Relaciones entre Castilla y Portugal: Conflictos, Tratados y Unión Dinástica

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Relaciones entre Castilla y Portugal: Conflictos y Diplomacia

Las relaciones con el reino de Portugal estuvieron marcadas por la lucha en la Guerra de Sucesión Castellana (1474-1479), por la política matrimonial establecida en el Tratado de Alcáçovas-Toledo (1479) y por el control de las rutas del océano Atlántico. El principal objetivo de estas políticas fue la paz y la posible unión dinástica entre España y Portugal, lo que solo fue posible casi un siglo después.

La Guerra de Sucesión Castellana

La Guerra de Sucesión Castellana (1474-1479) enfrentó a Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón contra Juana “la Beltraneja” y Alfonso V de Portugal por la Corona de Castilla. Las victorias del bando isabelino en la batalla de Toro (1476) y la batalla de Albuera (1479) decidieron el conflicto a favor de Isabel I de Castilla.

La política matrimonial

El Tratado de Alcáçovas-Toledo (1479) supuso el final de la guerra de Sucesión Castellana. En él, Juana “la Beltraneja” renunció al trono castellano e Isabel I a los territorios africanos, excepto las islas Canarias. El objetivo del tratado fue fijar las bases de una coexistencia pacífica entre Castilla y Portugal y la posible unión dinástica de las dos Coronas.

El tratado fijaba una alianza y posible unión mediante el matrimonio de Isabel de Aragón, la hija mayor de los Reyes Católicos, con el heredero del trono portugués, el infante Alfonso (⚭1490). La muerte prematura del heredero luso, el infante Alfonso (m. 1491), hizo que se acordara un matrimonio con el nuevo heredero, Manuel I de Portugal (⚭1496). Sin embargo, la muerte de Isabel después de dar a luz (m. 1498) hizo que de nuevo se renovara el acuerdo, esta vez mediante el matrimonio de Manuel I con la cuarta hija de los Reyes Católicos, María de Aragón (⚭1500).

La política matrimonial supuso la paz entre las dos Coronas; sin embargo, la unión dinástica con Portugal no fue posible hasta Felipe II.

El control comercial del Atlántico

La lucha por el control de las rutas del océano Atlántico se inició en el norte de África y los archipiélagos atlánticos: Azores, Madeira y, sobre todo, las islas Canarias, que finalmente fueron dominadas por la Corona de Castilla. El descubrimiento de América (1492) provocó nuevas tensiones con Portugal por el control de las rutas comerciales hacia las Indias. Las dos potencias acordaron dividirse las zonas de influencia en el Atlántico mediante el Tratado de Tordesillas.