Realismo y Arquitectura del Siglo XIX: Maestros, Movimientos y Legado

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Pintura Realista: Maestros y Temáticas Sociales

Los máximos representantes de la pintura realista son también franceses. Su arranque está en la transformación del paisaje que realizan Corot y los pintores de la Escuela de Barbizon, quienes viven en plena naturaleza y pintan paisajes en los que los valores cromáticos están en función de los cambios lumínicos que se producen a lo largo del día, base de la posterior pintura impresionista.

Courbet, considerado el gran maestro del realismo, fue menospreciado por reflejar la dureza de la vida de la clase obrera en obras como Los picapedreros y la vida real en Un entierro en Ornans.

Muy próximo a él está Daumier, preocupado también por las malas condiciones de vida de las clases humildes, como muestra en su Vagón de tercera, donde recurre a la caricatura como mejor forma de exaltar la realidad.

Por último, Millet fue el pintor de la vida campesina, mostrando tanto la dureza de su trabajo como las tradiciones. Buenos ejemplos son El Ángelus y Las espigadoras.

Esta misma función social en la escultura la realizó el belga Meunier, considerado el escultor de la clase trabajadora, tomando como modelos a mineros, trabajadores portuarios, cargadores, etc.

El Realismo Pictórico en España

En España, el realismo pictórico tendió a reflejar los grandes acontecimientos históricos, inspirados tanto en el pasado como en hechos revolucionarios recientes. Sus mejores representantes son Eduardo Rosales y Antonio Gisbert, autores respectivamente de El testamento de Isabel la Católica y del Fusilamiento de Torrijos.

Arquitectura: Historicismos y la Era del Hierro

Con el nombre de historicismos denominamos el movimiento que pretende revitalizar lenguajes arquitectónicos del pasado. La huida de la realidad, típica del Romanticismo, lleva a los arquitectos a recuperarlos, dando origen a los llamados "neoestilos": neoegipcio, neobizantino, neogótico, etc. Muchas veces se mezclan en un mismo edificio elementos arquitectónicos de varios estilos, dando lugar a un arte ecléctico o híbrido.

Historicismo en Francia y España

En Francia, el arquitecto más importante es Viollet-le-Duc, restaurador de numerosos castillos y catedrales y constructor de otras muchas nuevas. No obstante, se prefirieron el neorrenacimiento y el neobarroco para las obras civiles y los grandes proyectos urbanísticos.

En España, el medievalismo se regionaliza. Así, por ejemplo, Asturias recupera el neorrománico en la Basílica de Covadonga; Cataluña, el neogótico en la Universidad de Barcelona. Pero será el neomudéjar el estilo que mejor define el historicismo español, que se refleja en todo el territorio nacional a través de plazas de toros y estaciones de ferrocarril, donde se conjugan el ladrillo como material de construcción, los arcos califales como estructura y los paños de sebka y las yeserías como elementos decorativos, sin olvidar la cerámica vidriada.

La Revolución Industrial y la Arquitectura del Hierro

Los progresos siderúrgicos de la Revolución Industrial posibilitaron la utilización del hierro colado en la construcción. Este hecho permitió, a su vez, solucionar nuevos problemas arquitectónicos originados por las necesidades de las nuevas estaciones de ferrocarril, las amplias salas de las exposiciones industriales, los puentes colgantes, hospitales, escuelas, etc. No hay que olvidar el rápido crecimiento de la población y la necesidad de construir mucho, deprisa y a precio moderado para satisfacer toda la demanda.

Donde el empleo del hierro y el cristal triunfan por entero es en los pabellones de las grandes exposiciones universales, concebidos para la exhibición de productos de la industria, del comercio y de las artes. La primera de ellas fue inaugurada en Londres y, para ella, Joseph Paxton construye el Palacio de Cristal utilizando elementos prefabricados y módulos de hierro y cristal. Más impacto causaron los edificios de la exposición de París de 1889, en la que Eiffel construyó como pórtico su famosa Torre Eiffel, convertida en símbolo de la nueva arquitectura.

En el último tercio del siglo, esta arquitectura conoce un gran auge en los EE. UU., donde los avances técnicos europeos, unidos al invento del ascensor, favorecieron la aparición de los rascacielos.

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