El Movimiento y el Primer Motor: Aristóteles y Santo Tomás
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El Movimiento y el Primer Motor
El movimiento es el punto de partida de la primera vía. Tomás de Aquino toma de Aristóteles el concepto de movimiento.
El Concepto Aristotélico de Movimiento
Aristóteles define el movimiento como la actualización de lo que está en potencia en cuanto tal o como paso de la potencia al acto. Ser en potencia es poder llegar a ser. Ser en acto es la realización de lo que está en potencia. Es el modo de ser de lo que ha llegado a ser después del cambio.
Aristóteles respondió al problema planteado por Parménides haciendo una distinción entre dos tipos de no-ser: el no-ser absoluto de lo que no es y no puede llegar a ser, y el no-ser relativo de lo que no es pero puede llegar a ser. Aristóteles establecía que el paso del no-ser absoluto al ser es imposible; pero sí es posible el paso del no-ser relativo al ser. Al no-ser relativo Aristóteles lo denomina ser en potencia. Al ser en sentido pleno Aristóteles lo denomina ser en acto.
Aristóteles distingue dos sentidos del término movimiento:
- Uno amplio, según el cual sería movimiento todo tipo de cambio, tanto sustancial como accidental.
- Otro estricto, de acuerdo con el cual solo sería movimiento el cambio accidental, esto es, cuantitativo, cualitativo o local.
Esta concepción del movimiento la acepta Santo Tomás a partir de Aristóteles.
El Primer Motor en Aristóteles
La primera vía afirma la existencia de un primer motor que no se mueve por otro ni por sí mismo y que responde a la definición de Dios. Existiendo el movimiento, todo lo que se mueve se mueve por otro, y establecida la imposibilidad de un proceso infinito en la serie de los motores móviles, es preciso concluir en la necesidad de la existencia de un primer motor inmóvil.
El primer motor es para él acto puro, sin mezcla alguna de potencialidad, sin materia, por tanto, pura forma. Como es pura forma, el primer motor para Aristóteles produce el movimiento de manera no física, sino como objeto de deseo; es no la causa eficiente, sino la causa final del movimiento.
El primer motor mueve directamente el “primer cielo”, es decir, causa la diaria rotación de las estrellas alrededor de la Tierra. Los movimientos del Sol, la Luna y los planetas se deben a las inteligencias que también mueven en tanto que son deseados y amados.
La vida del primer motor es una vida espiritual, continua, invariable. Como el primer motor tiene naturaleza inmaterial, Aristóteles solo le atribuye actividad mental, y solo aquella clase de actividad mental que no debe nada al cuerpo, es decir, el conocimiento, y solo aquella clase de conocimiento que no implica proceso, sino que es directa e intuitiva. El objeto de este conocimiento ha de ser lo mejor (Dios). El objeto de su conocimiento es, por tanto, Él mismo.
Dios, tal como Aristóteles lo concibe, posee un conocimiento que no es el conocimiento del universo, y ejerce sobre el universo una influencia que no deriva de su conocimiento; una influencia que difícilmente se puede llamar actividad. Dios no es para Aristóteles ni creador ni providente.
El Primer Motor en Santo Tomás de Aquino
Dios como primer motor aparece en Santo Tomás como causa productora del movimiento, pero hay que interpretar que origina el movimiento no solo como causa final, sino también como causa eficiente.
El universo, tal como Santo Tomás lo concibe, continúa siendo el de Aristóteles: siete esferas planetarias concéntricas, contenidas en una octava esfera, que es la de las estrellas fijas y que contiene a su vez a la Tierra, que está en su centro. Estas esferas celestes reciben también su movimiento de inteligencias motrices, los ángeles.
Dios es, consiguientemente, Acto puro. Carece de toda potencialidad; tiene por esencia el mover; es su mismo mover. Y como el mover se mide por el ser, y el modo de mover por el modo de ser, el primer motor inmóvil es su mismo ser. Es perfección pura o plenitud de perfección, porque el acto es perfección, y el acto puro es perfección pura.
También Tomás de Aquino concibe a Dios como pensamiento autopensante, pero como Dios tiene en sí las ideas de todos los seres creados, pensarse a sí mismo no excluye la providencia divina.