El Estado y el Alma en Platón: La Búsqueda de la Justicia y la Armonía

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La Antropología Platónica: El Estado y el Alma

El problema central que orienta el pensamiento de Platón desde sus inicios es el del Estado, como se puede apreciar en el diálogo al que pertenece este texto. La finalidad de su filosofía es, en este sentido, eminentemente política. El estudio de las virtudes en los diálogos menores tiene como objetivo la virtud política, y en el Protágoras y el Gorgias, los diálogos que preceden a La República, el conocimiento del bien en sí se concibe como un arte político, del que se espera toda la salvación.

Aunque Platón no pretende en sus obras construir un cuerpo de doctrinas, sino exponer el proceso mismo del conocimiento, La República es su obra más constructiva y con mayor contenido. Esto se debe a que el Estado es la unidad en la que se enmarcan todos los problemas éticos y sociales. Ahora bien, ¿qué es el Estado para Platón? En última instancia, el Estado está intrínsecamente relacionado con el alma del hombre; es su imagen ampliada. La importancia que Platón concede al alma no es fundamentalmente teórica, sino práctica. Platón adopta la actitud de un modelador de almas: la formación, el cultivo y la educación del alma son la tarea fundamental del Estado y su principal motor.

La Naturaleza del Alma (Psyché)

La cuestión del Estado nos conduce, por tanto, a la del alma. ¿Y cómo es el alma del hombre? Para un griego, el alma (psyché) se define por la contraposición entre dos aspectos: por un lado, lo que el hombre ya es debido a su pasado (thymos) —que incluye su cuerpo, su cultura, su grupo social y su biografía— y, por otro, lo que puede llegar a ser por su condición de hombre y no de animal, es decir, por no estar predeterminado. Este último aspecto es el alma, y constituye lo genuino del ser humano por su carácter ético, de elección y responsabilidad.

Platón es el primero en reflexionar a fondo sobre el alma, combinando esta concepción con otra de origen órfico. Según la dualidad del mundo (dualismo metafísico) que aparece en el mito de la caverna, el cuerpo pertenecería a la naturaleza (physis), al ámbito sensible, mientras que el alma pertenecería al ámbito inteligible. Alma y cuerpo están unidos de forma accidental y temporal (dualismo antropológico). El alma es inmortal, libre y responsable, destinada a ser juzgada tras la muerte. Consiste en deseo (Eros) y, en el mito del auriga que gobierna un carro tirado por dos caballos alados, Platón muestra la pluralidad y tensión entre los deseos de las distintas partes del alma. Esto da lugar a su división tripartita:

  • Parte racional (inmortal): La facultad de conocer racionalmente.
  • Parte irascible (mortal): El carácter, la voluntad o la fuerza psíquica.
  • Parte concupiscible (mortal): La capacidad de desear y experimentar pasiones.

La Ética Platónica: Virtud y Gobierno de la Razón

¿Quién debe gobernar tanto en el alma como en el Estado? La respuesta es clara: la razón. Esta idea de que la razón debe predominar sobre el resto de la psique es de origen socrático. Los sofistas, por el contrario, proponían un modelo de naturaleza humana del que la razón estaba ausente, un modelo extraído del comportamiento de los niños y los animales irracionales. La necesidad de la razón se impone incluso para el hedonista, que la necesita para realizar un cálculo de placeres. Sin embargo, en el hedonismo, la razón es un mero instrumento al servicio del placer, que es el criterio último. Para Platón, la razón es un bien en sí misma; es lo más excelso de la naturaleza y su fin último.

La Justicia como Armonía del Alma

La ética platónica está directamente vinculada a su visión del alma. A cada parte del alma le corresponde una virtud propia:

  • A la parte racional le corresponde la prudencia (o sabiduría).
  • A la parte irascible le corresponde el valor (o fortaleza).
  • A la parte concupiscible le corresponde la templanza (o moderación).

Cuando cada parte del alma desarrolla su virtud específica, el alma en su conjunto alcanza la virtud suprema: la justicia, que es entendida como armonía. En La República, la justicia ocupa un papel protagonista. De este modo, para Platón, el hombre justo es aquel en el que se da una armonía o equilibrio entre las tres partes del alma. Un hombre es justo cuando su parte racional (siendo prudente) domina a la parte irascible (que será valiente), y ambas, a su vez, guían a la parte concupiscible (que será atemperada). Y, en última instancia, Platón sostiene que solo en una sociedad justa es posible educar a hombres justos.