Panorama de la novela española de posguerra: autores y obras clave
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El ambiente de desorientación cultural de comienzos de la posguerra
En la novela de comienzos de la posguerra, se vive un ambiente de desorientación cultural. Se ha roto con la tradición inmediata: se prohibieron las novelas sociales de preguerra, así como las obras de los exiliados. En su lugar, se cultivaron la novela psicológica, la poética y la simbólica. Fue una época de búsqueda y de tanteos muy diversos.
Temas y personajes
Los autores que habían publicado antes de la guerra gozaron del favor oficial, como García Serrano y Sánchez Mazas. Otros, como Zunzunegui o Darío Fernández Flórez, se decantaron por un realismo tradicional. En 1942, Camilo José Cela publicó La familia de Pascual Duarte, con su agria visión de la realidad, iniciando la corriente llamada tremendismo, que se caracteriza por la selección de los aspectos más duros de la vida.
Por su parte, Carmen Laforet publicó Nada (Premio Nadal). Su autora, una estudiante de 23 años, presenta a una muchacha que, como ella, ha ido a estudiar a Barcelona y vive con unos familiares en un ambiente de mezquindad e ilusiones fracasadas. De tristezas y frustración habla también Miguel Delibes en La sombra del ciprés es alargada, al igual que lo hace Gironella con Los cipreses creen en Dios.
El reflejo amargo de la vida cotidiana es una nota frecuente en la posguerra, abordado desde un enfoque existencial. Los temas recurrentes son la soledad, la inadaptación, la frustración y la muerte. Los personajes suelen ser marginales, desorientados y angustiados. Todo ello revela el malestar del momento, que es de índole social; sin embargo, la censura imposibilitaba cualquier intento de denuncia directa. Al no poder hablarse de una novela puramente "social", lo característico es la trasposición del malestar social a lo personal y lo existencial. Entre los autores adictos al Régimen destacan García Serrano (La fiel infantería) e Ignacio Agustí (Mariona Rebull).
Camilo José Cela
La publicación de La familia de Pascual Duarte supuso un punto de inflexión en la literatura de posguerra. La obra conecta con la picaresca, como se ve en Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes. Pascual Duarte, un campesino condenado a muerte, escribe su historia para intentar justificar su conducta. Una persona encuentra el manuscrito y decide sacarlo a la luz. Pascual se ve perseguido por un encadenamiento fatal de circunstancias, convirtiéndose en una personalidad trágicamente compleja que debe debatirse entre su propia moral y su complicada relación con su madre, a quien finalmente mata.
El final trágico del protagonista funciona como una acusación social y un reflejo del existencialismo: Pascual es condenado por los crímenes cometidos, pero es también víctima de los condicionamientos sociales, la miseria y la forma de pensamiento de los sectores rurales. La obra destaca por la fuerza de su argumento y por su prosa trabajada y expresiva. Su intención crítica se manifiesta en el prólogo, donde se señala la existencia de un vacío y una injusticia bajo el orden establecido. Existe una intención de protesta contra la estructura socioeconómica que llevó a España a la Guerra Civil.
En La colmena (1951), Cela recorre diversos espacios del Madrid de los años 40, ofreciendo una visión panorámica y desoladora de las víctimas de la guerra y su subsistir en la posguerra. La obra presenta un protagonista individual-colectivo: las vidas de los personajes se cruzan como las abejas de una colmena obrera. Los personajes pertenecen mayoritariamente a la clase media-baja. La novela emplea una ruptura cronológica que crea sensaciones de estancamiento y monotonía. No hay un único argumento, sino muchos y sutilmente entrelazados. El narrador no es uno de los personajes, manteniendo la objetividad pero mostrando los pensamientos más íntimos de estos. El tema central es la incertidumbre de los destinos humanos, utilizando un lenguaje espontáneo que refleja el habla real con toques de ironía.
Carmen Laforet
Su obra Nada ganó el primer Premio Nadal. Está narrada en primera persona por la protagonista, Andrea, quien llega a Barcelona para estudiar Filosofía. Se alojará en casa de sus familiares, donde conviven dos mundos opuestos: el ambiente cerrado y lúgubre de la casa y sus habitantes, frente al mundo de la universidad, que es abierto, liberador y juvenil. Estos espacios representan el pasado frente al futuro esperanzador deseado. Al final, Andrea abandonará Barcelona cerrando una etapa de desilusión, pero también de madurez. Con un estilo sobrio y sencillo, la obra recrea el ambiente social de la época, sobre el que todavía pesa la sombra de la guerra y la violencia vivida, con un tinte existencialista y carácter autobiográfico. Es una novela pesimista, pero no desesperanzada, pues ofrece la oportunidad de rehacer la vida al marcharse.
Miguel Delibes
Delibes se caracteriza por el tratamiento de los ambientes rurales y de las pequeñas ciudades de provincia. Sus primeras obras encajan en las corrientes existencial y social de los años 40 y 50, con un realismo de base tradicional que fue evolucionando e incorporando técnicas innovadoras. En 1947 ganó el Premio Nadal con La sombra del ciprés es alargada. El tema central es la muerte, que corta los hilos de la ilusión humana; el protagonista, Pedro, tras la muerte temprana de un compañero, decide refugiarse en la soledad. Esta obra supone el inicio de la nueva narrativa de posguerra.
Gonzalo Torrente Ballester y otros autores
Torrente Ballester comenzó como un autor menor con obras como Javier Mariño, aunque destacaría más adelante en los años 60 con La saga/fuga de J.B., Las gozos y las sombras y Crónicas del rey pasmado. Otros autores y obras relevantes del periodo incluyen:
- Eduardo Zamacois: El asedio de Madrid
- García Serrano: Eugenio o la proclamación de la primavera
- Gironella: Los cipreses creen en Dios