La Ilustración: El camino hacia la autonomía intelectual y el uso de la razón
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La Ilustración: El escape de la minoría de edad
La Ilustración es el escape del hombre de la minoría de edad que él mismo se ha provocado. Dicha minoría de edad es la incapacidad del propio ser humano de razonar o desarrollar su entendimiento por sí mismo; esto lleva directamente a una dependencia que sugiere la intervención de otra persona para la toma de decisiones.
El hombre prefiere permanecer en el estado de minoría de edad por comodidad, ya que acercarnos a la verdad implica un gran esfuerzo, pero sobre todo porque el hombre se enajena a partir de la pereza y la cobardía; es decir, el mal uso de sus dones naturales (la razón es, pues, un don natural del ser humano). Así, siempre buscará a alguien que piense por él.
Los obstáculos para el pensamiento crítico
Los prejuicios son otro factor que nos impide razonar, porque sólo podemos llegar a percibir una realidad ficticia, y se originan a partir de la dependencia hacia una figura de tutoría. Para poder ser ilustrado, lo único que se necesita es la libertad; mediante la libertad se puede preservar la tranquilidad y el bienestar de un Estado. De esta forma, la libertad no es sin la razón.
Los dos usos de la razón
Existen dos tipos de usos de la razón: la pública y la privada.
- Uso público: Es totalmente libre, debe ejercerse en todos los ámbitos de la vida y es llevada a cabo por un intelectual.
- Uso privado: Es limitada, pues solamente implica la obediencia, sobre todo si se pertenece a alguna institución.
Así, cuando uno ejerce un cargo y tiene que cumplir con él, no ejerce el poder libre, sino que “hace las cosas en nombre de otro”.
Crítica y responsabilidad ciudadana
Con la razón pública, los individuos pueden incluso hacer críticas en todos los aspectos, incluido el Estado, pero dichas críticas no desligan a los hombres de cumplir con sus obligaciones y con las leyes. Una de las figuras centrales de la Ilustración y que extendió estos ideales fue Federico el Grande de Prusia, digno de ser alabado por dejar a sus súbditos pensar por ellos mismos.
El hombre sólo puede postergar la Ilustración, pero no desaparecerla por completo, porque de esta manera se atentaría contra la propia naturaleza del individuo, que radica en el uso correcto de la razón.