Descartes y el Cogito: Fundamentos del Pensamiento Moderno

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1. El Cogito y el Criterio de Verdad. El texto pertenece al capítulo IV de la obra Discurso del Método, escrita por Descartes. Descartes, deseando encontrar la verdad, rechaza como falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda. Puesto que los sentidos nos engañan, quiso suponer que no hay nada que sea tal como ellos nos lo hacen imaginar y, como hay hombres que se equivocan al razonar, consideró que estaba tan expuesto al error como cualquier otro y rechazó como falsos todos los razonamientos que había tomado como demostraciones. También consideró que los pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos, también pueden ocurrírsenos estando dormidos. Llegó a la conclusión de que no existe nada cierto: “La única verdad a la que la duda fortalece es a mi propia existencia, pues para ser engañado necesito existir”.

La existencia del “Yo pensante” (cogito ergo sum) era irrefutable y lo aceptó como primer principio de su filosofía; proporciona el criterio de verdad: el hombre no puede fingir que no es, es una sustancia cuya naturaleza es pensar y no necesita de lugar alguno para ser, ni depende de cosa material. “Pienso, luego existo” es una intuición, una evidencia inmediata, una idea clara y distinta, es decir, evidente. La existencia del Yo no se deduce de la acción de pensar, se trata de un único acto de intuición puramente racional en el que el Yo se nos muestra como Pensante y Existente al mismo tiempo. Por tanto, tenemos una primera verdad de la que será posible deducir el resto del sistema. Mi existencia como sujeto pensante no es solamente la primera verdad y la primera certeza que se ha hallado al aplicar el método, es también el modelo o prototipo de toda verdad y certeza.

Porque mi existencia como sujeto es indudable, la percibo con toda claridad y con toda evidencia. La tesis del cogito ergo sum nos recuerda a la tesis de San Agustín que afirmaba “si me engaño, existo”. Aunque ambas rebaten las dudas de los escépticos y ponen sobre la mesa la certeza de nuestra existencia, se diferencian en dos aspectos:

  1. La existencia para San Agustín es plena, es la existencia del ser humano; mientras que el cogito ergo sum cartesiano recoge solo la existencia del pensamiento de algo que piensa, de una sustancia pensante.
  2. El papel que juega en ambas filosofías es muy distinto, ya que para San Agustín es la constatación de un hecho irrefutable, una verdad entre tantas otras; para Descartes, por el contrario, es el fundamento, base y justificación última del conocimiento humano y de la realidad.

Con este subjetivismo nace la filosofía moderna al situar al Yo como un inicio radicalmente novedoso. El criterio de certeza se produce cuando una idea es clara, cuando es en sí misma inteligible. Una idea es distinta cuando está perfectamente separada de las otras ideas. A estas propiedades es a lo que Descartes llama la evidencia o criterio de certeza. La certeza subjetiva como nuevo criterio de verdad ahora no se refiere a la verdad como esa correspondencia entre el pensamiento del sujeto y la realidad del mundo, sino que la verdad se establece dentro del sujeto y no de la relación de éste con el mundo. Descartes rompe el hilo que unía al sujeto y la realidad conocida. Sitúa a un intermediario, las Ideas, que son el objeto de conocimiento; lo que yo conozco inmediatamente no son cosas reales, sino mis ideas de esas cosas. Se puede calificar en este sentido la filosofía de Descartes de Idealista.