Francia en el Siglo XIX y XX: De la Segunda República al Fin de la Tercera (1848-1940)
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A. De la II República al Imperio de Napoleón
La Revolución de 1848 acabó con Luis Felipe de Orleans e implantó la II República. Luis Napoleón Bonaparte fue elegido presidente de la II República y mantuvo el sufragio universal masculino.
En diciembre de 1851, apoyado en el ejército, dio un golpe de Estado, prometiendo una nueva Constitución de corte autoritario y creando así el Segundo Imperio.
B. El Imperio de Napoleón III (1852-1870)
La Constitución de 1852 otorgó a Napoleón el poder ejecutivo y militar, permitiéndole intervenir en el poder judicial y el poder legislativo.
En la década de 1850
Mantuvo el orden interno. Logró éxitos en su política exterior, destacando la Guerra Austro-Piamontesa que concluyó con el Tratado de Turín. Francia experimentó un gran desarrollo económico, con avances significativos en la agricultura, la industria y el comercio.
En la década de 1860
Napoleón adoptó medidas liberalizadoras, pero fracasó en su política exterior, lo que, sumado a una crisis económica, provocó la caída del emperador y la proclamación de la III República.
C. La III República (1871-1940)
La derrota de Sedán y la pérdida de Alsacia y Lorena generaron una profunda tensión entre Francia y Alemania, un factor clave que contribuiría al estallido de la Primera Guerra Mundial.
Desde 1870 se renovaron en Francia los intentos revolucionarios por parte del proletariado, que estableció un gobierno revolucionario en París (La Comuna). Esta fue sofocada cuando el presidente del gobierno francés, Adolphe Thiers, ordenó al ejército entrar en la capital y terminar con los insurrectos, en lo que se conoció como la Semana Sangrienta.
Marx y Bakunin valoraron positivamente el movimiento revolucionario, cuyos objetivos eran salvaguardar la República y realizar reformas sociales bajo una organización de tipo proudhoniano.
Thiers adelantó el pago de la deuda a Alemania. Hasta 1875 no se consolidó la III República porque la mayoría de la Asamblea era monárquica, pero la burguesía logró que triunfaran las ideas republicanas y su política de reformas. Los Moderados y los Radicales reclamaban que el poder debía residir en manos del Parlamento y, en política exterior, defendían el imperialismo colonial en África y Asia.
A partir de 1894, el asesinato del presidente Sadi Carnot dio paso a la República Radical, que enfrentó una profunda crisis política debido a la acusación de traición contra el oficial Alfred Dreyfus.
Francia se dividió entre los dreyfusistas (agrupados en la Liga de los Derechos del Hombre), que solicitaban justicia y verdad, y los antidreyfusistas (representados por la Liga de la Patria Francesa), defensores del ejército y el honor nacional. Este caso radicalizó el ambiente político francés, incluso en la derecha; Charles Maurras creó un partido nacionalista (Action Française) de ideología fascista.
La crisis del boulangerismo, generada por los intentos nacionalistas de Georges Boulanger (Ministro de Guerra), finalmente fortaleció a los republicanos moderados y consolidó la III República.
La Exposición Universal de París en 1889 sirvió para promover las bases de la nueva República.
Hubo una creciente preocupación social por parte de los gobiernos, reflejada en la regulación de la jornada laboral para mujeres y niños en 1893 y la importante ley sobre accidentes laborales de 1898. También se manifestó un laicismo anticlerical republicano y la instrumentalización que la derecha hacía de este.
La Tercera República Francesa finalizó en 1940 cuando Hitler derrotó a Francia en la Segunda Guerra Mundial, tras 69 años de existencia.