Simbología y Temas Clave en la Poesía de Miguel Hernández
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Simbología e Imaginería en la Obra Hernandiana
Este documento explora los principales símbolos e imágenes recurrentes en la obra poética de Miguel Hernández, ofreciendo una interpretación de su significado y relevancia.
3.1.- El Rayo
El rayo que no cesa, título de una de sus obras más emblemáticas, significa el vigor de las furias del mundo agresivo que rodean al poeta, convirtiéndose en fuerza cósmica. Es el rayo atmosférico o el rayo solar como identidad cósmica inagotable. Al analizar su significado, aprecio que cuando el poeta nos presenta el rayo en sus sonetos, unas veces lo transmuta en cuchillo (capaz de devorar, volar, herir) y otras en metal crispado y amenazante. El poeta lucha contra la energía devastadora del rayo como elemento vencible cuando escribe «pero al fin podré vencerte». ¿Es el rayo su pasión insatisfecha? Otras veces, él mismo se identifica con el rayo: «un rayo soy sujeto a una redoma» (soneto 20, v. 14). En otras ocasiones, el rayo representa a una amada de instinto básico «que desahoga en mí su eterno rayo» (soneto 12, v. 14). En otra ocasión, es un leopardo (v. 10, soneto 6).
El rayo es elegido por Miguel Hernández como símbolo de su amor atormentado y sirve de título a una de sus mejores obras: El rayo que no cesa, en la que describe el amor como destino trágico en su vida.
3.2.- La Muerte
La muerte se repite constantemente, ya que El rayo que no cesa, además de ser una obra sobre el amor fatalista, lo es también sobre la muerte, entendida como el fin del dolor espiritual y carnal. Observamos cómo los sonetos 17 y 20 finalizan con la misma frase: «donde me muero». Otras veces, la muerte se presenta con la terrorífica imagen de «un enterrado vivo por el llanto» (v. 12, soneto 20). La muerte y sus ansias de libertad son elementos antagonistas, lo que también se refleja en la metáfora «presidio de una almendra esclava».
No podemos dejar de mencionar Amor constante más allá de la muerte, la obra maestra de Quevedo, que Miguel seguramente conocía de memoria o había leído.
La muerte está presente a lo largo de todo el poema, hasta el último verso del soneto 28, donde el amado agoniza con la imagen de «mi corazón vestido de difunto». Y se lo dice a la amada: «ya puedes, amorosa fiera hambrienta, / pastar [sobre] mi corazón» (vv. 9-10), sobre el que crecen «trágicas gramas, / si te gusta lo amargo de su asunto»: la muerte de «su» corazón.
3.3.- La Pena
Mucho se ha comentado sobre el tópico de las tres heridas: la vida, la muerte y el amor. A pesar de ello, podríamos considerar que las heridas hernandianas son cuatro, siendo la cuarta, sin duda, la pena. La pena del poeta está presente en cada momento de su vida, la pena de no haber sido todo lo que él deseaba ser: un dramaturgo idolatrado. La fiera herida de Miguel se desangra en una deslumbrante pena sin consuelo. La pena es un tópico tradicional en la poesía, como se observa en Gustavo Adolfo Bécquer: «Pasó la nube de dolor [...] con pena / logré balbucear breves palabras [...]». Y más ejemplos hallaremos si investigamos.
3.4.- El Amor
Con el amor se ilusionó el poeta hasta el arrebato platónico, como si buscase una Dulcinea o una Isabel Freyre soñada, a quienes dedicar las armas de su poesía y toda su vitalidad amorosa. Más tarde, llegó la realidad de la vida y cayó en el desamor. Esta angustia-pena está presente en cada soneto, evocando el verso de Garcilaso: «Amor, amor, un hábito vestí».
El año 1935 fue un periodo lleno de acontecimientos y experiencias amorosas para Miguel, quien vertería bajo la pasión creativa de El rayo... sonetos de amor atormentado.
El poeta está obsesionado con el color blanco, que representa la hermosura de la amada. El blanco de la almendra es un color que mantiene obsesionado al poeta, tal vez por su semejanza con la piel suave femenina, y nos lo recuerda con diferentes nombres: marfil, hielo, nieve, lácteo, nácar, jazmín, espuma. La «Elegía» a Ramón Sijé también alude a las «almendras espumosas».
3.5.- El Toro
El poeta se enaltece unas veces con el vigor y la nobleza del toro de lidia; otras veces es burlado o «solo llora en la ribera» (v. 13, soneto 26). Los atributos del toro son una reafirmación de la virilidad, que aparece en la metáfora como un fruto en la ingle. Es un símbolo de bravura, pero sobre todo de fijeza, de un ser no nacido para la humillación y la burla, al que se somete en las corridas de toros, en la mal llamada Fiesta Nacional.
3.6.- Otra Imaginería
Encontramos metamorfosis constantes: el rayo, la fragua, el yunque, los hortelanos, el huracán de lava, el toro, la estalactita, el gavilán, los lirios... El yunque o la herrería son instrumentos de Vulcano y pertenecen a la cosmovisión poética de Miguel como elementos forjadores, representando la sumisión del metal por la dictadura del fuego.