Relativismo moral: qué es, orígenes y principales corrientes filosóficas

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Relativismo moral

Relativismo moral: consiste en afirmar que los principios de lo justo y de lo bueno solo podemos encontrarlos en el interior de cada grupo determinado y solo valen para él, pero no para todos los seres humanos. Como cada grupo tiene sus costumbres y tradiciones, las opciones morales que toman son incomparables con las de otros, de modo que lo justo e injusto, lo bueno y lo malo son siempre relativos a algún grupo, dependen de su forma de vida y resulta imposible ponerse de acuerdo o alcanzar principios de universalidad.

Nació en Grecia con los sofistas (siglo V a. C.), especialmente con Protágoras, cuando comprobaron en los discursos públicos la diversidad de puntos de vista y que cada uno defendiera el suyo.

Hoy el relativismo está presente en:

  • Relativismo cultural: los criterios morales dependen exclusivamente de las distintas culturas.
  • Contextualismo: una propuesta es correcta o incorrecta si la consideramos dentro de cada contexto de acción.
  • Etnocentrismo: afirma la imposibilidad de justificar la bondad de una opción teniendo como interlocutor a cualquier ser humano. Para ellos solo se pueden justificar decisiones ante quienes comparten nuestra forma de vida, porque nos entienden.

Escepticismo

Escepticismo: el relativismo conduce al escepticismo, que iniciaron Pirrón y su escuela en el siglo III a. C. y David Hume. Se afirma que, puesto que no podemos encontrar ningún criterio para preferir unas opciones u otras, ninguna es mejor, y es imposible distinguir entre justo e injusto, bueno y malo. Aun obligados a tomar decisiones, no habría para ellos justificación racional.

Subjetivismo

Subjetivismo: las cuestiones morales, a diferencia de las científicas, son subjetivas, porque mientras en el terreno científico es posible ponerse de acuerdo atendiendo a los datos o a los experimentos, en el caso de los juicios morales no se puede recurrir a ellos y, por tanto, es imposible llegar a ponerse de acuerdo con razones.

Según Max Weber, el subjetivismo moral se ha extendido en el mundo moderno en virtud de un proceso de racionalización que ha dado lugar al triunfo de la llamada racionalidad instrumental, que nos capacita para adaptar los medios adecuados a los fines que nos proponemos. Sin embargo, la racionalidad evaluativa, encargada de fijar fines, ha retrocedido hasta el punto de que en ese ámbito no tenemos razones para convencer de nuestras posturas: aceptamos una escala de valores por una especie de fe, pero no podemos convencer racionalmente a otros de que la compartan.

Emotivismo

Emotivismo: las afirmaciones morales solo pretenden expresar emociones y sentimientos y no aumentar nuestro conocimiento. Por ello, no puede decirse que sean ni verdaderas ni falsas. Los enunciados morales solo expresan lo que siente el que habla.

El emotivismo nació en el siglo XVIII, especialmente con la obra de David Hume, quien afirmaba que la maldad o bondad de un acto se percibe por el sentimiento que experimentamos ante él, no porque la razón lo muestre. En el siglo XX reaparece como una de las corrientes del análisis del lenguaje moral, con Julius Ayer y Stevenson. Según ellos, los predicados morales no añaden nada comprobable, sino que expresan aprobación o desaprobación. Su función es expresar sentimientos o emociones subjetivas e influir en los interlocutores provocando la misma actitud en quien habla.

Etnocentrismo

Etnocentrismo: analiza otras culturas desde la propia, convirtiéndola en la medida para valorar las restantes. De esta actitud se siguen dos consecuencias: la falta de comprensión para entender a aquellos que no comparten su modo de vida y la radicalización del sentimiento de cohesión con el propio grupo, que hace a sus miembros sentirse superiores a los demás y adoptar una actitud paternalista o de imposición hacia los diferentes.

El etnocentrismo puede manifestarse como xenofobia, racismo o chovinismo. La posición más extendida es la aporofobia, aversión y desprecio al pobre.

Relativismo cultural

Relativismo cultural: propone analizar las diversas culturas desde sus propios valores y no desde los de una cultura ajena, y recomienda mostrarse tolerante con las diferentes expresiones culturales. Es una actitud superior al etnocentrismo, pero tiene limitaciones: no propicia el diálogo entre culturas, sino que aboga porque cada una quede encerrada en sus valores, y es incapaz de eludir riesgos como:

  • Racismo: algunos opinan que la mejor forma de preservar las culturas es no mezclarlas y que vivan en su propio país según su cultura, lo que justifica prohibir la entrada de inmigrantes.
  • Separación entre culturas que se toleran, pero no tienen interés en establecer contactos.
  • Actitud romántica: para combatir el etnocentrismo se exageran los aspectos positivos de las culturas distintas de la propia.
  • Parálisis cultural: provocada por una visión estática de las culturas. Lo importante es que se conserven las tradiciones y, por tanto, la memoria histórica.