El Vitalismo de Nietzsche: Nihilismo, Voluntad de Poder y Superhombre
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Síntesis: El Vitalismo de Friedrich Nietzsche
El vitalismo de Nietzsche entraña el rechazo del nihilismo, que consiste en vaciar la vida de contenido, pero puede entrañar la muerte de Dios y el hundimiento de los ideales que sustentaban la fe. De ahí surgen el nihilismo pasivo y el nihilismo activo, lo que implica que, una vez hundidos los ideales, adviene la pérdida del sentido de la vida. Esto se relaciona con el colapso de las antiguas creencias: si no existen Dios ni el transmundo, la vida carece de horizonte y de perspectiva de sentido.
El Sentido de la Existencia y el Superhombre
Por otro lado, frente al sentido de la existencia y las posibilidades supremas del hombre, el sentido depende del superhombre, quien encarna el espíritu libre. Afirmar esa fidelidad a la tierra implica amar la vida como el valor supremo y aceptar la existencia junto con el dolor.
Asimismo, Nietzsche opone a la vida rebosante y pletórica de salud —a la potencia vital— la vida anémica o las tendencias plebeyas que se expresan en la Ilustración, el socialismo y el cristianismo. Así, cabe contraponer la moral de señores a la moral de esclavos. Por otra parte, Nietzsche asocia a esta última los siguientes rasgos:
- Decadencia y domesticación del instinto.
- Pasividad y gregarismo.
- Debilidad fisiológica.
- Tendencias plebeyas y democráticas.
Resentimiento, Culpa e Ideales Ascéticos
Se trata de una moral basada en el odio hacia la vida noble y en el resentimiento, fundamentada en la desviación de la dirección del instinto: la culpa y los ideales ascéticos asociados al nihilismo y a la voluntad de nada.
Eugen Fink, en su obra La filosofía de Nietzsche, señala que la vida quiere el poder mismo frente a la mediocridad, frenando el proceso ascensional de la vida que crea formas más perfectas; así produce al superhombre, es decir, un prototipo moral situado más allá del bien y del mal. Nietzsche atribuye una voluntad de venganza a la Ilustración, al cristianismo y al socialismo. Esa moral de negación de los impulsos vitales procedería de la negación previa de los valores afirmativos.
Eterno Retorno y Voluntad de Poder
Nietzsche no cree que la filosofía deba basarse en una comprensión puramente racional del sentido de la existencia; piensa, en cambio, que lo permanente es el continuo nacer y destruirse de todas las cosas: el eterno retorno de lo idéntico. Así, la voluntad de poder y el retorno guardan una estrecha relación, y el superhombre rechaza los mandamientos del pasado rebelándose contra la moral establecida. El superhombre se manifiesta como niño, olvido e inocencia.
La Superación del Hombre
El hombre es concebido como un puente tendido sobre un abismo, y el hombre superior representa un estadio intermedio entre el hombre común y el superhombre. Este último se sitúa por encima del Estado y de la fe en Dios, legislando exclusivamente según su propia voluntad. Se trata, en definitiva, de decir sí a la vida y de aceptarla con su dolor inherente.
La vida y el instinto constituyen la afirmación de las tendencias vitales y no pueden identificarse con la domesticación instintiva, de donde surge la venganza. Por el contrario, la moral del resentimiento es antivital y equivale a querer la nada, cayendo en el nihilismo. Lo más real se vincula también con la crítica al fetichismo del lenguaje y de la gramática. Así, las tendencias nihilistas aniquiladoras de los instintos se desprenden de la fe en Dios; quienes habitan más allá del bien y del mal legislan bajo el principio del «yo quiero» y afirman sin reservas el poder, la fuerza y la salud.