Reflexiones Filosóficas sobre el Discurso del Método de Descartes
Enviado por carlos y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 9,32 KB
1ª Parte: El Punto de Partida del Conocimiento y la Razón
En este fragmento del Discurso del Método, Descartes define, en primer lugar, lo que él llama razón o buen sentido como “la facultad de distinguir lo verdadero de lo falso”, que, a su juicio, es igual en todos los hombres. Por lo tanto, no existen para él, en este sentido, diferencias individuales: todos poseemos la misma capacidad de razonamiento. El ejercicio intelectual lleva por distintos caminos a distintas opiniones y puntos de vista, ya que no todos los individuos lo utilizan por igual.
Por otra parte, Descartes destaca la razón como “la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales”. Mediante esta, Descartes cree haber llegado a formar un método único que tiene como finalidad aumentar gradual y constantemente el conocimiento hasta los límites de lo posible. Al mismo tiempo, cree también haber sacado provecho del método, acercándose cada vez más y por medio de él a la verdad. Propone este método como el único y correcto modo de alcanzar tan alta meta propuesta por todos los hombres. En esta primera parte del discurso empieza también el relato autobiográfico acerca del hallazgo cartesiano del método.
Desde un principio (en su niñez), a Descartes le presentaron el estudio de las letras como la forma de adquirir un conocimiento claro y seguro; en otras palabras, la verdad sobre las cosas, que le serían de gran utilidad en la vida. La filosofía no aportaba certezas (imposibilidad de dudar) y por lo tanto es rechazada como parte de su duda metódica. Las matemáticas despertaban en Descartes una gran admiración por la certeza o evidencia de sus razones. Sin embargo, descalifica a la física que, aun teniendo cimientos tan sólidos y ciertos como las matemáticas, incurría en nuevos errores.
En base a toda esta desconfianza, Descartes abandona el estudio de las letras para buscar la ciencia que podía hallar únicamente en sí mismo y en lo que el mundo podía enseñarle, y tomarla como apoyo, en sustitución de las falsedades que había aprendido. Aprendió, de este modo, a no creer en lo que se había aprendido por costumbre; se libra de todo lo adquirido anteriormente en la medida de lo posible, desembarazándose a la vez de muchos errores que podrían oscurecer la razón en su propósito de alcanzar la verdad (distinguir lo verdadero de lo falso, llegar a ideas claras y distintas).
2ª Parte: La Duda Teórica y la Construcción del Nuevo Saber
En coherencia a estos razonamientos suyos, Descartes emprende la labor de derrumbar todo conocimiento anterior para sustituirlo por otro nuevo, o al menos el que tenía antes, eso sí, fundamentándolo siempre en la razón, única y exclusivamente. Advierte el peligro de la aplicación de estas ideas (destruir lo anterior para edificar algo más sólido) a otros campos, como la política.
Finalmente emprende la tarea partiendo de una duda de todo lo existente, una duda teórica: no admitir como verdadero nada a no ser que se supiera con evidencia que lo es. Descartes decide no precipitarse y no admitir como certeza nada más que aquello que se presenta como idea clara y distinta en su mente, sin duda de algún tipo.
- División de las dificultades que se examinan en toda su extensión, dividiéndolas en átomos de conocimiento.
- De esta forma establece conexiones con otros y extrae derivaciones de ellos.
- Realizar comprobaciones y cálculos concretos con el fin de asegurar la validez o certeza de los procedimientos utilizados.
Descartes cree que de esta forma es posible llegar a todas las verdades cuyo conocimiento sea posible, y considera que este debe ser el modo de proceder de las ciencias. En sus estudios destaca la geometría analítica, intento cartesiano de fusión del análisis geométrico y álgebra.
Decide recoger experiencia para establecer estos principios básicos indudables que deberían ser base de la filosofía, y esta a su vez de la matemática.
3ª Parte: Moral Provisional y la Aplicación del Método
Ya que hay pocas personas que dicen lo que creen, es porque no saben en lo que creen.
Esta máxima entra un poco en conflicto con el primer precepto metódico que dice que no se admita como verdad algo que no se conozca con evidencia y certeza. Aunque lo que Descartes nos viene a decir es que, obligados a actuar de algún modo (una cosa es juzgar y otra actuar), escojamos la que nos parezca mejor y, una vez elegido y considerado, apoyarlo firmemente considerándolo como algo seguro. De este modo, si no llegan precisamente a donde quieren ir, por lo menos acabarán por llegar a alguna parte en la que probablemente estarán mejor que en medio del bosque.
Como los filósofos, que nada tenían en su poder salvo sus propios pensamientos; y disponían de estos de forma tan absoluta que no les faltaba razón para considerarse más ricos, poderosos, libres y felices que los demás hombres.
En los años siguientes Descartes no hizo otra cosa que aplicar este método sin que por esto imitara a los escépticos (buscaba la verdad sin imitarlos).
4ª Parte: El Cogito, la Existencia de Dios y la Distinción Alma-Cuerpo
Descartes, en su camino hacia el encuentro con la certeza, planta ya la duda metódica: rechaza como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera advertir la menor duda. Somete a su duda todo lo existente, y poco a poco va rechazando elementos y principios. No hay nada que pueda considerarse certeza en ellos.
La radicalidad de esta afirmación lo lleva a dudar de la existencia del mundo.
- Cobro luego la hipótesis del espíritu maligno, de extremado poder e inteligencia que pone todo su empeño en inducirme a error.
Descartes resuelve entonces fingir que todo aquello que él había adquirido como conocimiento hasta ahora era falso, al no poder asegurar que era distinto de las ilusiones de los sueños. Observa que es de lo único que puede estar realmente seguro, y aparece ante él como una verdad, clara y distinta en su mente. Halla en él el primer principio de la filosofía que estaba buscando.
Justifica así su propia existencia como ente pensante, que no necesita, para ser, de ningún lugar en el que estar ni de ninguna cosa material. Establece una sensación de esto justificado (alma) y el cuerpo, que es mortal (al contrario del alma) y menos fácil de conocer e importante que esta.
Si en sí mismo hay duda, por ser esta menos perfecta que la verdad, tuvo que aprender por algo a pensar en algo más perfecto que él. De la misma forma deduce que estos cuerpos defectuosos e imperfectos de la tierra tendrían que regirse en todo momento por el poder divino, hasta el punto de no subsistir sin él ni un solo instante.
Ve que la suma de los 3 ángulos de un triángulo es igual a un ángulo recto, eso no hay nada que le demuestre que en el mundo hay triángulo alguno.
Descartes cree que después de estas aclaraciones nadie puede rebatir esto a no ser que presuponga la existencia de Dios.
Retomando la definición de verdad como aquello que aparece con claridad y distinción en la mente, deduce que todas estas verdades deben su existencia a la propia existencia de Dios. Por lo tanto, todas nuestras ideas o nociones, cuando son claras y distintas, son verdaderas y reales porque proceden justamente de la idea perfecta de Dios.
Por esta razón los sueños (confusos) son engañosos y no necesariamente verdaderos; también en la vigilia hay engaños (los astros parecen mucho más pequeños de lo que son).
La razón no nos dice que estas ideas o nociones sean verdaderas, pero sí que deben tener algún fundamento de verdad, ya que no sería posible que Dios, tan perfecto y bueno, las pusiera entre nosotros sin fundamento verdadero alguno.
Tras admitir la afirmación “pienso, luego existo” como verdadera, Descartes llega a la conclusión de que hay un espíritu maligno encargado de engañarle, que constituye la tercera causa de duda junto con las dos anteriores (las falacias de los sentidos y la imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño). Eso así y todo, esto no derrumba lo que será su certeza, ya que no cabe duda de que si él engaña, eso quiere decir que existe como ente pensante. Recurre a lo que él pensaba de sí mismo antes de la duda metódica: hace la distinción entre cuerpo (destaca la cantidad de limitaciones al solo comprender el mundo sensorial, y tiene para él, por tanto, connotaciones negativas; esto podría guardar cierta relación con Platón, que del mismo modo pensaba que el cuerpo era la prisión del alma, etc.) y alma. Ahora duda de si el cuerpo existe, pero no duda de la existencia del alma porque encuentra que el pensamiento es el único atributo que le pertenece y que no puede separarse de él. Luego razona: “pienso, luego existo”; por lo tanto, si dejara de existir, dejaría de pensar; por lo tanto existo, y soy una cosa que piensa (se justifica como ente pensante). Por lo tanto, lo flexible, extenso, cambiante, es para Descartes, como lo era para Platón, engañoso y cualidad de lo corporal. Apunta esta cualidad de percibir.