Platón: Metafísica, Ideas y Teoría del Conocimiento
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Filosofía de la Naturaleza y Metafísica en Platón
En su consideración de la naturaleza, Platón comienza rechazando las tesis del atomismo de Demócrito. Afirma que no puede ser que de unas trayectorias y colisiones desordenadas de átomos, surja un cosmos ordenado. Concibe que la realidad está compuesta por dos mundos: el Mundo de las Ideas (perfecto) y el mundo sensible (imperfecto).
La Teoría de las Ideas
La Teoría de las Ideas es la doctrina central de la filosofía platónica. Sostiene que existen entidades inmateriales, eternas, inmutables y absolutas más allá del mundo físico. De ellas (las Ideas) derivan todas las cosas, que serán más o menos perfectas en la medida que se asemejen a la idea de la que participan. Las Ideas fundan el mundo físico y le proporcionan orden y consistencia. Son el modelo que nuestro mundo imita y al que jamás llegará a igualar por el factor de imperfección que añade la materia.
De este modo, las ideas se convierten en la referencia y el fundamento del mundo físico y siempre en relación a ellas se define el conocimiento verdadero y las ideas morales y políticas. El Mundo de las Ideas está organizado jerárquicamente, existiendo Ideas más importantes que otras:
- La Idea suprema es la Idea del Bien que ilumina al resto.
- Después, se encuentran las ideas de Belleza, Justicia, Ser y Uno.
- Seguidamente, las ideas que expresan elementos contrapuestos como: Igualdad/Desigualdad, Idéntico/Diverso, Movimiento/Reposo,…
- A continuación, las ideas de los Números (Ideas matemáticas).
- Finalmente, las Ideas de los seres materiales de nuestro mundo.
La relación entre las Ideas es de participación e imitación. Es decir, todas las Ideas derivan de la bondad que irradia la Idea del Bien. De ella reciben su ser y su perfección, por eso son también imitaciones de la misma. Las ideas aman, desean la idea del Bien, tienden hacia ella.
Platón cree que el orden de la naturaleza solo puede provenir de una inteligencia ordenadora y no creadora (puesto que la materia es eterna y está dotada de movimientos caóticos y sin sentido) llamada: demiurgo. Este actúa sobre la materia y trata de organizarla de acuerdo con las Ideas, lo que nunca conseguirá completamente porque la materia es imperfecta. Gracias a él la materia caótica se convierte en el mundo sensible (el nuestro), que es una copia imperfecta del de las Ideas. Platón no aclara si el demiurgo es un semidios o si se trata de una forma alegórica de expresar la acción de las ideas sobre la materia.
Teoría del Conocimiento (Gnoseología) en Platón
Platón distingue dos tipos de conocimiento: el intelectual (a través de la razón), al que denomina ciencia (episteme), y el sensible (a través de los sentidos), considerado mera opinión o creencia (doxa). El conocimiento intelectual reside en el alma y su instrumento es la razón. Gracias a ella podemos captar lo esencial de todas las cosas, la unidad, lo permanente, lo que es. El conocimiento sensible reside en el cuerpo y su instrumento son los sentidos, que nos muestran la mutabilidad y escasa consistencia del mundo físico. Mediante los sentidos captamos la pluralidad, lo cambiante, lo que parece ser.
Si el conocimiento más perfecto es el de las Ideas, dentro de estas, será el Bien el conocimiento mayor, ya que es el principio supremo y expresa el orden y el sentido de todo lo real.
El Mito de la Caverna
En el Mito de la caverna, Platón narra el difícil proceso del conocimiento; superando lo sensible, se ha de llegar a la Idea de Bien. Afirma que hay una gradación en el conocimiento: primero se conocen imágenes (sombras de las cosas); después los animales o cosas. En ambos casos estamos en el ámbito de la doxa. Perteneciente al nivel superior de la episteme, aparecen los objetos matemáticos y, por último, las Ideas.
Conocer no consiste en adquirir conocimientos, sino en recordar (anámnesis) lo que el alma ya sabe. El método para ello es la dialéctica (herencia de la mayéutica socrática). Mediante un sistema de preguntas y respuestas, permite ascender en el conocimiento hasta la contemplación o recuerdo de la Idea de Bien. Se puede hablar, pues, de un optimismo epistemológico, ya que es posible deshacerse de la ignorancia y llegar al conocimiento.