Los sofistas y Sócrates: el giro humanista en la filosofía griega
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Resumen
El texto explica cómo la filosofía se traslada a Atenas en el siglo V a. C. y pasa de estudiar la naturaleza al estudio del hombre, la moral y la vida política. Presenta a los sofistas, sus ideas de convencionalismo, relativismo y escepticismo, y a Sócrates, con su método dialéctico y su intelectualismo moral. Sirve para entender las bases del debate ético posterior.
Puntos clave
- Con la democracia ateniense surge la necesidad de educarse para la vida política, y los sofistas cobran por enseñar oratoria y retórica.
- Los sofistas distinguen entre physis (ley natural, fija) y nomos (ley humana, convencional y mudable).
- Protágoras afirma que el hombre es la medida de todas las cosas; Gorgias llega a un escepticismo extremo.
- Trasímaco sostiene que la justicia es lo beneficioso para el más fuerte.
- Sócrates defiende verdades morales universales y objetivas, accesibles mediante la razón.
- El método socrático combina la ironía y la mayéutica, y busca definiciones universales a partir de casos particulares.
- Según el intelectualismo moral socrático, la virtud es conocimiento y obrar mal es fruto de la ignorancia.
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En la segunda mitad del siglo V a. C., la filosofía se traslada de las colonias a Atenas. Con el triunfo de la democracia, el esplendor económico y cultural y la preponderancia política en Grecia, se crea en Atenas una situación peculiar que presenta nuevos problemas y demanda nuevas reflexiones.
Los Sofistas: La Ilustración Griega
Constituyen un movimiento filosófico que se desarrolla en Atenas en la segunda mitad del siglo V a. C. y que ha sido llamado en algunas ocasiones “la Ilustración griega” por su temática humanista y antropológica, por su confianza en la razón humana como instrumento de solución de los problemas y por poseer un proyecto bien definido de educación que rompía con la enseñanza tradicional, inadecuada para las exigencias de la época. Mientras el centro de atención de los filósofos presocráticos era la naturaleza (physis), la reflexión de los sofistas y Sócrates se centra en el hombre, y más concretamente, en el comportamiento moral y en la convivencia política.
Después de salir victoriosa de las guerras Médicas, Atenas vive un momento de esplendor, en gran medida resultado del gobierno de Pericles, genial estratego, reformador radical de la democracia y gran mecenas ateniense.
El gobierno democrático supone para todos los ciudadanos la posibilidad de participar activamente en la vida política y en la toma de decisiones. Ahora ya no es la herencia la que da derecho a la participación y todos los ciudadanos pueden y quieren ejercer su derecho a gobernar en la ciudad. Por otra parte, se llega también a la consideración de que las leyes no son de origen divino, como antiguamente se suponía, sino que son fruto de un acuerdo entre los hombres; con lo cual hay que discutirlas, hay que establecer las leyes que convengan a la mayoría y abolir aquellas que solo satisfagan los deseos de unos pocos. Por todo esto, se hace sentir la necesidad de educarse, de prepararse para la vida política: hay que conocer las leyes, hay que saber argumentar a favor o en contra de cualquier opción de gobierno, hay que convencer al vecino de las propias opiniones, hay que aprender las artes de la oratoria, no solo para poder expresarse con corrección, sino, sobre todo, para persuadir a los demás ciudadanos y ganarlos para la causa propia. Es preciso formar individuos capaces de lograr el gobierno de la ciudad por sus dotes de persuasión y su poder oratorio, individuos capaces de establecer leyes que se justifiquen por su conveniencia para la comunidad y que regirán la convivencia social. Los sofistas tomaron para sí esta tarea de educar a los atenienses para la vida pública, cobrando por dicha labor, lo que les acarrearía profundas críticas.
En realidad, los sofistas no formaron escuela, ni defendieron un pensamiento común. Sin embargo, se pueden encontrar en ellos algunas características comunes:
1. Representan un giro filosófico:
Se pasa de una filosofía especulativa y teórica acerca de la naturaleza y el cosmos, a una filosofía práctica, centrada en el hombre, en su comportamiento y en su cultura. Los temas que tratan se enmarcan dentro de la política, la ética, la sociología, la lingüística, la oratoria, la retórica, etc.
2. Convencionalismo frente a naturaleza (Nomos frente a Physis):
Llegaron a la convicción de que las leyes que gobiernan a los hombres son convencionales, es decir, resultado de los hechos históricos y de intereses de grupo. Establecen una distinción entre la ley natural (fija y necesaria) y la ley humana (nomos), que es convencional, arbitraria, mudable y relativa. Desconfían del saber tradicional y de la existencia de leyes fijas y universales que aseguren para siempre el bien y lo justo para el hombre. Las normas y los valores ya no pueden justificarse como hechos naturales, sino que tienen que justificarse en función de la conveniencia y el acuerdo. En este contexto se discute también la procedencia de los valores. La constitución ateniense, que era considerada como sagrada, aparece ahora como resultado de factores históricos e intereses de grupo, lo que trajo consigo una crisis en la sociedad griega y demostrando así la influencia de los sofistas en la vida ateniense.
3. Relativismo y escepticismo:
Ya no se puede defender nada como eternamente válido, sino que la validez de algo depende de las circunstancias y las situaciones concretas. Por esto también, en cierta medida, abandonan el estudio de la physis, porque consideran que es inútil discutir sobre cuestiones de las que jamás conoceremos la verdad. Si ya no podemos alcanzar un conocimiento universalmente válido, ni acerca de la naturaleza ni acerca del hombre, lo mejor es ocuparse de lo que es útil, de lo que es válido para una determinada situación en un determinado momento. Este relativismo que postula que nada es válido en todas las circunstancias desemboca en un escepticismo: no podemos conocer la verdad. No existe una verdad universal, sino que todo depende de las condiciones en que se encuentren las cosas y el individuo que las percibe.
4. Se suele distinguir dos etapas en la sofística:
La primera sofística es una etapa positiva y creadora, que realiza una importante labor crítica de la sociedad tradicional. La segunda sofística es una etapa negativa y decadente que deriva cada vez más hacia la demagogia, el engaño y la mera palabrería.
Primera Sofística
Intentan establecer una base más racional para la sociedad y justificar los nuevos valores que comienzan a abrirse paso en la sociedad ateniense. Tienen el mérito de producir un giro filosófico al centrar su reflexión sobre los problemas del hombre y la convivencia social. Sus principales representantes son Protágoras (Abdera) y Gorgias (Leontinos).
Protágoras
Su afirmación fundamental es que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Esto quiere decir que no existe la verdad absoluta, sino que las cosas se le aparecen a un hombre de una manera y a otro hombre de otra manera diferente. El conocimiento, y cualquier otra facultad humana, es siempre relativo, porque cada cual juzga según su particular percepción de las cosas. El verdadero sabio es el que sabe acomodarse a cada situación y juzgarla desde la circunstancia concreta. Quien sabe adaptarse a cada situación y ver las peculiares condiciones que la constituyen, tiene una opinión verdadera, puesto que el hombre es la medida. Como consecuencia, el error no existe, ya que ninguna opinión es por sí misma más verdadera que otra, sino que todo depende del hombre que la mantenga. Sin embargo, este relativismo no debe llevar, según Protágoras, a que cada quien intente imponer la propia opinión, ya que cuando existe una mayoría que opina lo mismo es esta la opinión que se debe imponer por considerar que es la que más se aproxima a la verdad. La opinión más verdadera es la de la mayoría. El relativismo de Protágoras es también un relativismo cultural, moral y jurídico: cada pueblo tiene costumbres y leyes diversas y considera que son las mejores. La ley no es algo basado en la naturaleza, sino en la convención, en el acuerdo entre los legisladores, y es siempre modificable. Protágoras defiende el valor de la cultura como aquello que diferencia al hombre del animal. Solo gracias a la cultura puede el hombre sobrevivir, siendo como es un animal desvalido. Con la cultura le llega el sentido de la justicia y de la virtud política, sin las cuales sería imposible la convivencia en la ciudad.
Gorgias
Sus afirmaciones más sorprendentes son las siguientes:
- Nada existe.
- Si existiese algo no podría ser conocido por el hombre.
- Si pudiese ser conocido no podría ser comunicado ni explicado a los demás.
Nos encontramos pues con un escepticismo extremo que no solo niega la verdad y el conocimiento, sino también la misma existencia de las cosas. Este camino le cierra a Gorgias toda posibilidad de reflexión coherente, con lo cual renuncia al conocimiento objetivo y se consagra enteramente a la oratoria. Considera que la seducción, la ilusión provocada y el engaño están justificados en la oratoria. El orador y el actor tienen que ser maestros de seducción.
Segunda Sofística
Distinción entre la naturaleza y las convenciones sociales, entre nomos y physis. Empiezan a surgir individuos que utilizan el poder de su arte oratoria y retórica para engañar a su auditorio y que justifican cualquier medio para lograr el objetivo del poder político. Es con estos sofistas con los que polemizará directamente Sócrates.
Trasímaco
Fue un notable orador. Según su concepción, la política se desarrolla en un mundo competitivo en el que vencen los más poderosos y sin escrúpulos, mientras que los débiles y los justos son aplastados. Trasímaco muestra un gran escepticismo sobre el mundo político. Cuando la ciudad descuida el bien común y cada uno persigue su beneficio personal, cuando la justicia y el respeto a las leyes se pierden, la polis va a la deriva y la única norma capaz de imponerse es la voluntad del más fuerte. Así pues, el concepto de justicia como virtud moral que todos poseemos, no existe en la práctica política, porque los hombres no ejercitan la verdadera justicia, sino que consideran justo lo que les imponen los más poderosos y fuertes. Considera que la justicia no es más que lo beneficioso y lo provechoso para el más fuerte. Quien tiene la autoridad y el poder político en sus manos establece como justo aquello que le es más útil y conveniente. La ley es siempre la ley del más poderoso. Esto supone que las leyes no se respetan por sí mismas sino por el hecho de que quien las impone tiene el control político. Al cambiar el gobernante, el cumplimiento de la ley deja de tener sentido.
Calicles
Acentúa la distinción entre la naturaleza y la ley convencional humana. La naturaleza hace a los hombres desiguales. Nos hace a algunos más fuertes y poderosos que otros. Las leyes de la naturaleza, además, son el dominio del más fuerte y del placer individual. Sin embargo, las leyes humanas acaban con las leyes de la naturaleza, porque hacen que los más fuertes se sometan a los más débiles. Los más débiles son los que establecen las leyes políticas, justamente para defenderse de los que naturalmente son más poderosos.
Critias
No fue sofista en sentido estricto, ya que no era extranjero ni maestro itinerante ni cobraba. Critias es un aristócrata ilustrado, opositor de la democracia y que formó parte del gobierno de los 30 tiranos: facción que ejerció un despiadado despotismo. Es escéptico, lo que hace patente al explicar el origen político y humano de la religión; en su explicación parte de la descripción de un estado anterior a la cultura donde los hombres vivían sin leyes, esclavos de la fuerza; inventan las leyes para imponer la justicia y castigar a los que cometen delitos; al seguir cometiéndolos cuando no los veían, un hombre astuto introdujo el temor a los dioses para temor de los “malvados”. Así se iniciaría el culto a la divinidad; que es igual al espíritu clarividente dominador de todo.
Sócrates
Sócrates nace cerca de Atenas hacia el 470 a.C. en una familia modesta. Era un personaje inquietante e incómodo, y estimulaba a los demás para que no dejen el camino de la virtud. Crítico y controvertido, tuvo problemas con los demócratas, a los que acusó de ineptos y demagogos; y con los aristócratas, que defendían sus intereses. Acusado de negar a los dioses y de corromper a la juventud, fue condenado a muerte. Sus discípulos prepararon su huida pero él decidió acatar la condena.
Problema de las fuentes:
No escribió nada, lo conocemos a través de los testimonios de Aristófanes (lo ridiculiza), Jenofonte (lo muestra vulgar y pragmático), Platón (lo idealiza), Aristóteles (tal vez más objetivo por no partir del conocimiento directo de él).
Relación con los sofistas
En principio, se le confundía con ellos: le preocupaban los mismos problemas e iba siempre rodeado de jóvenes, pero no cobraba, no presumía de saber y no escribió. Comparte con la 1ª sofística la confianza en la razón, fundamentar la práctica política en bases racionales y la creencia en la bondad natural del hombre. Pero él fue consciente de que la sofística derivó en el enfrentamiento de los deseos individuales con los de la polis (bien común). No aceptó la escisión individual-colectivo, siendo el bien interés individual el interés de la comunidad. Denunció la frivolidad del discurso de los políticos educados por los sofistas. Frente al relativismo cultural, moral y gnoseológico de los sofistas, defiende la existencia de verdades universales que pueden ser encontradas por la razón y defiende la existencia de valores absolutos.
Reflexión ética
Dedicó la vida a una permanente investigación sobre la condición humana; participó de la decepción de las doctrinas de los filósofos de la naturaleza: inútiles para resolver los problemas fundamentales: los del ser humano, es decir, los de la convivencia. La realidad del hombre no es una realidad cosmológica, sino moral. El hombre antes que ser natural, es ser social: centra su reflexión en la vida del hombre en sociedad y, a partir del conocimiento de uno mismo.
Los problemas éticos se constituyen como los más urgentes: interesa saber qué es el bien y el mal, lo justo y lo injusto, interesa saber en qué consiste la virtud. Y para eso tenemos que partir de las cosas y situaciones usuales que vivimos, de las cosas que ya conocemos. De este modo, Sócrates se preocupará por llegar a una definición racional y universalmente válida de las virtudes y conceptos morales que pueda acabar con el relativismo moral de los sofistas. Mediante la razón podemos llegar a una definición de la virtud que valga para todos los hombres y en todas las circunstancias. Frente a los sofistas, que ya vimos que mantenían un relativismo moral, Sócrates mantiene que los valores morales no dependen ni de una decisión individual ni colectiva, sino que son lo que son en virtud de sí mismos, es decir, los valores morales son objetivos, son iguales para todo el mundo.
Esa objetividad consiste en desvelar su esencia, en dar una definición, la cual incluye todos los casos, y es universal; y que podemos conocer a través del método socrático, que consiste en un procedimiento inductivo; en el que en un primer momento el hombre examina casos particulares para luego elaborar una generalización, que correspondería con la definición. Para Sócrates el conocimiento de los conceptos morales no es resultado ni de una decisión ni de una invención, sino del reconocimiento de lo que ya sabíamos, expresado en una definición, quedando establecida la siguiente relación: SER ↔ ESENCIA ↔ DEFINICIÓN ↔ UNIVERSAL.
Intelectualismo moral
Sócrates establece una identificación entre sabiduría y virtud. Como consecuencia, la virtud consistirá en el conocimiento, mientras que la mala conducta moral consistirá en la ignorancia, en la falta de conocimiento. El que conoce el recto obrará con rectitud y solo por ignorancia actuará de una forma mala o inadecuada. Obrar mal es siempre involuntario: no es posible conocer el bien y hacer el mal. Solamente conociendo lo justo se puede obrar justamente. Por esto es necesario llegar a una definición precisa de las virtudes y conceptos morales, pues únicamente de este modo podemos educar moralmente a los hombres para que actúen correctamente. La definición de la virtud nos hace posible su conocimiento y la transmisión de este, lo cual es de vital importancia para la vida social: el conocimiento de la virtud nos permite practicarla en la convivencia diaria, mientras que su ignorancia nos impide obrar correctamente. DEFINICIÓN - CONOCIMIENTO - VIRTUD - PRÁCTICA (Intelectualismo moral: teoría según la cual el conocimiento y la virtud coinciden.) Según esto, la virtud debe ser enseñada para que los hombres se comporten de acuerdo con ella. Sócrates no admite que nadie haga algo malo queriendo, pues existe en nosotros un deseo tan fuerte del bien y la felicidad, que obrar mal supone un error de cálculo, supone tomar por bueno algo que no lo es. Cuando obramos mal es porque ignoramos qué es el bien. Porque el bien es lo útil, lo que nos proporciona la felicidad; obrar mal es algo inútil porque nunca nos hará felices. “Es peor cometer una injusticia que soportarla”. En el terreno práctico esto se traduce en que solo podrá ser buen ciudadano y gobernar adecuadamente, quien sepa bien lo que es la justicia, la virtud y el bien. El arte del ciudadano es conocer y dominar la virtud. Conociéndola, la practicará, será un buen ciudadano y así la sociedad será justa y estará bien gobernada.
El método socrático
Para Sócrates la ignorancia es el peor mal que el hombre puede padecer y por esto es necesario salir de ella y buscar la verdad. Pero esta búsqueda es colectiva, solo puede llevarse a cabo mediante el diálogo. Nadie posee enteramente la verdad desde el principio, ni nadie puede encontrarla por sí solo. Cada hombre lleva dentro de sí una parte de la verdad y debe descubrirla con la ayuda de otro. Para salir de la ignorancia y marchar hacia la verdad es necesario ser consciente de esta situación y reconocer que se es ignorante.
- El 1º paso - ironía, esto es, el arte de hacer preguntas de tal manera que lleven al interlocutor a reconocer su ignorancia y así disponerlo a buscar la verdad con la ayuda del diálogo. Mediante hábiles preguntas logra convencerlo de que sostiene opiniones sin fundamento, que lo conducen a contradecirse y que no tienen salida.
- El 2º paso - mayéutica, que consiste en seguir haciendo preguntas hasta que el otro llegue a descubrir la verdad, utilizando para esto el razonamiento y el diálogo. El diálogo bien llevado desemboca en el descubrimiento, por parte de los interlocutores, de la definición acertada de lo que se busca. De este modo, el acuerdo al que se llega mediante el diálogo adquiere valor universal y se convierte en verdadero. “Es verdadero lo que aparece a todos como verdadero”. (Definición universal = verdad absoluta).
Según Aristóteles, a Sócrates se le debe:
- Los razonamientos inductivos (de lo particular a lo general).
- La definición universal que encierra la esencia universal y permanente de aquello por lo que preguntamos.
Así, Sócrates logra superar el relativismo de los sofistas, pues el diálogo no es la defensa de la opinión de cada uno, ni del propio punto de vista, sino el esfuerzo común por descubrir la verdad entre todos. El diálogo elimina la relatividad de las opiniones particulares.
El método socrático se encamina a la obtención de definiciones generales. Sócrates, de este modo, escapa del relativismo y convencionalismo sofista. A la definición verdadera se llega por un procedimiento inductivo: análisis de casos particulares y ensayo de una definición universal. Sócrates centró su búsqueda en los conceptos morales. Se pueden destacar tres rasgos del pensamiento socrático que influyeron en los filósofos posteriores:
- Hacer consistir la ciencia en un conjunto de afirmaciones universales, necesarias e inmutables.
- Pensar que el ser humano puede obtener conocimientos de esas características.
- El instrumento que hay que utilizar para obtener esos conocimientos, para alcanzar la verdad, es la razón.
Reflexión final:
La Sofística y la Filosofía Socrática determinan las líneas del debate moral posterior sobre el problema de los valores morales, de determinar si tienen fundamento en una decisión o si se imponen a la voluntad humana, la cual no los inventa sino que los descubre o como valores objetivos, o en la naturaleza humana o por voluntad divina.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre physis y nomos en los sofistas?
La physis es la ley natural, fija y necesaria, mientras que el nomos es la ley humana, convencional, arbitraria, mudable y relativa. Los sofistas consideran que las normas son fruto de acuerdos e intereses de grupo.
¿Qué significa que el hombre es la medida de todas las cosas?
Según Protágoras, no existe una verdad absoluta: cada persona percibe las cosas de manera distinta y su juicio depende de su percepción particular. Por eso el conocimiento es siempre relativo.
¿En qué consiste el método socrático?
Consiste en la ironía, que lleva al interlocutor a reconocer su ignorancia, y en la mayéutica, que le guía mediante preguntas hasta descubrir una definición universal. Parte de casos particulares para llegar a la generalización.
¿Por qué Sócrates afirma que obrar mal es involuntario?
Porque, según el intelectualismo moral, nadie desea el mal: quien obra mal lo hace por ignorancia, al tomar por bueno algo que no lo es. Solo conociendo lo justo se puede actuar justamente.
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