El Rol de la Divinidad en la Búsqueda de la Verdad según Descartes
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La Duda y el Retorno al Mundo
Tras el arduo y tormentoso viaje a través del mar de las dudas, el filósofo había alcanzado la tierra firme del cogito ergo sum. Sin embargo, aún le quedaba por emprender el camino de regreso. Si bien la filosofía posterior ha retomado este legado como un punto de apoyo fundamental para el pensamiento, la reconstrucción intelectual del mundo ha sido objeto de un intenso debate. El problema de la duda radical, que cuestiona incluso las sensaciones y los criterios más básicos, puede seguir causando estragos en la estructura del conocimiento. Por ello, Descartes recurre a Dios para reafirmar su reconstrucción del mundo.
Claridad, Distinción y la Garantía Divina
Las "ideas claras y distintas" se presentan casi como una evidencia inmediata de la verdad, pero no son inmunes ante una duda tan radical, ese ácido corrosivo que el propio filósofo destiló. A nuestro espíritu le puede parecer muy claro y distinto que uno más uno es dos, pero una duda extrema puede relativizar esta operación, argumentando, por ejemplo, que la sucesión temporal implícita en esta operación matemática no está garantizada y, por lo tanto, también se pone en duda. En este sentido, el filósofo afirma:
"La regla general que afirma la verdad de las cosas que concebimos muy clara y distintamente, se funda en que Dios existe, en que es un Ser perfecto y en que todo lo que hay en nosotros procede de Él; de donde se sigue que nuestras ideas y nociones, puesto que se refieren a cosas reales y proceden de Dios en lo que tienen de claras y distintas, no pueden menos de ser verdaderas (...) Si no supiéramos que lo que existe en nosotros de real y verdadero, se deriva de un ser perfecto e infinito, por claras y distintas que fuesen nuestras ideas, ninguna razón tendríamos que nos asegurara de que esas ideas poseen la perfección de ser verdaderas".
Como se observa en este extenso argumento, la claridad y la distinción pueden proporcionarnos una intuición de la verdad, pero, para el filósofo, no ofrecen una garantía de la misma. La garantía de la verdad proviene del principio absoluto. La Verdad, con mayúscula, estaría añadiendo un grado de "perfección" al pensamiento, un nivel superior a lo claro y distinto. Sin embargo, siempre que Descartes se refiere a la perfección, se sitúa en el terreno de Dios. Dicho de otra manera, dado que la Verdad añade un nivel absoluto al pensamiento, la conquista de una objetividad ilimitada, debe provenir del Ser absoluto, que para el filósofo es únicamente Dios.
Perspectivas Materialistas y Realistas
Desde un punto de vista más materialista o realista, la prueba de verdad contenida en las ideas claras y distintas podría sostenerse como una evidencia inmediata. Para el materialismo o el realismo, sería suficiente tener clara y distinta la operación de que uno más uno es dos para afirmar su verdad, ya que la verdad, al corresponder al objeto, no requeriría de un plano superior para su afirmación. En este caso, la verdad, con minúscula, se situaría en el mismo plano que el pensamiento y el objeto, siendo la claridad y la distinción el punto mediador de la justeza de la razón. Entonces, para que la verdad alcance un nivel superior (más sólido, universal), requerirá de su comprobación de hecho, dando paso al criterio de la práctica (fenomenismo, marxismo, realismo) y a la experimentación (cientificismo, positivismo).
Dos Planos de la Verdad en Descartes
En Descartes, finalmente, se plantea el tema de la verdad en dos planos separados: por un lado, el mundo de la razón, sostenido por Dios, que encuentra en la claridad y la distinción su criterio de verdad; y por otro, el mundo material, que es descifrado mediante su colocación bajo la lupa de la claridad y la distinción. El mundo de la razón mantiene una comunicación directa con el mundo material, lo que le permite encontrar una verdad firme y bien establecida. Sin embargo, esta relación de paridad, para Descartes, está sostenida por un plano superior, ya que solo Dios garantiza la existencia de la Verdad (como grado de perfección) dentro de las ideas claras y distintas del ser humano. Ciertamente, el racionalismo podría prescindir de este argumento y constituirse como un racionalismo deísta radical o ateo.