordial de este arte de narrar, por lo demás sencillo, pero bien elaborado, pulido.
La frase ya clásica de que la novela española del siglo XIX es una “literatura de frutos tardíos”, en expresión acuñada por Menéndez Pidal, poco importa. Esta fecha marca el devenir del arte narrativo. Juan Valera quedaría en tierra de nadie en esta dicotomía. Bien es cierto que todavía se puede observar una cierta veta romántica. Pero referirse al novelista santanderino es nombrar *de tal palo tal astilla* (como respuesta a la novela gallega *Gloria*), Don Gonzalo González de la Gonzalera, el buey suelto. No podemos olvidar la faceta regionalista con el sabor de la tierruca, *Peñas arriba*. Juan Valera (1826-1905) quizá esté más cerca de lo que se entiende por idealismo que por realismo; pero no puede quedar marginado. Sus novelas *Pepita Jiménez*, *Doña Luz*, o *Juanita la Larga* marcan una prosa considerable, a veces, modélica y siempre sugestiva.
Pérez Galdós: Novela y Sociedad
Pero, el más grande, sin lugar a la duda, es Pérez Galdós (1843-1920). **Novela y sociedad** como ejes capitales de lo narrado.
El Naturalismo: Influencia de Zola
El **naturalismo** parte de la concepción de Zola (1840-1902) al comparar medicina-literatura: “Puesto que la medicina, que era un arte, se está convirtiendo en una ciencia, ¿por qué la literatura no ha de convertirse también en una ciencia gracias al método experimental?”. Pero nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿por qué, casi siempre, estos personajes están marcados por taras físicas, psíquicas, ambientes sórdidos, desheredados de la fortuna? En España trajo polémica, pero se aceptan matices tanto de Emilia Pardo Bazán, Galdós, como de Clarín. Galdós supera el realismo con una nueva concepción narrativa; es lo que se denomina estado espiritualista con *Ángel Guerra*, *Tristana*, *Nazarin*, *Misericordia*. Faltaba lo fantástico, lo mitológico en su narrativa para cerrarla, que lo aborda en *El caballero encantado* y *La razón de la sinrazón*.
El torrente naturalista lo hallamos en Pardo Bazán en sus novelas *La tribuna*, *Los pazos de Ulloa*, *La madre naturaleza*, *Insolación*, *Morriña*. Es la que más se acercó a Zola, pero con el matiz siempre a cuestas con que escribía Doña Emilia, una personalidad independiente, ingeniosa e inteligente.
Clarín y Doña Emilia: Representantes del Naturalismo Zoliano
Clarín (1852-1901) y Doña Emilia (1852-1921) son los dos escritores que mejor representan el naturalismo zoliano. Ni novela “de todo un pueblo”, ni “novela de la frustración”, es todo un rosario existencialista provinciano de la España finisecular, pero a nadie se le escapa que ha inmortalizado a Vetusta; esto sí lo podemos mantener. El amor en *La Regenta* es signo de controversia. Doña Emilia también nos narra el amor como problemática de dos hermanos en *La madre naturaleza*.
Blasco Ibáñez: Un Naturalista Tardío
A Blasco Ibáñez (1867-1928) se le define como un naturalista tardío y el “Zola español”, otra vez con las famosas etiquetas. El problema de Blasco Ibáñez es que quiso ser Maupassant, Zola o Flaubert.
Finalmente, en las novelas, tanto realistas como naturalistas, subyacen una serie de temas que serán los que den sustancia a lo narrado. La fuerza estilística es tan apasionante que hoy miramos con asombro.