El Reino Unido en el Siglo XIX: Auge, Democratización y el Conflicto Irlandés
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1. El Reino Unido: La Gran Potencia del Siglo XIX
En 1801, los tres reinos de las islas Británicas (Irlanda, Inglaterra y Escocia) adoptaron el nombre de Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, que se convirtió en la primera potencia económica del mundo.
En 1837, comienza el reinado de Victoria de Kent, que se caracteriza por dos etapas: la primera (1837-1873), marcada por la gran prosperidad de su burguesía, y la segunda (1873-1901), por la expansión imperialista.
2. La Lenta Democratización
La nueva ley electoral de 1884 amplió el sufragio masculino. Al año siguiente, la Ley de Redistribución modificó el mapa electoral, repartiendo los escaños por localidades según el número de habitantes (un diputado por cada 50.000 electores).
El sufragio universal femenino no se logró hasta el siglo XX, después de muchas luchas por los movimientos feministas de las sufragistas británicas (destacan Mrs. Pankhurst y sus hijas).
La Edad de Oro del victorianismo (1850-1873) fue una etapa de prosperidad y puritanismo, con una política internacional de expansión imperialista que culminó con la proclamación de la reina Victoria como emperatriz de la India.
La Gran Depresión (1873-1901) es la última etapa del reinado victoriano. Otras potencias europeas y extraeuropeas (Alemania y EE. UU.) compiten por el dominio económico, y Francia por el colonial.
3. El Problema Irlandés
Desde el siglo XII, Irlanda fue tratada por la nobleza y la monarquía inglesa como una colonia. En el siglo XVI, se estableció en Irlanda católica una minoría de ingleses anglicanos, sobre todo en el norte de la isla, la única zona que participó del desarrollo económico derivado de la industria y el comercio. El resto de la isla siguió siendo rural y católica.
En el siglo XIX, surgió un problema político: desde 1801, los irlandeses dejaron de tener un parlamento propio y sus representantes se integraron en el de Westminster, con la condición de que fueran de religión protestante (de la que solo era un 15% de los irlandeses). Esto hizo que naciera un movimiento nacionalista para lograr más autonomía o la independencia. Daniel O’Connell fundó en 1823 la Asociación Católica Irlandesa para obtener el autogobierno de Irlanda, pero solo logró suprimir la discriminación de los católicos.
En 1847, la economía irlandesa, basada en la agricultura, sufrió una grave crisis por la enfermedad de la patata (muertes por hambre y fuerte emigración a EE. UU., que redujo la población a la mitad).
Parnell obtuvo un escaño en la Cámara de los Comunes y se convirtió en el líder del Partido Nacionalista Irlandés y de la Liga de la Tierra (1879). Por las reformas electorales de 1884-1885, Parnell y el Partido Nacionalista Irlandés aumentaron su presencia en el parlamento. En la Cámara, ni los conservadores ni los liberales tenían mayoría absoluta. Parnell decidió boicotear las decisiones del Parlamento: “impedir a los ingleses tratar sus asuntos”.
La situación de Irlanda llevó a la Independencia después de la Primera Guerra Mundial.