Porque martirio esconde el retrato de pepe

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Lo que se recoge en el fragmento es lo que sucede después de la discusión violenta entre Martirio y Adela por estar enamoradas del mismo hombre. Es entonces cuando hace su entrada Bernarda y después el resto de mujeres de la casa. La madre hace creer a Adela que ha matado a Pepe el Romano y esta se suicida.

En la obra se refleja cómo vivían Bernarda y sus  hijas


Esta, tras la muerte de su segundo esposo impone un luto de ocho años, prohibiendo a sus cinco hijas salir a la calle. Angustias, la primogénita y única hija del primer marido, tiene más dinero que sus hermanas y por eso Pepe el Romano la pide en matrimonio. El joven se compromete con Angustias, pero mantiene al mismo tiempo, una relación amorosa con Adela, la hermana menor. Mientras, Martirio, otra hermana, lo ama también en secreto. Una noche esta descubre a Adela en el corral con Pepe el Romano y se lo dice a Bernarda y al resto de personas de la casa. Se produce una discusión y Bernarda dispara a Pepe el Romano, pero falla y se escapa. Bernarda le hace creer a Adela que lo mató y esta se ahorca.

El tema central en torno al que gira este fragmento es el descubrimiento de la relación amorosa entre Pepe el Romano y Adela y como temas secundarios se pueden observar los celos y la envidia de Martirio porque ella también estaba enamorada de él, “Dichosa ella mil veces que lo pudo tener”; la rebeldía de Adela, “(Haciéndole frente.) ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos.) Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!”; el suicidio de Adela como única salida a un amor que se ha descubierto o como rebeldía hacia su madre “¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen!”. La autoridad de Bernarda, “Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.)”; la preocupación por el qué dirán y la educación de la mujer (la importancia de la virginidad, en este caso de Adela) “Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen”; el machismo, cuando Bernarda afirma que una mujer no sabe apuntar y por eso falla, y finalmente, la opresión y la falta de libertad que anuncia la madre cuando afirma “nos hundiremos todas en un mar de luto”.

El tema principal de la obra es la autoridad, la tradición y el respeto a las normas de la sociedad representados en Bernarda frente a la frustración de las mujeres de la época, representada en sus hijas, por la falta de libertad, lo que las lleva a la rebeldía (Adela o incluso, el personaje de María Josefa) y en otros casos, a la resignación (Magdalena y Amelía). El mundo cerrado de la familia resulta asfixiante si se tiene en cuenta que por las ventanas entran las tentaciones de la calle y eso las convierte en observadoras pasivas y envidiosas. En cuanto a los temas secundarios, destacan el amor inalcanzable y también truncado (Martirio siente un amor no correspondido, Adela vive una relación amorosa pero se ve interrumpida, la hijas son mayores y ninguna está casada);  la diferente educación entre el hombre y la mujer (ella debe ser virgen, él puede ir con las prostitutas del pueblo; Adela afirma que se irá a una casa alejada para que Pepe el Romano vaya a visitarla), el clasismo que reinaba en la época (Bernarda se siente superior a mucha gente del pueblo porque su condición social es superior); las desigualdades sociales  (en el primer acto quedan reflejadas las diferencias sociales, por ejemplo entre Poncia, la criada y la mendiga), y la honra asociada a la mujer (la hija de la Librada que tiene que pagar la deshonra de tener un hijo soltera), la hipocresía, (Bernarda quiere mantener las apariencias ante la gente del pueblo); el odio, la envidia y los celos ente las hermanas, unas porque desean casarse como lo hará Angustias y otras porque tienen un amor que las demás no poseen; y finalmente, otros temas que se mencionaron en el análisis del fragmento.

El fragmento se sitúa en el final del tercer acto, casi en el desenlace de la obra.
Antes de lo que aquí sucede, Martirio espiaba a su hermana y la llamó para que saliera del corral en donde estaba con Pepe el Romano; está dispuesta a desvelarle toda la verdad a su madre y al resto de la casa y así lo hace. El momento en que Bernarda lo descubre es el que se cuenta en esta escena final que se comenta.

La estructura externa del fragmento no presenta párrafos ya que se trata de una obra de teatro, sí posee las carácterísticas típicas del género dramático: nombre del personaje y a continuación el diálogo que le corresponde, además de las acotaciones.
En cuanto a la estructura interna se consideraría el planteamiento las tres primeras intervenciones, hasta que Bernarda dice: “¡esa es la cama de las mal nacidas!”, porque se descubre el secreto de Adela; el desarrollo es la mayor parte del texto y en él se describe la reacción de Adela ante su madre y la de Bernarda ante Pepe el Romano; hace creer a su hija que lo mata. El desenlace es el momento en el que Bernarda descubre el final de su hija, el suicidio; a partir de la intervención de Bernarda en la que dice “¡No! ¡Yo no! Pepe…” hasta el final del texto.

La estructura externa de la obra presenta tres actos y en este caso, coincide con la interna, ya que el planteamiento de la obra es el primer acto porque  aparece una exposición de la situación, una localización espacio-temporal y una presentación de los personajes. Se dice que ha muerto el marido de Bernarda y que esta va a imponer el luto en su familia. En el segundo acto, el desarrollo, se anuncia la boda de Angustias con Pepe el Romano y a partir de este momento la tensión aumenta, se muestran las envidias y amores de las demás hermanas, el misterio de las visitas de Pepe a Angustias a una determinada hora y el ruido del caballo de este horas más tarde, (los encuentros nocturnos con Adela). El desenlace, en el tercer acto, es el clímax de la obra cuando se descubre la relación de Adela con Pepe el Romano que desemboca en  un final trágico, el suicidio de Adela al creer que su madre había matado a su enamorado.

No es casual que todos los personajes de esta obra sean femeninos:


se trata de mujeres destinadas todas ellas al sufrimiento. Ya Lorca tiene varios personajes femeninos en sus obras como Doña Rosita la soltera o Yerma.

Los  personajes principales de la obra son Bernarda y sus cinco hijas, Angustias, Magdalena, Amelía, Martirio y Adela. Los personajes secundarios son Poncia, la criada de confianza que lleva sirviendo en la casa treinta años, María Josefa, -madre de Bernarda- que tendrá un carácter simbólico muy marcado (libertad y fertilidad), Prudencia –única amiga de Bernarda- y también la criada, la mendiga y las mujeres del duelo. Todos los personajes de la obra son planos porque ninguno de ellos sufre evolución a lo largo del drama.

Las cinco hijas de Bernarda viven entre la reclusión impuesta por la madre y las ganas de salir al mundo exterior. Todas ellas desean el matrimonio, único cauce permitido para salir de su encierro. Las cinco hijas de Bernarda encarnan un abanico de actitudes que van desde la sumisión o la resignación (Amelía y Magdalena) a la rebeldía (Adela).

Muchos de los personajes, como es normal en Lorca, tienen valor simbólico, por ejemplo, Bernarda representa la autoridad, es dominante, violenta, clasista e hipócrita. Ella simboliza la represión y el poder, “Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!” y también el concepto de la sociedad española más  tradicional “¡Esa es la cama de las mal nacidas!”. Es bastante fría, no muestra nada de cariño o comprensión hacia sus hijas y cuando muere Adela su reacción no es en absoluto la propia de una madre.

Angustias es la hija del primer matrimonio de Bernarda y heredera de una considerable fortuna, por eso atrae a Pepe el Romano, pese a ser una mujer fea y sin atractivos. Para ella el matrimonio con Pepe el Romano significa su pronta salida del infierno que es su casa, por eso no muestra mucho entusiasmo por él.
Magdalena es la única hija que llora en el funeral de su padre y tiene una natural inclinación hacia el bien y la sumisión. Afirma en voz alta la realidad de su situación y la de sus hermanas, acepta con resignación su soltería y reconoce que le hubiera gustado ser un hombre.
Amelía es la tercera hija de Bernarda, es asustadiza y tímida. No tiene un papel significativo en la obra, asume con resignación las normas de su madre y se resigna desde el principio.
Martirio es una muchacha enferma que encarna el sufrimiento y la envidia. Es la única que pudo haberse casado, aunque su madre se opuso al matrimonio con Enrique Humanes porque no era de su clase. Es un personaje que encarna la frustración, vive reprimida por el deseo sexual, aunque afirma tener miedo a los hombres. En el fragmento espía a Adela porque está enamorada de Pepe el Romano y no soporta que su hermana esté con él y no duda en descubrirla ante su madre “(Señalando a Adela.) ¡Estaba con él! ¡Mira esas enaguas llenas de paja de trigo!”. Siente envidia de su hermana porque ha podido vivir realmente el amor, “Dichosa ella mil veces que lo pudo tener”.

Adela es la más joven, la más hermosa y representa la fuerza de la pasión y del instinto (en la obra se pone un traje verde y tiene un abanico de colores). Por eso se deja arrastrar, con todas las consecuencias, por su amor desenfrenado hacia Pepe el Romano “Yo soy su mujer”.
Poncia tiene la misma edad que Bernarda, así como una parecida forma de entender la relación hombre-mujer, la preocupación por la opinión de la gente y el concepto de la moral tradicional. Es la única que tutea a Bernarda y parece tener bastante confianza con ella, a pesar de que entre ellas hay grandes diferencias, y Bernarda, cuando le conviene, le recuerda su origen, su función en la casa y su clase social. Sirve de enlace para saber del exterior, lleva todos los recados a la casa de Bernarda, informa de los acontecimientos del pueblo.
María Josefa es la madre de Bernarda y permanece encerrada porque se considera que está loca. Bernarda la recluye porque dice lo que todas las hijas piensan, desean y no se atreven a decir, porque habla de libertad (irse a la orilla del mar) de amor y de matrimonio (flores en la cabeza) y de fertilidad (oveja en su regazo).

Por otra parte, Pepe el Romano es otra de las piezas significativas en la obra, pese a no aparecer nunca en escena, está implícitamente presente. Mantiene una relación interesada con Angustias, pues esconde hipócritamente el interés por el dinero y es, sin duda, la base del conflicto de la casa. Es concebido por todas las hijas como elemento liberador del mundo cerrado de Bernarda. Representa además a todos los hombres, que son citados en la obra como algo inaccesible y extraño. Algo que se envidia por su libertad y su fuerza.

En esta escena final que se comenta, Adela, Martirio y Bernarda adquieren un especial protagonismo. Adela, porque es la que está en el corral con Pepe el Romano y Martirio, porque muerta de celos, la espía, la descubre y la delata ante su madre. Bernarda tiene que afrontar la situación porque debe solucionar un problema de desobediencia y honor en su casa.

Los personajes secundarios del fragmento son el resto de hermanas, Angustias, Amelía y Magdalena y las dos criadas. Estos personajes complementan la acción y ayudan a que esta se desarrolle. Todas se suman a Bernarda y a Martirio e insultan y maldicen a Adela porque las ha llevado a la vergüenza.

Resulta simbólica la aparición progresiva de los personajes a escena. De inicio están Adela, Martirio y Bernarda; pero cuando se descubre la relación con Pepe el Romano comienzan a salir las hermanas, luego la Poncia y finalmente, la criada,  que anuncia que se han despertado los vecinos. Esto significa que ya no hay secreto, que toda la familia sabe que Adela está con Pepe el Romano y el pueblo también es conocedor del suceso.

El espacio en esta obra se encuentra dividido en dos, uno interior, cerrado, definido como infierno y presidio, que es la casa con sus paredes blancas, sus ventanas cerradas, donde prima el silencio y donde nadie tiene privacidad ni libertad; y uno exterior, que por ser prohibido es percibido solo desde el interior de la casa y principalmente a través del sonido que es el único elemento externo que se filtra dentro. Poncia es la que sirve de enlace entre los acontecimientos del exterior y el interior.

Poco a poco, este espacio se confi­gura en las acotaciones gracias a la iluminación que se va oscureciendo; se asiste en el primer acto a unos “muros gruesos” y “blanquísimos” que impiden el con­tacto con el exterior y recuerdan al blanco de la muerte, al mismo tiempo que la pureza de las hijas y la limpieza “aparente”. Los muros “gruesos” impiden todo contacto con el exterior. En el segundo acto están visibles las puertas de los dormitorios (lo que recuerda un convento o laberinto del que no pueden salir) y las paredes son “blancas”, aspecto que demuestra que la pureza ya no es la misma y que el conflicto y la envidia entre las hermanas va en aumento. Ya en el tercero, las paredes son “ligeramente azuladas” y termina la obra en un patio interior. Este símbolo del color de las paredes es la oscuridad que lleva a la tragedia final.