Transformación Política de Francia: Del Segundo Imperio a la Tercera República (1852-1914)

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Francia: Un Desarrollo Político Inestable

El desarrollo político de Francia fue más difícil e inestable que el británico. Entre 1789 y 1848, este país había sufrido distintas convulsiones y cambios de régimen. Ninguna de estas etapas políticas había durado más de veinte años, lo cual demuestra que tales regímenes políticos no lograron suscitar un consenso político y social suficiente.

El Segundo Imperio (1852-1870)

El presidente de la República, Luis Napoleón, siguió los pasos de su tío: dio un golpe de Estado (1851), forzó la reelección y se coronó emperador (Napoleón III) en diciembre de 1852. Llevó a cabo diversas acciones:

  1. Participó en los conflictos bélicos europeos para restaurar la grandeza de Francia y defender los intereses de los movimientos liberales y nacionales frente a los monarcas absolutos. Francia, con el apoyo británico, entró en guerra contra Rusia (Guerra de Crimea, 1854-1856). Intervino en Italia frente a Austria (1859) y en los estados alemanes, frente a Prusia (1870). Francia apenas obtuvo ventajas; la derrota en la guerra contra Prusia supuso el fin del reinado de Napoleón III.
  2. Impulsó una política imperialista de ultramar en África, Asia y México.
  3. Conquista de Indochina.
  4. Proporcionó estabilidad política en una época de crecimiento económico. Francia se hizo capitalista, la burguesía fue la clase social dominante y París transformó su fisonomía según la concepción geométrica y colosal del barón Haussmann, hasta convertirse en la capital de Europa y en el prototipo de ciudad moderna.
  5. A diferencia de su tío, intentó compaginar un gobierno autoritario y personalista con el impulso a las instituciones democráticas. Mantuvo un congreso elegido por sufragio universal masculino, pero con funciones limitadas y neutralizado por un Senado dócil y no electivo. Recurrió al plebiscito personal y se convirtió en precursor de la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda, combinando un poder ejecutivo autoritario con consultas populares. También logró apoyos sociales muy heterogéneos.

La Tercera República (1870-1914)

Tras la derrota frente a Prusia y la abdicación de Napoleón III (1870), se desarrolló un proceso parecido al de 1848: estalló una revolución, conocida como la Comuna de París (1871), impulsada por los republicanos radicales y los obreros; constituyeron un gobierno popular que proclamó una república federal de contenido socialista que apenas duró tres meses. Francia repudió este acontecimiento y eligió por sufragio universal masculino una Asamblea Nacional en Versalles, claramente conservadora, que sometió a los partidarios de la Comuna a una represión terrible.

El éxito de la Tercera República se debió a:

  1. Existía un parlamento elegido por sufragio universal masculino que se apoyaba en los acomodados agricultores de provincias y en una clase media urbana en expansión. Esta base social hizo que un régimen que comenzó siendo conservador se fuera deslizando hacia posiciones políticas de centro (en las últimas décadas del siglo XIX) y de izquierda reformista (a principios del siglo XX). En esta evolución sobresalieron los radicales, liberales en lo político y conservadores en lo social.
  2. La supremacía del parlamento sobre el poder ejecutivo provocó inestabilidad en los sucesivos gobiernos, sacudidos por constantes escándalos, como el célebre Affaire Dreyfus. Las bruscas alternancias en el poder y las graves crisis fueron evitadas con coaliciones gubernamentales casi constantes. A partir de 1899, algunos socialistas pasaron a colaborar con los gobiernos burgueses.
  3. Un crecimiento económico modesto y protegido y una política imperialista muy activa.
  4. Francia emprendió reformas sociales con la intervención del Estado. De esta forma, logró el respaldo de los obreros industriales y de las clases medias. La educación se hizo pública, gratuita y laica; la administración pública se profesionalizó, la Iglesia se separó del Estado y se creó una legislación laboral. Apareció un sindicato revolucionario apolítico, la Confederación General del Trabajo (CGT), y aumentaron las huelgas.